Archivo por días: 23 noviembre, 2005

Frío

A mí el frío me revive, qué quieres que te diga. Se desploman los termómetros y yo me vengo arriba. Hoy sopla viento fuerte del Norte y la atmósfera está tan limpia que los contornos de las cosas se ven perfectamente definidos en el horizonte. Ayer, como quien dice, estaba por los suelos y esta mañana ensayábamos el Ravel a cuatro manos en plena forma y con la cabeza despejada. Por la ventana se veía el suelo del jardín cubierto de hojas doradas que hemos incorporado al bosque encantado que transitamos entre teclas blancas y negras y en el horizonte, la cumbre del Moncayo se nos mostraba rebosante de nieve, como si estuviéramos en Enero.

Ayer a la caída de la tarde me di un paseo por las afueras, bien abrigado pero sintiendo el frío en la cara, que es lo que me gusta. ¿Vas a pasear con este tiempo?, me dijeron en el portal las vecinas que llegaban encogidas, no sé si por el frío o por mi decisión. Pues si, a pasear. El cielo del atardecer no tiene desperdicio y en la vertical del monte puede verse un punto luminoso muy brillante: es Júpiter. Lo sé porque me dio por coger el móvil y llamar a mi amigo Javier, que de estas cosas sabe mucho, y le pregunté qué era eso que se veía encima del Moncayo y él me lo dijo: es Júpiter. Y yo me quedé como embelesado hasta el punto que le oí por el teléfono preguntarme si seguía allí y entonces yo reaccioné y le dije que sí, pero es que era Júpiter y él me dijo que ya lo sabía.

De paso también llamé a Gloria, que era su cumpleaños. No me puedo olvidar de eso porque los cumple el día de Santa Cecilia, patrona de los músicos. A mí nunca nadie me ha felicitado ese día (a lo mejor es que no se felicita o es que saben que a mí estas cosas que lleven el Santo delante me ponen malo) pero yo sí que felicito a Gloria, que ella sí que es una santa de las buenas. Resulta que estaba con Gloria hija a su lado y Gloria hija es una debilidad que tengo yo, y si lo digo aquí es porque ella dice que me lee pero yo sé que no. Gloria madre me dice que soy un puñetero porque soy muy misterioso y le fastidia no saber cuál es el misterio (a mí también me fastidia no saber cuál puede ser ese misterio que se supone que tengo, que conste) y Gloria hija vino un día a que le diera clases particulares de piano y se me abrió el cielo cuando me enteré que trabajaba en la UCI del hospital; imagínate, el colmo de un hipocondriaco: tener una alumna que trabaja en la UCI de un hospital. Tiene su morbo porque le puedes preguntar sobre las enfermedades raras que han salido en el último capítulo de “Urgencias” o sobre tus propias sintomatologías.

La última vez que nos vimos fue en un concierto que tenía que presentar yo. Estaba esperando a una amiga (ella, Gloria hija) y yo salía con la americana puesta cuando la ví. Me pregunto que a dónde iba (¿a dónde o adónde?) y yo le dije que a por una chocolatina y un botellín de agua. Pues te acompaño. Pues muy bien. En los escasos metros que nos separaban de un bar cutre, pero cutre-cutre, le conté un par de síntomas extraños observados recientemente y ella me dijo como en tono de letanía: “es normal, es benigno”. Lo dijo dos o tres veces y luego se reía a pesar de que yo puse la rúbrica al comentario: “de momento”. Y es que Gloria me conoce muy bien. A las personas las conocemos por capas, como si fueran una cebolla. Quiero decir que a veces penetramos en dos capas, o en tres, o nos quedamos en la piel. Por ejemplo: mucha gente piensa que yo soy un hipocondriaco; mucha menos gente sabe que tras la fachada de hipocondriaco se esconde un tipo irónico. Pero creo que sólo Gloria hija sabe que tras la fachada de hipocondríaco se esconde un tipo irónico tras el que se esconde un hipocondríaco asustado, aunque ella ya me lo dijo un día muy seria: tú no eres hipocondríaco, emejota, eres fatalista, te lo digo yo.

Bueno, pues seré fatalista, no me voy a poner ahora a discutir, pero de todos modos yo no sé por qué hemos tenido que llegar a parar aquí si de lo que se trataba era de felicitar a Gloria madre y lo de Gloria madre ha venido por la visión de Júpiter sobre la vertical del Moncayo nevado y a su vez eso ha venido porque ayer decidí darme un paseo al atardecer justo cuando las vecinas venían medio entumecidas a buscar refugio en la calefacción de la comunidad de vecinos y me miraban medio asustadas por mi decisión. Pero es que a mí el frío me levanta en el aire, me carga las pilas, me pone, qué le vamos a hacer y eso es de lo que venía a tratar este post, que para eso se titula como se titula. Se me olvidaba decir que el frío también me suelta la lengua. Pero no creo que se note demasiado. Digo yo.