Tuteo 4 abril, 2006
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackbackSegundo dÃa de estudio en el Yamaha y se puede decir que ya nos tuteamos. La sesión, sin embargo, no ha estado exenta de problemas: se me ha desenfocado la imagen del tacto. Me acababa de dar cuenta cuando ha sonado el móvil y era Javier que llamaba desde la escuela de música. “¡Hola!, ¿dónde estás?” y yo, “en tu casa”. Y nos hemos reÃdo, claro, porque la situación era un poco surrealista.
Le he preguntado si se habÃa dejado algo encendido en la cocina o si habÃa que programar el vÃdeo o algo asà y me ha dicho que no, que era por si todavÃa no habÃa salido de mi casa para que le dejara un cd que iba a necesitar esta semana para un alumno pero que daba igual, que no habÃa prisa, que mañana si eso. Yo le he explicado que hoy habÃa ido pronto porque a media tarde tenÃa clase con Pablo y él me ha preguntado que cómo iba la cosa y es entonces cuando le he dicho: “pues mal porque se me acaba de desenfocar la imagen del tacto”. Javier está acostumbrado a estas cosas mÃas pero entiendo que es lógico que haya preguntado “¿Y esa qué imagen es?”.
En realidad no es ninguna imagen sino que se trata de una metáfora que yo utilizo. Es como cuando vas a sacar una fotografÃa y tienes centrada y enfocada la imagen y de pronto algo se mueve y se te desenfoca y el resultado lo ves borroso. Pues esto es algo parecido pero aplicado al tacto: la música está ahÃ, sigue sonando y podrÃa seguir haciéndolo pero el problema es que si la sensación táctil se vuelve difusa y no es la esperada, me desconcentro y más pronto o más tarde (más pronto que tarde) empiezan a salir agujeros por todas partes. A eso le llamo yo desenfocar la imagen táctil. Es algo que, por inevitable, no deja de sacarme de quicio. Lo novedoso esta vez es que ha sucedido demasiado pronto asà que mañana habrá que librar. Cuando ocurre eso hay que parar y luego vuelves y como si nada hubiera ocurrido. Lo tengo comprobado.
En los años en los que estudiaba la carrera de piano me intrigaba muchÃsimo que cuando más estudiaba, peor me salÃan las cosas. Era desesperante. Pero con el tiempo comprendà la razón: mis manos necesitan sentir la obra nueva, pero sentirla en el sentido literal, transitándola a lo largo del teclado. El estÃmulo que me lleva a obtener una interpretación que considero satisfactoria lo obtengo del descubrimiento, de la sorpresa inicial. La rutina la llevo fatal, la costumbre me desmorona todo el tinglado, asà que tengo que parar, tomar distancia para hacer borrón y cuenta nueva y poder volver para redescubrir la obra con el tacto. Yo serÃa incapaz de estudiar horas y horas todos los dÃas. Imposible. Nunca lo hice. Reconozco que soy un pìanista atÃpico; de hecho, en realidad creo que no soy pianista porque me da a mà que no cumplo los requisitos convencionales. Si he de ser sincero, tampoco me importa.
De todas formas, la tarde no ha sido en modo alguno infructuosa. Como tenÃa que estar pronto en casa para la clase de Pablo le he pedido a mi hermano que me recogiera con el coche y mientras le esperaba, ya con la cazadora puesta, cerrada la caja de resonancia del piano, me he sentado jugueteando con los dedos y de esa sonoridad apagada ha surgido, perfectamente nÃtida, la imagen de la Sonata K. 570, primer tiempo, haciéndome sentir un cosquilleo en las sienes. Esa sonoridad atenuada ha contribuÃdo a fijar la imagen en la retina de los dedos, cuyo nervio óptico ha vibrado por todo el cuerpo. Interesante descubrimiento. Porque me esperaban mi hermano y Pablo que si no… Lo curioso es que la K. 570 no estaba en el repertorio previsto. ¿DeberÃa estar sustituyendo a alguna otra pieza? Tengo que pensarlo, pero de momento mañana toca descanso, eso seguro. Y, por supuesto, los dÃas anteriores de la grabación habrá que dejar el repertorio en cuarentena, como si lo viera.