Juicio

Decía Glenn Gould en una de sus autoentrevistas (“Glenn Gould entrevista a Glenn Gould sobre Glenn Gould”, febrero de 1974) que las revelaciones más instructivas proceden de personas que poco o nada tienen que ver con la materia sobre la que se les pregunta. Quizá por eso, Gould entrevistó en su día a un teólogo sobre tecnología, a un economista sobre pacifismo, a una ama de casa sobre la codicia en el mundo del arte y a Leopold Stokowski sobre las perspectivas de los viajes interplanetarios.

Algo de razón debía llevar Gould cuando hoy, leyendo el periódico, me he encontrado con la mejor y más concisa descripción del cine de Woody Allen que haya escuchado hasta la fecha y no provenía de ningún cineasta ni crítico cinematográfico. Provenía de un ministro, el de Justicia para ser exactos, que ministerios y ministros hay muchos. Ha dicho Juan Fernando López Aguilar, que así se llama el ministro, que Allen le atrapa “por su portentosa capacidad para la construcción de situaciones a través del diálogo y para trasladar a la pantalla conflictos interpersonales propios del teatro. En él se mezclan el cineasta y el mejor dramaturgo del siglo XX, tiene la capacidad para condensar la condición humana a través de diálogos lúcidos y vertiginosos”. Toma ya.

Todo esto viene a que el ministro ha elegido “Hollywood ending” (2002) como uno de sus tesoros personales en un juego de verano propuesto por el periódico y el juicio del ministro del ramo a una película que en su día fue despachada como una tontería menor o un desliz mayúsculo, que a veces lo menor y lo mayúsculo son sinónimos, tampoco ha estado exento de interés: “es una película brillantísima que nos habla del problema de la identidad y el sometimiento de la personalidad al personaje que se encarna. Es fascinante la mordacidad con que trata cuestiones como la impostura, la capacidad de mantener una mentira frente a todos los demás sin que ninguno, participando del engaño, pueda o quiera darse cuenta”.

No sé muy bien si lo que me ha hecho levantar la ceja de sorpresa ha sido la propia descripción del cine de Allen o la capacidad de síntesis de López Aguilar para exponer los argumentos con dos pinceladas. Considerando la teoría de Gould y viendo que, al parecer, hace falta ser ministro de Justicia para dictar sentencia justa al cine de Woody Allen me pregunto qué se necesitaría ser para escribir un post y que te salga una columna de Juan José Millás. Mismamente.

4 pensamientos en “Juicio

  1. Ferre

    Hombre, qué quieres que te diga, que la frase de Gould quedará muy bien, pero seguro que cuando se le rompía una cañería en su casa, no pedía su opinión a su dentista precisamente. Y es que uno aprende más del que sabe que del que no sabe, más allá de alguna que otra acertada opinión general ocasional. Más bien es una hipótesis que no llega a teoría por mera constatación de la realidad.

    Allen es muy buen guionista, aunque peque de cierta compulsión repetitiva en la caracterización de personajes , situaciones y diálogos (pero es su estilo y, qué demonios, es también parte de su atractivo). Es ingenioso y no le arredran los temas clave del hombre (harto evidente en su querencia por el trío muerte/amor/sexo). Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores guionistas que ha dado el cine (lo mismo como director, aunque en menor medida).

    Como autor de teatro, sólo he visto de él su obra “Dios”, representada por un grupo de aficionados en los que estaba la hermana de un amigo mío, pero me atrevo a decir que el Ministro se ha dejado llevar por su “allenfilia” con lo de “mejor dramaturgo del S.XX” … hombre, no sé yo si será mejor que Brecht, Miller, O’Neill, Ionescu, Beckett o nuestros Jardiel Poncela, Buero Vallejo y Alfonso Sastre. Me refiero a teatro puro, no a guiones de cine.

    A mi, es que “Un final made in Hollywood” me parece malilla: sin chispa, larga, forzada y con Allen excesivamente histriónico (muchísimo máss de lo habitual).

    Eh, pero que conste que a mí Allen me gusta mucho y sus películas se ven en mi televisión con cierta frecuencia (precisamente la semana pasada volvi a poner el DVD para disfrutar de “Días de Radio”). Pero también es cierto que en la última década tiene más entradas en el debe que en el haber. Aún así, algo malo de Allen es siempre más interesante que lo malo de otros: lo malo de Allen se deja ver, mientras que lo malo de muchos otros provocan arcadas, bostezos o ambas cosas a los 10 minutos.

    Saludos,

    Ferre

  2. emejota

    Ya sabes, ferre, que Gould se expresa mediante la hipérbole con una intención provocativa. Pero cuando lo hace es para llamar la atención sobre una cuestión en cuyo fondo algo hay. Muchas de las apreciaciones más interesantes sobre literatura yo se las he escuchado a un médico y, la verdad, lamento decir que pocos han sido los músicos con los que he podido entablar un debate en profundidad sobre música. Tú mismo, el otro día, me agradecías que te hubiera hecho apreciar un detalle de una partitura sin saber (sí, lo confieso al fin) que en realidad no soy músico sino lagarterana en la reserva :D

    Bueno, al tema: Allen es repetitivo como lo es Rohmer, Bergman, Almodóvar… eso que los franceses denominaron en su día “autor”, alguien con constantes vitales fijas. Ese es uno de sus atractivos, que se mueven en el campo del tema con variaciones (es uno de sus atractivos por lo que dicen y cómo lo dicen, si no sería un suplicio, claro). Lo del ministro y el piropo sobre la categoría de Allen como dramaturgo yo creo que se refiere más bien a su habilidad para hacer un ejercicio de transposición de la escena al ámbito cinematográfico.

    A mi el último Allen que me pareció el Allen que todos queremos lo encontré en determinados momentos del Escorpión de Jade. Pero es curioso, yo he visto, veo y veré 100 veces cualquiera de sus películas (sí, hasta “El dormilón”, y hasta esa rareza deliciosa que es “Sombras y niebla”) pero veo Match Point y me digo: vale, muy bien. Pero sé que no la voy a volver a ver, no me va a llamar…

    Un abrazo.

  3. Ferre

    Así que lagarterana. ¿Para cuándo una foto en traje típico, ein? ;-)

    A mi “Match Point” me gusto en su estreno. Ni es Hannah, ni Annie Hall ni tampoco Boris, pero me pareció vislumbrar que Allen recuperaba cierto pulso narrativo. Cuando la logre alquilar (está la mar de solicitada en el videoclub), ya veré si en un segundo visionado se confirma la sensación o, por el contrario, desaparece.

    Puede que el Ministro, liándose la manta retórica a la cabeza (como buen político) se refiriera a eso. Creo que es más que probable, sí.

    Saludos,

    Ferre

  4. emejota

    Todo es cuestión de empezar a pujar por la foto, ferre, anímate hombre…

    No, si no encuentro nada que objetar a “Match Point”; pero echas en falta esos ingredientes que te hacen volver una y otra vez a entrar en un sitio donde te encuentras cómodo y en familia (porque eso es lo que creo que nos ocurre con el cine de Allen), empezando por el telón de fondo neoyorquino y terminando por alguien de su troupe genuina con la conveniente dosis de neurosis (Keaton, Farrow). Porque estos experimentos en los que aparecen estrellonas a precio módico son muy curiosos, vale, pero son flora y fauna de otro ecosistema que, salvo contadas excepciones, no termina de adaptarse, así por lo menos me parece a mí.

    Saludos.

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