Archivo por días: 23 junio, 2006

Teoría

Estos días andan los chavales de exámenes y yo sigo sin aclararme con los nuevos planes de enseñanza musical, la verdad. Ahora te matriculas en la asignatura de Armonía, la de toda la vida, (“así me lo aprendí yo”) y te pasas un año, como corresponde, aprendiendo a enlazar acordes sin quintas ni octavas paralelas, directas y ocultas (que equivalen a las faltas de ortografía en un texto escrito), a resolver el acorde de séptima de dominante sobre la tónica, a aprender a formar los acordes alterados de subdominante: la sexta napolitana, la sexta alemana, y demás nacionalidades y cuando llega el examen final de Junio resulta que consiste en escribir una biografía de medio folio de Berlioz, por ejemplo, que, digo yo, debería ser cosa de la asignatura de Historia de la Música. Me pregunto si ésto será un guiño práctico sobre la fusión de las artes.

Es tal el barullo organizado que, si te dedicas a dar una clase particular de armonía, tienes que estar preparado para hablar de las novias que pudo haber tenido Haydn, no vaya a ser que suspendan a los chavales por no saber tan trascendente dato. No es broma. Por ese motivo, y una vez terminado el temario del curso oficial de Armonía, los últimos días me he dedicado a revisar a fondo cuadernos para tomar el pulso a lo que los chavales hacen en la clase oficial (visto que en Armonía importa cualquier cosa menos la Armonía), y de esta manera saber por dónde pueden ir los tiros. Y me he encontrado con una sarta de disparates realmente alarmantes.

Leo en unos apuntes distribuídos en clase sobre Brahms: “En 1840 se creía en los sentimientos”. Interesante observación. Al parecer no se creía en ellos en 1839. Me pregunto si ahora habremos recuperado la fe en ellos y, ya puestos, me pregunto también qué coño, con perdón, tiene que ver eso con Brahms. ¿Qué aporta? No menos interesante es el apartado dedicado a explicar las características de su estilo. Pone: “Abusa bastante de las sextas” y luego añade sagazmente: “(casi demasiado)”. Y se te pone cara de bobo. Uno se sitúa ante el universo sonoro de una obra de Brahms y yo creo que en lo último que repara es si abusa o no de sextas, si hay segundas, cuartas, o medias. ¿Qué más da? Pero el caso es que la observación en sí es tan ridícula como si en literatura nos dijeran que Borges abusa bastante de la letra “h”, y nos advirtieran: “(casi demasiado)”. Cuidado.

Pero el colmo viene cuando te encuentras con un ejercicio de análisis. En una hoja tamaño A4 aparece una miniatura pianística. La generosa mano del profesor aporta una pista al alumno al deslizar el nombre “Mendelssohn” debajo de un título indescifrablemente alemán. El enunciado del ejercicio propone buscar en la obra las principales características del estilo de Mendelssohn, cosa que podría hacerse si no fuera por la pequeña salvedad de que la partitura en cuestión es de Schumann (!), y para más sonrojo una de las melodías más divulgadas y archiconocidas a nivel popular de sus “Escenas de Niños”, Op. 15. Ver para creer. Pero el lunes, a las 11:30, examen.