Archivo por días: 23 diciembre, 2005

Columna

Volvía a la tarde en el tren y por las ventanillas no se veía nada por la niebla cuando sonó el móvil. Llamaban de una emisora. Me explicaron que, por costumbre, al final del informativo de la semana viene una columna, a modo de epílogo, como pasa en la última página del periódico. La columna la ocupa cada semana alguien distinto para exponer, en 30 líneas, un comentario político, una reflexión sobre un asunto social o … (no me enteré de más porque aquí se fue la cobertura). Volvieron a llamar. Pues eso, que la columna. 30 líneas. Lógicamente, que tras la explicación viniera el correspondiente encargo no me sorprendió pero sí me entró cierto agobio por varias razones: por no saber qué decir, por sumarle 30 líneas a las 4 manos de Ravel (demasiado estrés para estos días) y porque decirles que no, que era la salida más fácil, me daba rabia porque siempre se portan muy bien conmigo. Si yo tuviera que llenar 30 líneas no hablaría de política y cosas así, te arriesgas a que me salga un elogio de la luz de las 6 y 20 en Noviembre, tú verás (le dije). Es que eso es lo que quiero, algo distinto para terminar el año. ¿Para cuándo? Para ya.

(silencio)

Pues vale. Pues gracias.

Saqué del bolsillo del abrigo una libreta pequeña que llevo siempre y empecé a tomar notas sin pensarlo mucho. Al principio, la columna me salía torcida por el vaivén del tren pero aprovechaba las paradas para reforzar las paredes. Cuando llegué a casa ya me estaba esperando el técnico al otro lado del teléfono para hacer la grabación, así que apenas tuve tiempo de quitarme el abrigo y dejar las bolsas con lo que Papá Noel me había entregado para los sobrinos.

La pongo aquí para que lo que en ella se dice valga para todos. En la grabación no se nota, pero tengo la punta de la nariz helada.