Entrevista

M.J: ¿Buenas noches?
m.j: sin interrogantes, por favor.
M.J: me alegra saberlo.
m.j: ¿ah, si?
M.J: sí, porque eso quiere decir que se encuentra mejor.
m.j: bueno, voy poco a poco. En realidad he llegado a la conclusión de que más que cargarme con un problema me he quitado un muerto de encima. Y eso es un alivio. Y en cuanto a la salud, he descubierto una cosa muy curiosa…
M.J: soy todo oídos.
m.j: creo que existe una “discriminación positiva”, digámoslo así, en la relación de la gente con enfermos crónicos como yo.
M.J: ¿a qué se refiere exactamente?
m.j: me refiero a que durante muchos años la gente se ha acostumbrado a decir: “mira qué bien lleva lo suyo, oye, yo no podría”, otros llegan a decir que lo mío es “de admirar”
M.J: no se quejará…
m.j: justamente ese es el problema.
M.J: me he perdido.
m.j: muy sencillo. La gente termina viéndote como alguien que no sufre o que no puede sufrir por cosas “menores”. Y en esos casos te quedas solo. Por eso me he dado cuenta de que a veces hace falta decir “oye, a mí también me duele, sabes?” a modo de recordatorio, sin ánimo de suscitar lástima sino como muestra de reafirmación. Una cosa es no ir de víctima por la vida pero otra es ser una estatua arrinconada, ¿no le parece?
M.J: me parece, me parece…. Bueno, no es por excusarme pero yo estuve aquí la otra noche…
m.j: ya lo sé, y no se de por aludido.
M,J: ah, ¿lo sabe?
m.j: sí, me fijé de madrugada que me había dejado en la estantería la copia de “La carrera del siglo” que le presté. Pero la dejó en un lugar algo incómodo para el profesor Fate, sea más cuidadoso la próxima vez. Al profesor Fate le pone muy nervioso Capra.
M.J: vaya, lo siento.
m.j: no se preocupe, ya me encargué yo de solucionar el asunto sin que fuera a mayores.
M.J: es que no quise interrumpirle porque ví que estaba con los auriculares puestos. Brahms, fijo.
m.j: ¿lo dice con cierta sorna acaso?
M.J: créame que no. Oiga, venía por lo del nocturno…
m.j: el Nocturno 14, si no le importa, podríamos confundirlo con los demás.
M.J: ¿Hay más?
m.j: quizá menos, no lo recuerdo.
M.J: el caso es que vengo y me encuentro que ha abierto la caja.
m.j: aclare que es una metáfora, por favor; hoy en día los recuerdos se guardan en cd´s de plástico.
M.J: convendrá conmigo que se trataba de una metáfora adecuada puesto que, digámoslo así, encerró allí todo bajo siete llaves en el transcurso de la tormenta.
m.j: ¡por todos los Santos, qué cosa más cursi!
M.J: todo lo que quiera pero así fue.
m.j: vale, de acuerdo, pero más pronto o más tarde las tormentas pasan.
M.J: ¿qué le llevó a abrir la caja después de tantos años?
m.j: eso mismo me vengo preguntando estos días, se lo aseguro. Vaya usted a saber, esto es como lo de la magdalena de Proust, basta una chispa para que vuelva todo de golpe.
M.J: algo así como lo de la señora de la escalera en los “Dublineses” de Joyce, no?
m.j: exactamente así. Pero no nos engañemos, hoy en día Joyce lo tendría más crudo.
M.J: explíquese.
m.j: hoy la melodía que produce el éxtasis de la señora en lo alto de la escalera y le trae todos aquellos recuerdos del pasado sonaría de algún mp3. Y de vuelta al hotel, todo ese rollo tan bonito se lo contaría a su marido a través del messenger.
M.J: ¡pues sí que cambiaría la cosa, si!
m.j: todavía hay más, no se asuste antes de tiempo. Aún falta el monólogo del marido, hoy en día reducido cruelmente a un emoticon.
M.J: ¿cómo dice?
m.j: que el marido se limitaría a dar como toda respuesta esto:

:(

No corren buenos tiempos para la lírica, permítame el topicazo.
M.J: ¡Calle, calle! Al menos nos queda la nieve, que cae suavemente sobre…
m.j: ¡qué va, hombre! Con el cambio climático ya no hay nieve que caiga.
M.J: ¿ni siquiera nos queda la música de clarinete del final?
m.j: mire, eso sí. El soplo precioso del clarinete. Eso sí quedaría.
M.J: no sé qué decir después de todo lo que ha dicho, la verdad.
m.j: pues reconduzcamos la conversación. Así no me acusará otra vez de irme por las ramas.
M.J: la conversación, sí; estábamos en que de golpe se le han venido los recuerdos encima y ha abierto inesperadamente la caja a la que hasta ahora le tenía pavor.
m.j: así es. Lo he vuelto a revisar todo. Absolutamente todo.
M.J: ¿y qué ha sentido?
m.j
: uf, qué pregunta más complicada…
M.J: tranquilo, no hay prisa.
m.j: algo parecido a dibujar un silencio de nieve.
M.J: me temo que no le entiendo.
NARRADOR: pues yo sí le entiendo y me parece precioso, la verdad.
M.J: ¿y éste qué hace aquí?
m.j: haya paz, haya paz. Es usted un tipo sensible, narrador.
NARRADOR: es que no sabe lo que me ha tocado contar en esta vida…
m.j: lo imagino.
M.J: ¿dibujar un silencio de nieve?
m.j: la expresión no es mía, pero créame que es el recipiente que mejor contiene todo lo que he sentido, lo que estoy sintiendo.
M.J: ¿cree que lee el blog?
m.j: usted y yo sabemos que no.
M.J: (pero una vez lo sospechamos)
m.j: vale, sí, pero… no.
M.J: quién sabe.
m.j: da lo mismo.
NARRADOR: ahora sí que no lo entiendo.
M.J: ¡pues a fastidiarse!
m.j: señooores, tranquilidad. Por aquel entonces usted todavía no estaba en nómina, narrador.
NARRADOR: Esa historia me la tiene que contar algún día.
m.j: (vale)
M.J: ¡es el colmo! ¡tener que contarle a un narrador! ¡para eso está él!
m.j: no se ponga nervioso, terminarán por congeniar, ya lo verá. Bueno, ¿seguimos o ya está?. Le veo hoy un poco disperso y mañana tengo que madrugar porque me tengo que hacer análisis de sangre. ¿Sabe que una vez teniendo la aguja en la vena a la enfermera le dio por estornudar y le dio un espasmo?
M.J: ¡DIOS MIO!!!
NARRADOR: ¡QUÉ ESPANTO!!!
m.j: mira, por una vez se han puesto de acuerdo.
M.J: ¿y qué hizo usted?
m.j: le dije “Jesús”.
NARRADOR: ¿y qué hizo ella?
m.j: me dio las gracias.
M.J: se me han puesto los pelos como escarpias.
m.j: cosas que pasan…
M.J: oiga, pues casi mejor lo dejamos por hoy y si eso vuelvo otro rato.
m.j: que no le intimiden los auriculares, pero tampoco me de un susto de muerte apareciendo de golpe. Ya sabe que el infarto acecha.
M.J: lo tendré en cuenta. ¿Algo que añadir para terminar?
m.j: ¿cuándo sale ésto?

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