Archivo por días: 27 diciembre, 2005

Ojos

Joseph RatzingerEstoy leyendo la desconcertante y estimulante novela “Caja negra”, de Pablo Sánchez, que empieza diciendo que “el gran misterio de la vida no es, desde luego, la existencia de Dios. Después de Auschwitz, ese enigma se desvaneció”.

(Yo tiendo a pensar que Dios es otra cosa aunque desde pequeñito los curas y las monjas han hecho grandes esfuerzos por quitarme la idea de la cabeza)

Por si quedaran dudas, hoy nos hemos enterado de que “no es el Espíritu Santo el que dicta a los cardenales el nombre del Papa. La frase no viene en la novela de Pablo Sánchez, sino que fue dicha en 1978 por Joseph Ratzinger, entonces inquisidor, hoy Papa. Al menos, el tipo es sincero en algo.

Recuerdo que la tarde en que a todos se nos quedó la boca abierta ante la tele cuando su nombre fue dicho, solemnemente, por los micrófonos un nubarrón cubrió el cielo de Roma y un viento borrascoso recorrió la plaza de San Pedro alborotando los hábitos de las monjas que lloraban, no se sabe si de emoción o de espanto. Después, alguien dijo muy serio que, desde luego, Dios no había elegido a ese Papa y semanas más tarde, otra voz menos seria dijo con criterio estético de corte frívolo que hasta el uniforme le sentaba fatal. Hay a quien no le sienta nada bien el blanco.

Hoy cuenta Juan Arias en el periódico que un cardenal brasileño, rompiendo un pacto de silencio muy del gusto vaticano, ha revelado las artimañas de Ratzinger para hacerse con el puesto y, al parecer, entre ellas estuvo la de hacer correr la voz de que su rival sufría de Parkinson. Es conmovedora la caridad cristiana de algunas personas, que tanto se preocupan por la salud del prójimo y le procuran descanso ofreciéndose a cambio para hacerte un favor. Se suele decir que la cara es el reflejo del alma. Yo, desde luego, no veo a Dios en la mirada oscura de este hombre que se escuda con su mano enjoyada tras el defensor de los desheredados.