Conversación 17 julio, 2006
Escrito por emejota en : Libros, Música , 4 comentarios , trackbackLa figura del intérprete humanista es una especie en extinción. Hoy en dÃa hay pianistas, violinistas y demás -istas que tocan muy pero que muy bien.
Y punto.
Pero todavÃa queda quien hace del instrumento, de la música y de su interpretación centro y al mismo tiempo proyección de una sabidurÃa de raÃces polifónicas (porque se nutre de muchas cosas) casi siempre de naturaleza autodidacta. Escuchar a estos filósofos-poetas, y me refiero a escuchar su voz, es siempre una gozada, una experiencia enriquecedora, aunque a veces se contradigan o no estés de acuerdo con lo que dicen. No importa.
Daniel Barenboim, Alfred Brendel, son miembros destacados de esta cada vez más escasa corriente. Su pensamiento lúcido y profundo es un regalo inagotable. Estoy aprovechando el parón veraniego para la lectura atenta de un libro que llegó en el fragor del curso por lo que en su momento sólo pude sobrevolarlo. Se trata de “El velo del orden” (Musicalia Scherzo), el libro de conversaciones que Martin Meyer mantiene con el pianista Alfred Brendel.
Brendel ya tiene a sus espaldas una reconocida trayectoria como brillante ensayista pero el género de la entrevista con estos personajes singulares y geniales es especialmente atractivo. Se necesita, eso sÃ, un entrevistador a la altura: sagaz, observador, rápido de reflejos; alguien capaz de salirse del guión establecido para seguir la pista de un inesperado y prometedor destello, alguien con olfato suficiente y capacidad de persuasión para ahondar en aquellos aspectos que prometen mucho más que lo el entrevistado responde a la primera de cambio. Hemos tenido suerte esta vez: Martin Meyer sabe tocar las teclas adecuadas. En realidad, si es Meyer quien pregunta es porque asà lo ha querido Brendel, tal y como éste afirma en el breve epÃlogo: “Cuando surgió la idea de un libro de conversaciones sabÃa que el único compañero serÃa Martin Mayer. La idea consistÃa en conservar la espontaneidad lingüÃstica y su resultado en la letra impresa para garantizar que la naturalidad nunca decayese vÃctima de la frÃa reflexión”.
Son muchas las cosas que se abordan en 240 páginas de conversación: desde el análisis profundo al aforismo irónico pasando por la digresión inesperada y apasionante. Observa Brendel que desde Fischer-Dieskau los cantantes no necesitan un acompañante sino un compañero y rescata del pasado la filosofÃa de los pianistas del pasado (Schnabel, Cortot, Haskil, Kempff). Y como tiene su cuartel general en Londres todavÃa le queda tiempo para lucir cierto humor inglés cuando habla, por ejemplo, de la Sonata en La bemol Mayor de Carl Maria von Weber, obra que, según afirma, “merece la pena tocarse por su extraña mezcla de ingenuidad, caballerosidad y pura necedad.”