Archivo por días: 22 diciembre, 2005

Aria

Hoy he asistido a un concierto y he escuchado a una niña de 11 años cantar un Aria de una Cantata de Bach. Ha sido una revelación. Sacudido por una fuerte emoción he comprendido, de pronto, que las Cantatas necesitan de los niños. No se trata de una razón purista (que en música suele producir sinrazones bastante impuras) por el hecho de que fueron niños quienes cantaron, en vida de Bach, esas piezas. A menudo oímos comentarios del tipo: “y pensar que Bach tuvo que componer para aquellos pobres niños desnutridos de la Escuela de Santo Tomás que tanto deslucían sus obras…”, pero hoy me he dado cuenta de que si Bach escribió “eso” y de “esa” manera quizá fue porque vio con claridad lo que yo apenas he conseguido entrever esta tarde al mirar los ojos de esa niña y la expresión de su cara y que, aún así, me ha conmovido tanto: la expresión y la mirada de estupor de quien se siente sobrepasado por aquello que, sin embargo, nace de sí mismo; el pasmo de sentirse instrumento portavoz de un misterio desconocido y al mismo tiempo y quizá por eso recreador de su hermosura. Mirando esos ojos, y por una razón que no sabría explicar, que la garganta tenga telarañas y la afinación se resienta en los intervalos amplios deja de ser una impureza para pasar a ser puro gozo, elemento imprescindible e inseparable del conjunto que armoniza en perfecta consonancia con él como la rúbrica que confirma el milagro.