Archivo por días: 23 mayo, 2006

Entrevista

EMEJOTA: Buenas noches.
emejota: Buenas noches; no, no se levante por favor, dejémonos de formalidades.
M.J: mientras le esperaba he estado ojeando el “Romancero Gitano” de Lorca. Lo tenía usted encima de la mesa.
m.j: es que de vez en cuando lo utilizo en mis clases. Es muy práctico.
M.J: ¿ah, si?
m.j: si, el “Prendimiento de Antoñito el Camborio” es el mejor tratado de formas musicales que conozco.
M.J: Si no recuerdo mal, decía eso de: “A la mitad del camino/ cortó limones redondos…”
m.j: “…y los fue tirando al agua/ hasta que la puso de oro”. Siento debilidad especial por esos versos.
M.J: ¡Qué casualidad! A mí me pasa igual.
m.j: lógico, usted es una proyección de mí mismo. No pierda los papeles, por favor.
M.J: lo hacía para disimular un poco, comprenda usted. Si se nota que usted y yo somos la misma persona entonces debería revelar que usted utiliza el “Romance de la luna, luna” para explicar los fundamentos del montaje cinematográfico y no sé si eso me gusta mucho, la verdad.
m.j: ¿acaso elegiría un poema mejor?
M.J: no, no es eso. Me refiero a que se supone que debería mostrar, qué se yo, cierta sorpresa ante el hecho, para aportar cierto dinamismo a la entrevista, digámoslo así.
m.j: ahí me ha pillado, quizá tenga razón. A lo mejor tiene que adquirir una pose.
M.J: si quiere, volvemos atrás y hago como que no sé nada.
m.j: no, eso sí que no. Me da pereza volver a escribir todo. Oiga, ¿y por qué no me pregunta qué pinta hablar de montaje cinematográfico en una clase de música?
M.J: me parece bien. Va: ¿qué pinta hablar de montaje si usted da clase de música?
m.j: no, no me gusta así; a ver, ya puestos, póngale un poco más de énfasis. El dinamismo, usted mismo lo ha dicho…
M.J: ¿énfasis?
m.j: sí, utilice un taco si quiere, no pasa nada. Diga “¿y qué coño pinta hablar de montaje en una clase de música?” Y si quiere añada: “a ver, me lo explique, eh?”
M.J: dicho así resulta convicente, ciertamente. Casi me han dado ganas de contestar yo mismo. Pero…
m.j: pero…
M.J: es que no estamos aquí para hablar de Lorca, y usted lo sabe.
m.j: lo sé, pero que conste que es usted el que estaba leyendo a Lorca.
M.J: ahora necesitaríamos a un narrador que informara de que estoy dejando el libro en la mesita de al lado, ¿no?
m.j: eso es fácil, mire.
NARRADOR: ha dejado el libro encima de la mesa y se acomoda en el sillón. Un ligero carraspeo precede al inicio de una conversación.
M.J: Muchas gracias.
m.j: de nada.
M.J: no se ofenda pero se las daba al narrador.
NARRADOR: los narradores no estamos acostumbrados a los agradecimientos y mira que contamos cosas… No sé, me siento un poco azorado, pero, en fin, de nada, a mandar.
m.j: (este narrador es muy educado, se habrá dado cuenta)
M.J: si me habla entre paréntesis no le escucho bien. Oiga, ¿Sabe? Empiezo a sospechar que utiliza estos recursos para despistarme y así ganar tiempo y llegar al final del post sin haber soltado prenda.
m.j: a mí que me registren.
M.J: dígame, ¿ya ha comunicado la noticia?
m.j: de momento sólo a dos personas.
M.J: ¿lo decidió durante el concierto de los niños de Leioa?
m.j: uf, a ver. No exactamente. Digamos que la idea ya estaba dando vueltas en mi cabeza aunque sí, es cierto, los niños de alguna manera me abrieron los ojos.
M.J: entiendo. Usted vio todo aquéllo y comprendió que ese era el momento perfecto para poner punto final a las actividades de Aula Clásica.
m.j: exacto. Creo que es un inmejorable punto final.
M.J: visto así, lo es, desde luego.
m.j: ¿le gustó la actuación?
M.J: ya sabe que sí, no intente pillarme otra vez en un renuncio, me sé mi papel: soy una proyección de usted y todo eso.
m.j: así me gusta.
M.J: ¿y la decisión es irrevocable?
m.j: mire, yo parto de la base de que ahora no estoy en condiciones de tomar una decisión en firme porque no estoy atravesando un momento psicológicamente muy estable que digamos. Estoy atravesando una depresión. Pero creo que hay una relación clara entre mi estado actual y la necesidad de abandonar porque he llegado a una situación insostenible que me ha provocado esta crisis. Y todo tiene su límite.
M.J: ¿y qué opina su socia?
m.j: su actitud ha sido irreprochable porque antes que el negocio y el profesional le preocupa el ser humano. Y le está preocupando mucho. Me conmovió verla emocionada, me conmovió ver que su emoción venía dada por la impotencia de no saber qué hacer para que yo me encontrara confortado. Ante todo quiere que me encuentre bien, que mire por mí. Ella va a respetar lo que decida y lo va a apoyar.
M.J: supongo que las razones que le llevan a tomar esta decisión…
m.j: … son polifónicas y están motivadas porque estoy harto.
M.J: ¿harto de?
m.j: de todo, de que por decir la verdad te conviertas en un ser incómodo y te cierren puertas los concejales, directores, gestores, y rectores de turno. Al final nos hemos quedado solos.
M.J: como los de Tudela.
m.j: es que somos de Tudela, no lo olvide.
M.J: perdone, le he interrumpido con un comentario que quizá no venía a cuento, estaba diciendo usted…
m.j: que no se puede ser honesto, al parecer. Lo de la concejala ayer es sencillamente impresentable y repugnante. Y luego la impotencia de ver una prensa mayoritariamente aborregada y qué se yo, mire, es que no me apetece ni hacer el repaso siquiera, se me están revolviendo las tripas.
M.J: se olvida de las satisfacciones que le ha procurado la gente.
m.j: no, no me olvido. Me llevo un tesoro que para mi queda. La frase más aguda que ha dicho en su vida una “lumbrera” municipal es, cito textualmente, que “a los gestores de aquí nos tenían que dar de hostias”. Lo dice él, que conste. No, la gente no es el problema. Pero no se engañe: también hay mucha hipocresía y en el fondo somos muy individualistas. Cuando se enteren puede que al principio te den palmaditas de ánimo en el hombro y te dirán que qué pena, que lo pienses bien y esas cosas, pero a los tres días ya no se acordarán.
M.J: tampoco lo ponga tan negro.
m.j: lo pongo como es.
M.J: ¿qué es lo que siente?
m.j: en algunos momentos, asco. Y a veces me siento orgulloso de la labor realizada y otras veces siento una lástima profunda por mí mismo, lo cual es bastante lamentable y bochornoso, lo sé. Pero así es.
M.J: tengo entendido que lo último ha sido lo de la concejala…
m.j: no, eso ha sido lo penúltimo; lo último ha sido lo del director, con sus mentiras sistemáticas, que tiene cojones la cosa.
M.J: pues estamos bien.
m.j: no, no estamos bien, usted lo sabe tanto como yo.
M.J: ¿y qué va a hacer mientras decide?
m.j: pues cumplir lo programado. O no. No lo sé, créame. Sólo hay una charla en el horizonte y ya no creo en ella y así no puedo crear. El documental sí, claro, eso sí, eso es otra cosa, aunque hoy, mañana, no, no puedo estar en él. En fín, en este momento no sé nada.
M.J: hmmm, ¿sabe? en el fondo creo que ya lo ha decidido.
m.j: no le puedo decir, en serio. Tal vez. No insista.
M.J: ¿y qué haría entonces?
m.j: regresar a la burbuja de la que salí. Mi circunstancia física me llevó a vivir durante muchos años como en una burbuja: vivir en el mundo pero en la periferia, o quizá fuera de él. “La Idea del Norte”, ya sabe. Le voy a confesar algo: creo que no valgo para vivir fuera.
M.J: pero no le veo a usted conteniendo las ganas de comunicar.
m.j: es que no hay necesidad de contenerlas. Yo me vuelvo a mi burbuja y vuelvo a coger el pico y la pala: escribir, clases con los chavales, con los mayores… Para mí una clase de armonía es un pretexto para hacer una excursión que puede empezar por un preludio de Chopin, efectuar un transbordo al modalismo de una canción de los Beatles y terminar merendando con Antoñito el Camborio. Por ejemplo. Y la haces caminando al ritmo de la persona con la que vas.
M.J: Y eso es algo a lo que usted da mucha importancia.
m.j: exactamente. A mí me importa ante todo la persona que hay en el alumno. Y para eso tenemos que estar los dos frente a frente, solos. De la persona sale el músico. Y si no sale, no pasa nada, pero hay que cuidar a la persona. Eso sobre todo. Educar es una forma de amar.
M.J: ¿puede llamar al narrador? es que debería reseñar este silencio.
m.j: el narrador ha terminado su jornada, lo siento. Trabaja por turnos.
M.J: mire, tómese su tiempo, madure la idea y, si no tiene inconveniente, volvemos a charlar cuando haya alguna novedad, ¿le parece?.
m.j: descuide.
M.J: ¿algo que añadir?
m.j: sí, no me ha devuelto “La carrera del siglo”, así que hoy no le voy a dejar la película siberiana.