Archivo por días: 1 mayo, 2006

Pérdida

Hay una vieja película de George Cukor, “Dinner at eight” (1933) en la que una actriz le dice a otra que lo peor de la muerte no es que sea inevitable, sino que es definitiva. A esa misma conclusión ha llegado Juan José Millás en su excepcional reportaje “Diálogo con la muerte”, última entrega de su serie “Proyecto Sombra”, una aventura periodística que consiste en pasar 24 horas pegado a un personaje como si fuera su sombra (en esta ocasión una forense) y que publica regularmente el suplemento dominical de “El País”.

Después de presenciar un par de autopsias, Millás viaja al mercado de la Boquería, en Barcelona y allí percibe que, en realidad, se encuentra ante otro depósito de cadáveres pero la sensación experimentada es muy distinta. Millás tiene desarrollada una aguda capacidad de observación y de análisis porque es un tipo al que las cosas le producen mucha curiosidad. Y esa misma curiosidad le lleva a preguntarle lo del mercado a un catedrático de Metafísica, Ángel Gabilondo, y entonces se encuentra con lo mejor del reportaje.

Dice el señor Gabilondo que lo que caracteriza a la muerte es la experiencia de la pérdida sin sustituto; que en la medida en que algo se puede sustituir por otra cosa (que es lo que ocurre en el mercado cuando una nueva remesa de pollos sustituye a la anterior) no hay sensación de muerte. Sin pérdida no hay experiencia de muerte. Curioso. Una psicóloga que durante años asistió a mis cursos de divulgación musical me dijo en cierta ocasión que se había especializado en duelo. Aquello me llamó muchísimo la atención. El duelo es un proceso natural de convalecencia emocional, algo así como una cuarentena del alma, que dura lo necesario para asumir dicha pérdida. Es significativo que al proceso que sigue inmediatamente al duelo se le denomine popularmente en algunos sitios como “alivio”.

Millás dice que vale, de acuerdo, pero que un muerto es un muerto, sea o no reemplazable, y el catedrático le dice que lo que importa es la relación que uno tiene con él y recalca que la idea de la muerte es la pérdida de alguien sin sustituto: “la pérdida de un hijo deja una herida que no se puede sustituir con nada”. Al final, Millás hace una pregunta de Millás: ¿qué es un muerto?. Y la contestación es la de alguien que bien podría habitar en el universo literario de Millás: “Un muerto es siempre algo pero no es alguien. Es algo de alguien y, en cierto modo, la memoria de alguien en algo. Un muerto es el anticipo de una desaparición pero es, aún, el anticipo de una desaparición. No es alguien desaparecido: es alguien hecho algo”.

A mí lo que me ha dejado perplejo es que si la idea de la muerte es la pérdida de alguien sin sustituto, entonces podría darse el caso de encontrarte un día con una persona viva que resulte estar muerta hace tiempo para tí. A mí me ha pasado. A tí también. ¿Para quiénes estaremos muertos nosotros? La protagonista de la película de Cukor decía que lo peor de la muerte es que es definitiva pero yo, por si acaso, dejo constancia por escrito de que sigo aquí, aunque me quede la duda de que la muerte pueda ser ciega y sorda. Nadie es perfecto (el que dijo esta frase ya está muerto, por cierto).