e-mail 17 noviembre, 2005
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Glenn Gould, Música , 2 comentarios , trackbackAlguien me dijo el otro dÃa que cuando envÃas una carta deja de pertenecerte y pasa a ser propiedad del destinatario, que puede hacer con ella lo que quiera. Lo digo porque esta tarde me he encontrado un mail de una de las personas asistentes al ciclo de conferencias sobre Gould y aunque la he recibido en mi dirección personal considero que contiene argumentos lo suficientemente interesantes como para atreverme a transcribirla aquÃ, aunque sea parcialmente. Y es que el mensaje vuelve a demostrar que no hace falta “saber” de música para conocerla bien y poseer una más que notable capacidad de apreciación que permita ahondar en ella. También demuestra algo que vengo constatando, con estupor, desde hace muchos años y que ya he manifestado en anteriores ocasiones en este mismo blog: que las observaciones más agudas e inteligentes sobre Gould las he escuchado siempre de personas que no eran músicos.
Asà que, omitiendo la identidad del comunicante (a quien aprovecho para mostrarle mi agradecimiento también a través de este medio) y suprimiendo algunas cuestiones de carácter personal, he aquà un extracto de lo que he recibido:
“Buenas tardes, emejota.
Soy del segundo grupo, de ese que quedó en silencio casi religioso ayer por la tarde. En primer lugar, agradecerte el valor de lanzarte a la aventura de unas conferencias como estas. Sin tu valor, hubieramos perdido un privilegio, y sospecho que tú un sueño. Porque ha dado la impresión desde el principio que más allá de la pasión cariñosa que pones en todo lo que haces, en éstas habia mucho de ti. Asi que supongo que todos hemos salido ganando.
(…)
Ayer, viendo aquella filmación, creà comprender por qué canturreba Gould. Independientemente de sus extravagancias, (…) en Gould hay un grado de comunicación, de comunión con la música muy especial. En vez de canturrear parecia que hablara con la musica, que dialogaran ambos y de ese dialogo salÃa un virtuosismo que la arrancaba de donde estuviera encerrada, y la liberaba desde su piano para que cogiera vuelo. (…) Yo no entiendo de musica lo suficiente, pero a diferencia de otros interpretes que “interpretan”, Gould parece liberar la musica, casi como si fuera un pianista de Jazz. La diferencia es que no improvisaba, claro, pero dejaba que la musica fluyera,con las notas precisas, pero con su propio ritmo, con su propio vuelo, como si volara como humo de cigarrillo hacia el techo de la sala, ligera, grácil, feliz.
En ese Norte intimista, solitario, alejado del “ruido” de la humano, supongo que es donde la musica y el podian escucharse, comprenderse, fundirse sin interferencias.
Supongo que si fuera un melomano ortodoxo, le odiaria. Pero como sólo soy un ser humano al que le gusta la musica, Gould ha conseguido que su autenticidad, su genuina y arrolladora sinceridad, comunicara conmigo, y con él la música que ¿interpretaba? o ¿dejaba fluir? o ¿liberaba? o simplemente, surgÃa.
Un abrazo y ánimo. Estamos deseando que nos sorprendas de nuevo y nos hagas avanzar, en esta inhóspita tierra nuestra para todas estas cosas, en el camino de la sensibilidad, del reconocimiento interno, de ese camino de sentimientos que es la música.”
La carta me ha calado hondo.
Coda 17 noviembre, 2005
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios , trackbackUna vez, tras impartir un curso durante varios dÃas, se acercó una señora que se identificó como psicóloga y me dijo algo que me dio que pensar: “en estas charlas te vacÃas emocionalmente, ¿ya te ocupas de recargar las pilas después?” Le pedà más información al respecto porque ante el cansancio fÃsico todos sabemos cómo recargar las pilas, un buen sueño reparador, por ejemplo, pero me di cuenta de que no sabÃa qué habÃa que hacer para recargar las pilas emocionales. La respuesta fue poco concreta, la verdad, quizá porque cada cual es distinto; habló que a veces un paseo en silencio bastaba, o un rato dedicado a tà mismo, o qué sé yo. Y terminó diciendo: si no recargas las pilas emocionales, te vendrá un bajón. Eso ya lo sabÃa yo: me pasa siempre. Es mi particular “resaca”. ¿Lo ves?, dijo ella, pues tenlo en cuenta.
Asà que hoy he decidido tomarme el dÃa libre y dedicármelo a mà mismo. Después de pasar una temporada en el Norte se me ha ocurrido coger un tren regional para viajar al sur, a Zaragoza, rumbo a la FNAC. A comprar cd´s y dvd´s. Por el camino, Raquel me ha mandado un mensaje al móvil diciéndome que no gastara mucho, que nos conocemos. Lo ha escrito con una sonrisa, como si lo viera, a veces se ven esas cosas entre las letras. Tampoco es que uno disponga de un gran capital, ojalá fuera asÃ, por lo que no habÃa peligro, pero ha estado bien el recordatorio.
Al llegar me he dado un largo paseo, tranquilamente, porque la tarde estaba deliciosa, despejada y fresca, tan largo que deberÃa haberlo escrito asÃ: laaaaaaaaargo paseo y quedarÃa más ajustado a la verdad de los hechos. Luego he entrado en la tienda y tras pasar un par de horas arriba, abajo, y vuelta para arriba, éste ha sido el resultado de mi compra, que contiene hallazgos inesperados y emocionantes, como por ejemplo el dvd del histórico recital de Vladimir Horowitz en Moscú, recién salido del horno (por fÃn!). Luego he ojeado los nuevos lanzamientos de la imprescindible colección “classic archive” de EMI, que trae el recital de “La bella molinera”, de Schubert, a cargo de Dietrich Fischer-Dieskau acompañado al piano por Christoph Eschenbach en una grabación de 1992.
Luego me he comprado el “Cuento de Verano” de Rohmer, que faltaba en la colección, y “Charlie y la fábrica de chocolate”, de Burton, que me ha recordado las risas de Belén en el cine. Y ahora que no se rÃa nadie, ¿de acuerdo? Vale, pues ahà va: “Fantomas contra Scotland Yard”. SÃ, qué pasa. Hay pelÃculas que te marcan en la infancia… aunque luego las ves de mayor y sientes un desencanto horrible y te deprimes. Me parece que la voy a dejar sin desprecintar una temporada.
Por último, he pasado por los cd´s con la esperanza puesta en encontrar los Conciertos para piano de Ravel grabados por Monique Haas y recuperados hace pocas semanas por Deutsche Grammophon. Una vez en casa del pianista Pedro Espinosa le dije que la Haas hacÃa cosas muy bonitas en algunos Raveles y por poco me echa de su casa, con lo hospitalario que era el hombre, que te acogÃa como si fueras su hijo. Y sÃ, la Hass es un poquito de andar por casa, vale, pero sólo por lo bonitos que le salen los surtidores de agua en los “Juegos de Agua” y el gusto que le pone en algunos instantes a las piezas de “La tumba de Couperin” merece un respeto. El otro dÃa leà en una publicación lo de la aparición del cd con los conciertos y aunque confieso que me parecieron un plato quizá demasiado fuerte para la Haas decidà que habÃa que echarles un vistazo. Se han visto muchas sorpresas.
Se me ha pasado la tarde volando pero me he sentido relajado y entretenido, a pesar del soponcio que casi me da cuando en la caja registradora ha aparecido la cifra a pagar en lucecitas verdes. Al salir a la calle empezaba a oscurecer y se me ha puesto la misma tristeza en el pecho que me pesaba en los atardeceres de Barcelona cuando salÃa de las visitas del doctor Rotés, por lo que me he acordado de la psicóloga y de su comentario y de que todavÃa debo tener la cosa emocional bailando un poco. Me he comprado un donuts, que a mà el azúcar me “pone” y un botellÃn de agua. En el tren me he quedado dormido (eso también es un poco raro) pero me he despertado tan fresco, oye, asà que aquà me tienes de lo más parlanchÃn, sin haber sacado siquiera la compra de la bolsa. Tengo un mail esperándome con el tÃtulo “gould” que me intriga y que voy a leer enseguida, en cuanto me de una ducha.