Archivo por días: 18 noviembre, 2005

Desconocido

El Chaplin desconocido Si me pidieran una lista que recogiera los libros, discos o vídeos raros más ansiados, esos que una vez tuviste y que perdiste en algún préstamo (ay, esos préstamos) o esa película que viste cuando ni siquiera había video para llevártela debajo del brazo, mi lista de deseos estaría encabezada, sin dudarlo, por la magnífica serie documental “El Chaplin desconocido”, que elaboró la británica Thames TV allá por los 80 y que tan hondo impacto me causó en mis años de adolescencia.

Pues mira tú por dónde que los amables señores de Amazon, tan hábiles ellos en el trato con el cliente para que no se les escape sin que se note, me acaban de enviar un e-mail diciéndome que como comprador el año pasado de cierta porción de celuloide rancio quizá me interesaría saber que el próximo día 29 sale en dvd “The unknown Chaplin” y he dado un salto de alegría.

“El Chaplin desconocido” era un meticuloso trabajo de los historiadores Kevin Brownlow y David Gill tras haber recuperado miles de metros de celuloide, la mayor parte en estado de putrefacción, lo que daba a la cosa un aire aún más clandestino si cabe, un carácter casi espectral a las alucinantes imágenes que se entreveían y que según Chaplin nunca deberían haber salido a la luz. Mostraban las tomas falsas de secuencias míticas, lo cual no deja de ser algo muy atractivo pero no lo mejor, ni de lejos, que lo que venía a continuación. Porque se mostraba ante los fascinados ojos del espectador el proceso de la progresiva transformación de las secuencias a cada repetición, añadiendo detalles, suprimiendo cosas, variando elementos, que revelaban a las claras la enfermiza obsesión perfeccionista de Chaplin hasta alcanzar la toma ideal.

El título del trabajo, dividido en 3 capítulos, no podía hacer más justicia al contenido, desde luego, porque lo mejor era contemplar a un Chaplin del todo distinto al que luego veíamos en la toma definitiva. Recuerdo, porque se me quedó grabada en la memoria, la imagen de Chaplin sentado en el decorado nevado de “La quimera del oro” en un momento crítico del rodaje, a punto de suponer el colapso de la película; se le ve solo en la nieve, apartado, con el rostro descompuesto, tenso, oscuro, y la cosa impresionaba todavía más dado que aparecía en aquella imagen caracterizado de su amable personaje. La sensación era muy extraña: era como ver un ser hundido, demacrado, un ser derrotado y vencido con la piel de un inocente payaso.

El documento no tiene desperdicio. Yo ya lo he tachado de la lista y he hecho una reserva. Por cierto que la portada es horrorosa.