Archivo por días: 12 enero, 2006

Dios

Saramago, ayer: “Me interesa mucho Dios: las consecuencias de que un día a alguien se le ocurrió decir que esto necesita un creador. Y cada uno lo inventó a su modo y manera. Me asombra, desde mi perspectiva de persona que no necesita creer en Dios (…) que la religión jamás acercó a los hombres y que siempre ha sido factor de enfrentamiento y muerte. No digo que la culpa la tenga Dios. Lo que existe es lo que llevamos en la cabeza. Y llevamos a Dios porque lo hemos creado. Y llevamos dentro al diablo. Y el bien y el mal”.

No es la primera vez que Saramago se refiere a Dios como una invención de la arrogancia humana que se niega a considerar su irrelevancia en el universo. En ese Dios puesto al servicio del hombre yo no creo tampoco. Pero me pregunto si en la negación de Saramago del Dios-humanizado no habrá algo de lamento por la ceguera generalizada ante la posibilidad de un Dios verdadero e inabarcable.

Respuesta

Estimado gestor cultural:

He recibido su amable carta en la que solicita propuestas de cursos o conferencias de cara a la programación cultural de los próximos meses. Es todo un honor que me haya considerado persona merecedora de su atención. En un momento de la carta nos comunica que sea cual sea la naturaleza del proyecto a presentar, el precio a percibir por hora será de 58 euros al que habrá que descontarle un 15% de retención de I.R.P.F. Si no he entendido mal, eso quiere decir que tanto si me presento con el cuento de Blancanieves bajo el brazo para leérselo a los niños en un rato de asueto como si interpreto al piano la Sonata “Hammerklavier”, de Beethoven, en la que se suda un poco más, la retribución será la misma. Hay algo que no termina de encajar.

Dado que la última vez que tuve oportunidad de hablar personalmente con usted me propuso la realización de un evento musical, me viene a la cabeza un ejemplo reciente: el concierto de Ravel a 4 manos en el cual, por cierto, le eché en falta, y mira que me dio rabia porque ese día me puse una americana muy elegante que, sin duda, habría merecido su aprobación. Recuerde aquella ocasión en la que, educadamente, me dijo que “ya era hora de ponerme presentable ante el público”. Su preocupación paternal me produjo una profunda turbación que nunca olvidaré. Pero estábamos en lo del concierto de Ravel: entre las descripciones de las piezas destinadas a proporcionar claves de comprensión a los oyentes y la posterior interpretación de la obra, el acto se evaporaba en una hora, aunque los ensayos comenzaron a cocinar el invento el pasado verano. Dado que éramos dos personas ante el teclado, los 58 euros (sin retención) habría que dividirlos, para empezar, por 2. Sería interesante hacer cuentas para ver a cuánto nos salía cada mes de trabajo.

Me sorprende que una persona culta, sensible y conocedora del mundo que gestiona no se plantee que tras la hora de actividad hay una preparación que, en algunos casos, puede requerir una gran cantidad de tiempo. Abrir el tarro de las esencias y hacer llegar el aroma del Coral como sustento de gran parte de la obra bachiana, o buscar la fórmula que consiga traducir complejos conceptos en algo asequible, de manera que el no iniciado pueda sentir la importancia y el aliento poético del contrapunto en la obra de Bach cuesta mucho tiempo, se lo puedo asegurar. En cualquier caso, comprendo que este insignificante matiz haya pasado desapercibido dado que, lamentablemente, no pudo estar presente en ninguna de las sesiones del último ciclo de conferencias que tuvo a bien encargarme, siquiera para evaluar si la confianza depositada en mí había cosechado frutos provechosos. Su agenda debe estar apretadísima dado que el curso duraba tres sesiones que, gracias a la buena acogida por parte del público, se prolongaron ininterrumpidamente por espacio de 4 semanas, lo que hace un total de 12 sesiones. Y usted no pudo acudir a ninguna. El estrés no es bueno, hágame caso.

Personalmente, yo no siento que cobro por la hora de conferencia; la recompensa, en ese instante, son los ojos atentos, el silencio expectante, la sonrisa cómplice y el aplauso cálido, si lo merezco y aunque vaya sin corbata. Pero entiendo que todo el trabajo anterior precisa de la legítima y lógica (y digna, sin que eso signifique más o menos) retribución que se haya acordado previamente entre las partes, sobre todo porque luego la parte contratante (y no me refiero a la de los Hermanos Marx aunque el asunto que nos trae sea igual de surrealista) es la que vende como propio el éxito, si ha habido tal, y achaca al profesional el fracaso, si tal cosa se produce.

Su misiva concluye ofreciéndose a aclarar cualquier duda al respecto que pueda tener lo que pasa es que yo no tengo ninguna duda al respecto, sólo dudo del respeto que, al parecer, merecemos, que se escribe parecido pero es cosa muy diferente.

Concluyo agradeciéndole sinceramente su oferta pero aprovecho la ocasión para comunicarle que declino su amable invitación para que la partida presupuestaria encomendada a estos menesteres se dedique a asuntos gravosos para las arcas municipales, que suelen sentir un vacío en el estómago cuando tienen que llenar el de otros en opíparas comidas que el duro y sacrificado ejercicio de la política exige con exasperante asiduidad.

Atentamente,

emejota.