(d)Ivo

Ivo PogorelichIvo Pogorelich (Belgrado, 1958) irrumpió en la escena internacional a principios de los 80. Tenía 22 años cuando el jurado del Concurso Chopin decidió no darle el primer premio y, mira por dónde, fue lo mejor que le pudo pasar porque entonces Martha Argerich, miembro del jurado en aquella ocasión, puso sus bemoles encima de la mesa diciendo que si no se lo daban iba a tener que repartir un par de corcheas con cada mano, la derecha y la izquierda. “Es un genio”, sentenció la Argerich airada cual Reina de la Noche que es, y ese amadrinamiento propició el impulso que Pogorelich necesitaba para que los escenarios le abrieran las puertas y le permitieran demostrar lo mucho que llevaba dentro.

Ahora, Deutsche Grammophon homenajea al pianista recopilando grabaciones de archivo porque Pogorelich es un pianista de eclipses y silencios de blanca y de negra, aparece y desaparece. Cada década tiene su hornada de nuevos pianistas, cada vez más impecables en la técnica, cada vez menos aventureros salvo excepciones excepcionales: Pogorelich fue (es) una de ellas, y notable. Lo que aportaba a su pianismo abrumador era una acusada personalidad propia, una convicción en sí mismo, una valentía y un afán de riesgo que, en ocasiones, le convertía en concertista desconcertante.

Yo tuve la oportunidad de escucharle en vivo a finales de los 80 en la primera fila de un auditorio gracias al obsequio que el empresario del mismo hizo a unos amigos míos. Estuve sentado en un lugar privilegiado, justo ante sus manos, contemplándole desde un ángulo contrapicado. Se metió entre pecho y espalda los 24 Preludios de Chopin (prodigiosos) y la Sonata en si menor de Liszt (electrizante y poética, desgarrada y conmovedora) con las 2 Rapsodias Op. 79 de Brahms como aperitivo. Me impresionó vivamente comprobar y escuchar su sonora respiración, en ocasiones de una violencia llamativa, con la que controlaba su pulsación, preludiando los ataques más impetuosos y regulando las caricias de un pianísimo que se concentraba en el gesto de una mandíbula fuertemente tensionada. Cuando terminó ese concierto memorable recogió la ovación con gesto discplicente, de sabor anacrónico y decadente, y se perdió entre cortinas conducido por unas zapatillas de seda azul celeste que emergían grotescamente de su atuendo negro. Pocos meses después grabó esos mismos Preludios y me quedé de piedra. Allí donde había habido frescura ahora había afectación encorsetada y la hondura poética había perdido el compás de la rima. Pensé que Pogorelich había llegado al estudio de grabación aburrido de los preludios.

En mi modesta opinión, el mejor regalo salido de sus manos fue su grabación en 1983 de “Gaspard de la nuit”, la impresionante obra de Maurice Ravel, una de las cimas de la literatura pianística. Con 24 años, Pogorelich se enfrentó a la pavorosa y titánica tarea con absoluta maestría y consiguió el acierto de recrear un primer tiempo lunar, espectral el segundo y diabólico el tercero y, de paso, extrajo con exquisito cuidado el acorde más bello que concibiera nunca Ravel, escondido como un diamante valioso y secreto en las profundidades del compás 33 del segundo movimiento. Grabación imprescindible.

Pogorelich es pianista de intermitencias, genio que se aparece y se desvanece sin avisar dejando en el aire una vibración estremecida, una sorpresa siempre distinta y a veces un misterio distante. Esa es la diferencia.

8 pensamientos en “(d)Ivo

  1. Eram

    Desgraciadamente la el panorama musical esta tomado por una mafia que controla todo, quienes seran buenos, quienes mejores, quienes nada. Conozco mas de una historia en la que han denegado la entrada a segun que conservatorios por enchufes y demas…

  2. bubastis

    Sé muy poco de música, pero un texto tan saturado de pasión merece atención.

    Escucharé Pogorelich con el oído con lo que nos invitas a oírlo.

  3. Jose

    Si, necesitamos de esas genialidades e imperfecciones.
    En el libro este de “El hombre bicentenario” ya dicen que lo que nos hace humanos y diferentes son las imperfecciones.

  4. emejota

    Eram: En realidad, me temo que todos los panoramas están controlados de esa manera, no sólo el musical. Yo no conozco casos de conservatorios que denieguen entrada por enchufe pero sé de conservatorios a los que yo me negaría a entrar, más que nada por si me da calambre.

    Un abrazo.

  5. emejota

    Hola bubastis: intenta hacerte con el “Gaspard” y ya verás cómo vives una experiencia imborrable.

    Un abrazo.

  6. emejota

    Hola José: en Pogorelich, más que imperfecciones, hay intermitencias; hay singularidad, acentos propios, cierta iniciativa propia de carácter heterodoxo. Eso es lo que le hace humano (al contrario de esos pianistas/máquina tan asépticos) y diferente.

    Un abrazo.

  7. Anonymous

    estoy escuchando un concierto de él en el cable y lo encuentro ….maravilloso.
    Taty

  8. Ad libitum

    Con todos los respetos a Horowitz… pero Pogorelich hace tiempo que dejó un nivel de perfección tan fino, una técnica soberbia de tal magnitud que pianistas como Horowitz ya se pueden decir superados. Ese Garpard del que habla lo demuestra. Es más, si sacan 10 minutos de su tiempo y le echan un ojo al Scarbo que puede verse en youtube en directo, entoces no les quedará duda.

    Un Ravel maravilloso, el mejor Garpard que se haya grabado nunca, en mi opinión.

    Un Mussorgsky grandioso. Una joya los Cuadros que registró el croata.

    Eche también, quien aún no lo haya hecho, una escucha a su Chopin, en particular, los Preludios, la Sonata no. 2 y su Concierto para piano no. 2, con Abbado a la batuta

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