Archivo por días: 1 agosto, 2006

Queja

Vamos a intentar una aproximación para buscarle el alma a “Quejas o La Maja y el Ruiseñor”, cuarta de la serie de “Goyescas” compuestas para piano por Enrique Granados.

Los aguerridos y pacientes seguidores de este tipo de posts conocen sobradamente mi inclinación por aquellos procesos de construcción musical basados en la progresiva elaboración de una sustancia temática básica. No es ésta una excepción. Granados construye su composición sobre este sencillo diseño:


Click para escuchar. Mp3, 204 k.

que inmediatamente reaparece comprimido en un único compás:


Click para escuchar. Mp3, 95 k.

Al prescindir de lo accesorio, esta reducción nos permite ver el contenido real de la idea musical compuesto por un simple movimiento ascendente entre las notas fa y do y su correspondiente descenso. Gráficamente podríamos representarlo por un arco melódico, un triángulo; metafóricamente podríamos hablar de una respiración (aspirar-exhalar)

Este motivo, que protagoniza la parte introductoria de la obra de manera discreta, reaparece con posterioridad con aire arrebatado convertido sorprendentemente en verdadero corazón de la composición:


Click para escuchar. Mp3, 254 k.

Hechas las presentaciones, vayamos ahora un poco más allá. ¿Dónde está la “queja”? Pues ha estado a la vista desde el primer momento representada por la nota do. Digo bien al decir “a la vista” porque es la nota que sobresale del conjunto, la cumbre de esta montaña melódica flanqueada por sus respectivas laderas a izquierda y derecha.

Pero este do no sería el mismo si no fuera por la nota que le precede o, para ser más precisos, si no fuera por la nota que no le precede. No hay de qué alarmarse, es muy sencillo: echemos de nuevo un vistazo a los ejemplos y descubriremos que la nota do es la única que es alcanzada por salto. Falta un peldaño para acceder suavemente a ella lo cual produce un efecto de acentuación definitivo, echa sobre ella un peso, un suspiro, un “ay”. Especialmente significativos, para ilustrar esto, se muestran 2 de los 3 ejemplos que acabamos de ver: el segundo, con esa minúscula notita que parece tropezar y darse de bruces con la nota clave que, por cierto, prolonga su duración a costa de robarles espacio a sus compañeras. Un suspiro necesita aire:

y el tercero: el símbolo de arpegiado rompe el acorde arrojando sus notas hacia el do creando un efecto expresivo notable:

Granados va a sacar conveniente partido de esta nota como lamento, como queja, apareciendo una y otra vez siempre como punzante disonancia del acorde que la acompaña:


Click para escuchar. Mp3, 232 k.

Es inevitable hacer mención especial al clímax de esta sucesión de quejas, que encontramos en los dos últimos compases de este ejemplo: la parte melódica se detiene al mismo tiempo que el acompañamiento se precipita en descenso: contención y abandono que estallan en un último lamento (el acorde representado por la última de las flechitas rojas) deliciosamente desgarrador.

¿Es consciente el intérprete de ésto? ¿debería serlo? Particularmente yo echaría mayor peso en esa última queja. De alguna forma siento que el contexto emocional que se ha creado hasta ese instante así lo reclama. Y una última cuestión: ¿acaso no podemos tomarle el pulso al verso sin emplear un cifrado de acorde, un término técnico? Porque quizá tendemos a echar mano al bisturí con facilidad y al final se nos escapan los trocitos entre los dedos (esto es otra queja)

(En esta última audición podemos escuchar el fragmento analizado en su integridad)
Click para escuchar. Mp3, 1,58 MB.