Revisión 21 enero, 2006
Escrito por emejota en : Cine , 4 comentarios , trackback
Una vez tuve oportunidad de hacerle una pregunta a Unax Ugalde y me respondió a dos (yo sólo le habÃa formulado una, la otra me rondaba la cabeza). Pensé en darle dos veces las gracias pero ahà también se me adelantó, asà que sólo me quedó decirle “de nada, hombre” que, al menos, tiene tres palabras (la coma no cuenta, tampoco las comillas; al hablar nos comemos las comas y las comillas). Por aquel entonces estaba a punto de teñirse el pelo de rubio para hacer “Reinas”, desliz diurno de un ser lunar. No se lo tenemos en cuenta. Unax Ugalde tiene un lado oscuro de múltiples registros que lo convierte en un actor inquietante, imprevisible e incatalogable. Un actor sin método (y que asà se mantenga, por favor) pero con una poderosa personalidad que te puede dejar clavado en la butaca con un solo gesto si no ha conseguido clavar la frase antes.
Esta noche he estado revisando “FrÃo sol de invierno” para asegurarme de que todo sigue ahà y que el trabajo de Pablo Malo en su debut como realizador de largos me gusta mucho: sabe dejar en el camino los principales defectos que los directores de cortos suelen llevar consigo en el tránsito al largo recorrido y dedica atención a estudiar el novedoso terreno en el que se asienta antes de ponerse en acción. Me gusta el mimo puesto en la puesta en escena pero, sobre todo, me parece magnÃfica la dirección de actores: magnÃfico está Unax Ugalde que retoma en las primeras secuencias ese papel para el que parece haber nacido, el de chico rarito, para superarse a sà mismo y hacerse grande en el transcurso de la narración. Qué miedo, qué admiración; qué respeto y que conmiseración suscita a un tiempo su personaje. MagnÃfica está Marisa Paredes, con algo de águila y de Terele Pávez necesarios, a lo que se ve, para bordar el perfil de un rostro y un carácter vasco muy caracterÃstico, vicisitudes del guión al margen. MagnÃficos los secundarios: conmovedores en su desamparo Javier Pereira y Raquel Pérez, maravillosas las apariciones de Marta Etura, con ese aura de belleza asilvestrada y rural, ángel de monte verde y caserÃo; y genial la única secuencia de la venerable Mª Jesús Valdés, Dama del Teatro con mayúsculas a la que la cámara termina mirando de rodillas en un contrapicado que tiene mucho de reverencia.
He estado tirando de hemeroteca virtual y me traigo de la excursión cosas muy curiosas: en un mismo periódico, un crÃtico dijo que éste era, hasta la fecha y con diferencia, el mejor papel de Ugalde y dÃas después, un compañero de guardia dice que el director le pide demasiado a un Ugalde que no da más de sÃ. En otro lugar alaban como acierto estético de notable aportación al aliento poético de la pelÃcula el que se evite mostrar la localización donde transcurre la historia mientras que no faltan voces que arremeten ante ese mismo detalle como una torpeza de novato. A ver si se aclaran. Yo me conformo con que haya directores como Pablo Malo capaces de iluminar la oscuridad, el misterio y la ambigüedad de Unax Ugalde para sacarle conveniente provecho que lo muestre como el artista grande que es.