Retorno

Lang LangHe ido a por el nuevo cd de Lang Lang, “Memory” (Deutsche Grammophon, 2 cd´s) con muchas curiosidades por satisfacer. Su concierto de debut en el Carnegie Hall de Nueva York, escuchado primero en cd, escuchado y visto después en dvd, me produjo una profunda impresión. Coexistía “algo” con el apabullante virtuosismo que suponía una estimulante novedad en un mundo en que el virtuosismo se da por descontado y ya está. Personalmente así lo percibí a lo largo de varios momentos en el transcurso del recital que me conmovieron. No faltaron quienes torcieron el gesto diciendo que Pollini conseguía un Schubert más profundo, olvidando que Pollini igual tenía 50 años cuando tocó profundamente a Schubert y Lang Lang… 19. El caso es hablar.

No he seguido la posterior y fulgurante carrera de Lang Lang más que de oídas (nunca mejor dicho) pero el otro día apareció en los periódicos con unas pintas que me hicieron dar un salto del sillón: no se sabía si venía de un after hours a eso de las 9 de la mañana o si iba a posar para un anuncio de relojes. El aparato mediático que le ha rodeado este tiempo ha sido brutal y, por lo que parece, a punto ha estado de hacer zozobrar la nave del joven pianista que, en algunas de sus últimas interpretaciones como solista con orquesta había empezado a introducir ciertos elementos desconcertantes, síndrome este que no es nuevo y que yo denomino como “síndrome Pogorelich”, puesto que a Ivo Pogorelich le pasó eso mismo en su día: que empezó fresco y antes de los 30 estaba tan aburrido que hacía cosas muy raras.

Pero parece que Lang Lang ha dicho: un momento. Y ha vuelto a ponerse en manos de grandes maestros como discípulo aplicado, entre ellos, Daniel Barenboim, en quien el pianista chino ve, además de un genio musical, un sabio en toda la extensión de la palabra. De paso, se ha metido en el estudio para ofrecernos este “Memory” que supone el retorno hacia aquellas obras que ocuparon un lugar importante en su formación como pianista, de ahí el sentido del título. Hay un detalle que, por sí solo, merece la inmersión en esta “memoria”: toca la Sonata K.330 en Do Mayor de Mozart que, según sus propias palabras recogidas en las notas del disco, le hizo “replantearse su decisión de abandonar el estudio del piano” tras ser rechazado (!) por uno de sus primeros profesores. A todo esto hay que sumarle que, de pronto, se me ha abierto el apetito por saborear el “tacto” mozartiano de Lang Lang, que desconocía, y nada más llegar a casa lo he puesto y me he encontrado con una interpretación que sorprende (y mucho) por la extrema minuciosidad y el cuidado puesto en todos y cada uno de los detalles para conseguir un primor que pide más audiciones.

Hay otro detalle, esta vez simpático: el disco incluye la transcripción de Vladimir Horowitz de una Rapsodia de Liszt que Lang Lang afirma haber descubierto en el famoso cortometraje de Tom y Jerry, “Concierto gatuno” en el que el ratón convierte la ejecución de la obra por parte del gato en un suplicio repleto de, dígamoslo finamente, putadas. Seguro que lo has visto. El hecho es revelador de los nuevos tiempos: es obvio que las fuentes de conocimiento han cambiado notablemente. Y ya que estamos, no se me olvida reseñar algo que le he leído estos días en los periódicos: “ahora me siento más a gusto en el estudio de grabación” (esa frase ya la he oído antes; esas palabras apuntan al Norte).

Yo voy a seguir con detenimiento la evolución de Lang Lang. Si es capaz de aplicar la inteligencia que indudablemente tiene, aparte de su gran talento musical, para saber encauzar adecuadamente su carrera reclamando el espacio necesario para su propio crecimiento y desarrollo, una vez que no se le han caído los anillos en reconocer que todavía hay que seguir yendo a clase, estoy seguro que nos deparará muchas y gratas sorpresas. Me tranquiliza saber que tiene a Barenboim de consejero. Yo sigo creyendo en Lang Lang.

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