Archivo por días: 14 enero, 2006

Cumpleaños

Hoy es mi cumpleaños. 36. Dicen Anabel y Rosa que no se lo creen, que ellas pensaban que cumplía 30 como mucho porque tengo cara de chaval y se les ha quedado la boca un poco abierta. Yo he pensado entonces que a veces tengo la impresión de que por dentro tengo 78. Así que una cosa por la otra. Yo tenía la boca cerrada, por eso lo he pensado. Lo de los 78.

Un dicho popular dice que hay quien nace con estrella y hay quien nace estrellado. Una vez me echaron las cartas del tarot y la tarotista dijo que era de los primeros, seguro, tan convencida estaba que en vez de cobrarme me dio dos besos, pero cuando yo nací, al cirujano se le fue la mano y estrelló algo en mi ojo izquierdo rompiendo la córnea y dañando el nervio óptico, que ya es puntería. Le acabo de despertar a mi madre para preguntárselo y resulta que no, que dice que no se estrelló nada, que fue del forceps y que a qué viene eso a estas horas. Yo me he quedado chafado porque ya no me cuadra el párrafo, con lo bien que me venía que se hubiera estrellado, dado que la cosa ya no tiene remedio y voy a seguir sin ver la parte izquierda de las cosas. Mi madre ha dicho si me pasaba algo, hijo, y yo le he respondido que no, pero que lo voy a dejar escrito así porque lo que venía a decir es que yo ya nací dando la nota. Y eso.

Hace unos años, decidí darle la vuelta al día de mi cumpleaños y dedicarlo, a partir de entonces, a regalar algo a los amigos en vez de que ellos me regalaran algo a mí. Al principio se quedaban sorprendidos pero todo es acostumbrarse. Cuando cumplí los 30, por ejemplo, preparé un cd en el que tocaba piezas de Schumann. Para la portada coloqué la imagen de un cuadro muy bonito cuyo autor no recuerdo; lo que sí recuerdo es que lo elegí porque salía un jardín a la hora del crepúsculo y me gustó la temperatura que hacía en ese momento en aquel lugar. Este año iba a regalarles una travesura mozartiana pero no ha podido ser porque llevo unos días que me siento al piano queriendo tocar a Mozart y no lo alcanzo. Me sale Scarlatti y Scarlatti no me combina con el papel del envoltorio.

Otra cosa que hago desde que decidí darle la vuelta al cumpleaños es desaparecer: dejo la agenda en blanco y me voy a pasar el día fuera y, de paso, me compro a mí mismo algún regalo que casi siempre es en plural porque estamos en rebajas y si compras 3 de lo que sea te sale uno gratis. Este año lo tengo difícil porque como cae en domingo las tiendas están cerradas, así que entre una cosa y otra va a ser un cumpleaños un poco raro; por eso, ya que he despertado a mi madre para preguntarle lo del parto le he dicho que me gustaría pasar el día de mi cumpleaños juntos y punto. Es decir, los dos. Solos. Me ha dicho que claro que sí y ha insistido en que si me pasaba algo, hijo, y yo le he respondido que no y que vaya manos las del médico, coño.