Motivo

Ha terminado esta noche la serie “Motivos personales”, que nació con pretensiones modestas y se convirtió en un éxito inesperado para la propia cadena. Yo no he podido seguir con regularidad las intrincadas peripecias de este rompecabezas de traiciones, asesinatos, acertijos y manos negras por doquier, pero desde el primer instante, me llamó mucho la atención el excelente motivo musical principal de la banda sonora, verdadero “motivo personal” puesto que actuaba de leit-motiv ambiental que envolvía a la trama dotándola de su peculiar atmósfera:

Su construccíón es tan sencilla como interesante: en el transcurso del diseño melódico, el motivo principal de cuatro notas (señalado en el ejemplo entre corchetes) ya es sometido a elaboración mediante una técnica de desplazamiento métrico. ¿En qué consiste esa técnica? Pues muy sencillo: en repetirlo a continuación cambiando la acentuación de las notas. Un compás tiene dos pulsos: el primero es fuerte, el segundo es débil. Pues bien, aquí las notas no cambian, son idénticas, como se puede comprobar a simple vista por la semejanza de la grafía aunque no se disponga de conocimientos musicales, pero lo que en el modelo principal suena en parte acentuada (marcado con una cruz roja), en la repetición lo hace en parte débil (marcado con una cruz verde). Y viceversa.

La técnica es de uso básico desde la noche de los tiempos pero me pareció significativo que este procedimiento tenga lugar en el tema principal de una serie en la que el trueque, el puzzle, la trampa y el retruécano, han sido sus señas de identidad.

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