Archivo por días: 9 junio, 2006

Límites

Una esquela es una lápida de papel. En la edición de “El País” de este viernes aparece una en la que debajo del nombre del fallecido puede leerse:

“Pateras,
Guantánamo,
Abu Ghraib,
Cayucos,
Haditha…

¿Es que no existe límite?”

No, lamentablemente no existe límite. Lo raro es que quien ha redactado la esquela no se haya dado cuenta todavía.

Sonata

La composición de la Sonata para violín y piano Op. 78 de Brahms fue, también, una labor de verano. En esta ocasión, el lugar elegido para el reposo y la tranquilidad fue Pörtschach, en la orilla norte del lago de Worth, a los pies de los Alpes de Carintia. La composición de la Sonata abarcó los veranos de 1878 y 1879 quedando en suspenso durante los meses intermedios, y su precioso tema principal desprende la característica serenidad que encontramos en otras composiciones concebidas en una atmósfera similar:

(click aquí para escuchar el fragmento) 27′, 323k, mp3

Como ya apunté en un post anterior, las ideas musicales de Brahms están constituidas por una serie de motivos que serán elaborados a lo largo de la composición. He aquí los motivos (3) que forman el tema principal de la Sonata:

La observación de este ejemplo nos permite descubrir cosas interesantes: en primer lugar, podemos apreciar que Brahms “parcela” los motivos (todos están separados entre sí por una pausa clara o por una respiración de cambio de dicción, como ocurre en el salto de octava que da entrada al tercer motivo) y además se preocupa por asignarles un perfil característico que los diferencie del resto: el primer motivo insiste sobre una nota percutida tres veces; el segundo echa mano de los intervalos amplios como contraste con la escala que asciende peldaño a peldaño conformando el tercer motivo (una escala puede venir muy bien para pasajes de transición o de enlace entre secciones). Brahms es previsor. Vemos que los diversos elementos que forman el engranaje melódico están claramente diferenciados y, sin embargo, resulta sorprendente comprobar la manera en que dichos elementos se integran en el contexto de la frase, que fluye con pasmosa naturalidad.

Pasemos ahora de lo general al detalle: Brahms siente predilección por el primer motivo. Le delata la doble repetición del mismo en los compases tercero y cuarto (que es una forma de poner el acento en él) y le delata igualmente la impaciencia: la facilidad que tiene Brahms para el desarrollo motívico y las abundantes posibilidades que el material le brinda para ello (tal y como quedará de manifiesto a lo largo de la composición) hacen que la tarea de elaboración comience ya dentro del propio enunciado. En este caso, la repetición del motivo en los compases tres y cuatro ofrecen una variación del modelo original.

Si damos un salto y avanzamos en la partitura damos con un pasaje que muestra la cuidadosa atención que Brahms pone en este motivo y la riqueza expresiva que extrae del mismo. Imposible pasar por alto la armonía que lo envuelve, a cargo del piano: entre esos acordes, emparejados de dos en dos, hay una apuesta de futuro al utilizar con entera libertad y delectación intervalos tradicionalmente proscritos. Un acorde de séptima mayor no dice nada nuevo a un oído de hoy, aunque sigue produciéndole el mismo placer, pero está aportando, por ejemplo, una herramienta que la música francesa de finales del XIX y principios del XX explotará a fondo y que necesitará para trasladar a la música la estética de los lienzos impresionistas. Brahms desliza aquí, para arropar su idea musical, el mismo acorde sobre el que Satie escribirá su primera Gymnopedia y está apuntando en una dirección que posteriormente transitará la música de jazz. El pasaje no tiene desperdicio:

(click aquí para escuchar el fragmento)15′, 178k, mp3

La totalidad de la composición es un inagotable e imaginativo muestrario de ideas impregnadas de un poderoso aliento poético que lo subordina todo a la emoción.