Gratitud

No es muy común en un blog que un post trate sobre los comentarios de otro post pero eso es justamente lo que voy a hacer hoy. Me gustaría referirme a los comentarios que ha recibido el post de ayer y que, a diferencia de lo que ocurre en esta pantalla, pueden leerse de tirón al final del texto correspondiente haciendo click

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Hacer feliz a una persona es una tarea muy sencilla. El secreto consiste en pronunciar unas palabras de aliento cuando sabes que se necesitan. Sale muy barato: a veces con una palabra es suficiente: “ánimo”. Por supuesto, nadie está obligado a hacerlo, faltaría más. Siempre he procurado no utilizar mi circunstancia personal para suscitar la atención de la gente a no ser por causa mayor, por necesidad de una ayuda puntual e inevitable. Para mí es una cuestión de ética: por respeto hacia los otros y por respeto a mí mismo. Pero qué duda cabe que en momentos determinados la palabra de apoyo se agradece infinitamente y los comentarios recibidos hoy son una muestra de una solidaridad que se ha extendido a llamadas de teléfono, mensajes de móvil, versos trazados en la nieve blanca del papel y hasta la foto de una tarta, con la promesa de la misma incluída. Saberse querido es una de las cosas más hermosas que le pueden pasar a uno, la mejor de las medicinas.

Estos días se celebran las fiestas patronales en mi ciudad y la gente anda muy desperdigada por ahí como es natural. Que a pesar de eso haya quien se asome un instante para saludar te reconforta. De la misma manera, recibir muestras de cariño por parte de personas de las que no conoces ni el rostro ni el color de la voz (me refiero ahora a la comunidad de lectores que ha ido concentrando este blog con el paso del tiempo, visibles e invisibles) resulta igualmente reconfortante.

A unos y a otros mi más profunda, emocionada y sincera gratitud.

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