Archivo por días: 12 noviembre, 2005

Colega

Quede constancia de que esta mañana, a eso de las once y media, servidor se encontraba detenido ante el escaparate de una librería dando la bienvenida con la mirada a la nueva novela de Manuel Vicent cuando ha sentido una palmada en el hombro y se ha dado la vuelta. Plantado ante mí, con media sonrisa, es decir, sonriendo sólo de un lado, una boca recta que de repente se curva hacia arriba a la derecha, las manos en los bolsillos y la mirada entrecerrada, como quien mira de lejos o no ve bien, estaba el ínclito Adolfito, de los tiempos del colegio. Después de cuántos, ¿20? ¿22 años? el destino ha querido volver a juntarnos ante la novela de Vicent, cuyo título, por cierto, se me ha olvidado por la sorpresa del encuentro. Como me considero una persona afable y cordial le he dicho que me alegraba de verle y qué cuánto tiempo hacía, madre mía, y que cómo le iba. Que sea cordial no quiere ser que sea original, qué le vamos a hacer.

El ínclito Adolfito me ha mirado de arriba abajo y curvando todavía más la sonrisa del lado derecho, al punto de convertirla en algo grotesco, ha respondido: “a mí me va de puta madre pero tú seguro que estás hecho polvo como siempre, ¿no?”. Ante ciertas cosas uno necesita siquiera de unos segundos para asimilar y decidir el siguiente paso a dar pero es que, sin darme tregua y mientras me hacía un nuevo barrido con la vista de arriba abajo ha soltado lo siguiente: “al menos tendrás dónde trabajar, ¿no?”.

En ese momento me he dado cuenta de dos cosas: la primera, que la cordialidad me había abandonado huyendo a esconderse en algún lugar remoto y la segunda, que no así mi capacidad de asombro, que permanecía fiel junto a mí, como ha quedado de manifiesto tras escuchar la tercera andanada de Adolfito: “por lo menos te podrás entretener algo con lo de la música porque tú sigues con la chorrada esa de la música, ¿o no?”. Al fin he podido hacerme un hueco en el interrogatorio, que ya era hora porque casi me perforo el labio inferior con los dientes y justo cuando abría la boca ha llegado la perla final: “oye por cierto, ¿lo tuyo es de morirte? Es que no me acuerdo”. Al fin he hablado para responderle que ni puta idea si lo mío es de morirme pero que seguro que lo suyo es de nacimiento. El trozo de sonrisa ha desaparecido fulminantemente del rostro del ínclito Adolfito y mostrándose ofendido me ha soltado que “vaya, tio, que tampoco hay que ponerse borde, ¿no?”, y se ha marchado todo digno.

Hay que joderse.