Mar

Pocos placeres hay comparables a flotar boca arriba sobre la superficie del mar haciéndote el muerto. El mar te mece suavemente, arriba y abajo, y la vista se pierde en el azul infinito del cielo. Si te haces el muerto boca arriba sobre la superficie mansa del mar y de pronto recuerdas que el Mediterráneo está invadido por medusas, te sacude un calambre que te hace perder la línea de flotación y como que ya no sientes tanto placer. Los lugareños aseguran (yo diría que hasta se jactan) de no haber visto una medusa en todo el verano. Que así sea, sobre todo que dure, porque no quiero ni pensar la reacción que mi desastroso sistema inmunológico tendría ante la picadura de un bichejo de esos.

La recepcionista sonriente de ayer acaba de terminar su turno. Los últimos 20 minutos los ha ocupado en hablar por teléfono con una amiga. La Montse. Han quedado para el sábado para celebrarlo. No sé que es el “lo” pero algo hay que celebrar. Ni lo han dicho ni yo, como es lógico, me he levantado para preguntarlo. Sería surrealista acercarme al mostrador y preguntarle: “oye perdona, que váis a celebrar la Montse y tú?”. Ya puestos le mandaría recuerdos a la Montse pero no es plan. No soy cotilla pero es que estaba solo y ella hablaba alto. Ahora ha venido el recepcionista del turno de noche, que es un tipo fornido, calvo, con voz de bajo y pintas de saber manejarse en las (imagino) procelosas horas de la madrugada con las idas y venidas de los turistas de fiesta nocturna.

Yo como soy un chico muy formal me subo ya para la habitación a ver un poco la tele y a descansar, que el cansancio de ayer ha dado lugar a unas agujetas considerables. Hasta mañana.

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