Aventura

Estoy atravesando lo que los médicos denominan un rebrote de mi artropatía, que es algo así como un repunte periódico de duración variable dispuesto en una gráfica imaginaria. La medicación consigue convertir el dolor en un barrunto difuso de ruido lejano, apenas perceptible, pero no puede evitar los efectos colaterales, a saber: insomnio, apatía y falta de apetito, principalmente. Afrontar de esta manera el primer capítulo del serial Gould, que tendrá lugar dentro de algo menos de tres horas, puede parecer tarea algo complicada, porque uno no está “bien temperado”, digámoslo en clave de sol. Pero, aunque ciertamente uno desearía que las circunstancias fueran otras (para qué nos vamos a engañar), no es menos cierto que tengo curiosidad por saber qué pasa, como si fuera espectador de mí mismo.

Y es que en ocasiones así suelen suceder dos cosas: o te ciñes al guión, agarrándote a las páginas y siguiendo el curso de las palabras obedientemente o todo lo contrario, tomando la iniciativa dejándote llevar por el instante y convirtiendo lo que debería ser una recreación en una improvisación creativa. Cuando de experiencias con un componente “emocional” se trata, como es el caso de “La Idea del Norte”, me suele pasar algo así, que lejos de distanciarme del asunto ciñéndome de manera aséptica a hacer caso de las instrucciones de uso, lo afronto de una manera que no sé si calificar de más intensa o, simplemente, diferente. No lo sé calificar porque creo que es algo instintivo pero sé que ocurre. Ha ocurrido. Es como si hablaras desde más adentro o como si en vez de señalar con el dedo ese Norte anímico al que nos dirigimos ya estuvieras allí, esperándolos. Lo único que puede pasar es que me haga un lío con los archivos de audio y vídeo que llevo en el portátil pero no pasa nada. Antes sí que era motivo para hacerme perder el compás, mirar la pantalla del ordenador y ver que lo que allí aparecía me resultaba extraño, como si perteneciera a otra charla, y esa extrañeza me hacía perder el hilo y me obligaba a encontrarlo entre los papeles. Pero ahora ya no pasa eso (la experiencia sirve para algo).

Hoy empieza la tercera expedición que nos conducirá en tres etapas a “La Idea del Norte”. Para ellos será algo nuevo pero para mí, esta vez, también. Lo sé y lo afronto con tanta curiosidad como serenidad. En momentos así, me encuentro a mí mismo, me reconozco y eso es todo lo que necesito para salir al encuentro de los otros e iniciar la aventura. Pensarás que vaya tío más raro. ¿Acaso no te habías dado cuenta todavía?

4 pensamientos en “Aventura

  1. Alfonso

    ¿Quien dijo miedo?.
    Todo lo que sean obstáculos y errores para poder llegar a tan misterioso sitio serán bien recibidos.

    Desde el Sur,
    tu próximo visitante en el Norte.

  2. emejota

    Muchas gracias, Alfonso. Al final me he ceñido al guión como chico obediente porque me he debido dejar la brújula en casa. Tanto me he ceñido que he descubierto erratas en el texto que no había visto en las dos convocatorias previas ;) Pero he pasado un buen rato y cuando he vuelto a ver aparecer a Gould en la pantalla me he sonreído con la satisfacción de quien ve a alguien querido tras un tiempo de ausencia y me ha salido decirle con el pensamiento: “mírame un poco”. El pensamiento hace cosas muy raras. Mañana más.

    Un abrazo

  3. Magda

    Leo tu texto y vengo a dar mi opinión pero me encuentro con que todo salió bien. Me alegra mucho, Mariano. Yo lo intui en cuanto terminé de leerte, y venía a decírtelo.

    Muchos saludos de un miércoles con sol.

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