Archivo por días: 5 enero, 2006

Reyes

A mí los Reyes Magos no me gustan nada. Pero nada. Desde que de pequeñito descubrí a Papá Noel me agarré con fuerza a sus barbas y ahí sigo, trabajando por la causa. El atractivo de Papá Noel está en su invisivilidad y lo que pierde a los Reyes es precisamente lo contrario, su presencia explícita, que anula todo misterio. Es como comparar lo que se esconde tras las delicadas insinuaciones de Tourneur con las burdas imágenes de Paul Naschy, por poner un ejemplo que igual no pega mucho en este post, vale, pero es que alguna vez tenía que sacar lo de Naschy, chico.

¿Ilusión? Si, toda la del mundo. ¿Juguetes para los niños? Por supuesto, y ojalá que ninguno se quedara esta noche sin uno al menos. Pero a ver si empezamos por cuidar los detalles y las atmósferas porque lo que no tiene nombre es la deplorable estética de las cabalgatas de una ciudad de provincias como la mía, ese espeluznante espectáculo de carnaval cutre hecho de papel de plata y pelucones de cotillón montados sobre camiones o tractores donde estos tipos tienen su trono. Y entre uno y otro, que me explique alguien qué coño (con perdón) pintan unos gaiteros, unas majorettes, los muñecos de la tele, los dantzaris y la banda municipal tocando un villancico a ritmo de pasodoble. Sólo falta que aparezcan los perfusivos y ya hay que huir despavoridos al exilio. Menuda ensalada.

Todo esto lo refiero de oído, claro, porque de unos años a esta parte me niego a asomarme a la ventana bajo la cual tengo la desgracia de que pasen con pasmosa lentitud, por lo que visualizo la estampa de manera sonora. Concedamos, por tanto, el beneficio de la duda a que ya no salgan las majorettes (principales responsables en su día de mi voluntario absentismo definitivo del evento junto a alguna ofensa más a la sensibilidad de la cual ya sólo conservo un eco rancio) y de que a alguna mente creativa se le haya ocurrido una idea de buen gusto. Pero dónde está aquí la magia, a ver. Dicen que la ilusión de los niños les hace ciegos a la fatal evidencia. Pues yo debí ser un niño muy rarito, porque siempre miré a los Reyes Magos con profundo recelo y desagrado. Además, los niños de ahora son demasiado listos, lo que pasa que se callan para disimular y asegurarse la Playstation, que ya se ha convertido en juguete básico de la infancia usurpando el lugar que en su día ocupó, ingenuamente, la Magia Borrás, el Cine-Exín y los Juegos Reunidos Geyper. Y para colmo luego te enteras de que los reyes no son los padres, sino las madres (al menos, así lo asegura mi amigo Rafael). Me da a mí que este trío tiene poco futuro pero ellos verán.