Trance 25 octubre, 2005
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Música
James Akers se crió en una granja sin electricidad en algún lugar recóndito de Escocia y un buen dÃa apareció en Londres portando en sus manos una tiorba. El destino ha querido que esta tarde, a eso de las 5, entrando en la sala donde iba a tener lugar el concierto, me lo haya encontrado ensimismado haciendo sonar armonÃas de cristal de una miniatura de Kapsberger.
Yo llegaba con el pulso acelerado y la pesada carga a cuestas de un dÃa muy duro y encontrarme con la música callada que brotaba de esas manos y ese gesto sereno ha supuesto para mà una fuerte impresión. Me he sentado discretamente en una fila conteniendo el aliento y entregado por completo al hechizo de esos acordes sostenidos en el aire en el instante justo en que te hieren de hermosura, de esas notas solitarias que se deleitan en la reverberación del aire, o quizá sea al revés, que se dirÃa casi que es el aire el que las acoge con toda la ternura posible. La música nacÃa mansa de unas manos que se movÃan con apacible soltura y una leve sonrisa parecÃa dejarse entrever en el rostro de Akers, cuya mirada se encontraba fija en un lugar muy lejano. Por un instante he sentido pudor por interrumpir una escena de tan intensa intimidad e introspección. Pero justo en el corazón de la obra ha surgido el raro instante en el que sientes la presencia de esa sencillez prodigiosa que emana de lo puro, que asà es como se manifiesta la perfección, la hermosura destilada, el misterio que te borra las palabras y te obliga a abandonarte a merced de un tiempo que parece detenerse en un milagro perpetuo que desearÃas que no terminara nunca.
Sorprender a Akers en el silencio de la caÃda de la tarde en un momento de instrospección ha sido una de esas suertes raras, acceder a un estado de trance que compartes con el poeta en estado de gracia y del que despiertas sabiendo que, repetido otra vez, no será nunca igual. A pesar de eso, dos horas después, la interpretación de Akers ha requerido, al terminar, unos momentos de silencio en la sala abarrotada, que hay momentos en los que sobran las palabras y lo que necesitas es dejar posar la magia del regalo mientras alguna garganta carraspea para deshacer el nudo de la emoción.
No ha sido el único hallazgo de un dÃa que quedará para siempre en el recuerdo: la portuguesa Barbara Barros, de la hornada del Giardino Armonico, ha desplegado una energÃa torrencial demostrando que es una de esas intérpretes que sabe que la partitura no es un texto sagrado e inmutable, sino un principio, un plano referencial, un punto de partida al que poner inventiva y fantasÃa, siempre que se posea, claro, que se ven atrocidades por ahÃ, aunque a esta violinista, que no ha querido silla para poder expander de pie sonrisas y movimientos compulsivos de un arco frenético, la inventiva, la fantasÃa y la sabidurÃa le sobran.
Y Miguel, pamplonés afincado en Londres, responsable de esta combinación quÃmica, interlocutor ideal en mi diálogo ante el público, que uno es polifónico pero no polÃglota, hombre inteligente y generoso que, como cellista, siempre logra sacar el lamento justo de esa figura imprescindible y maravillosa de la polifonÃa que es el retardo, de la que tanto habrÃa que decir y de la que tanto hay que sentir.
Dicho lo anterior, creo que añadir cualquier otra cosa está de más.

Comentarios»
Querido emejota, ya ves qué horas para leerte y venir a buscar la impresión del concierto. De corazón, estábamos ahà todos tus cuates blogueros. Un beso para Raquel también, y para ti, por supuesto.
Buenos dÃas a todos. Yo sólo llegué a “La Follia” y aunque Barbara no estaba muy contenta con el resultado técnico de la pieza hay algo que me dijo que me encantó. “¿Sabes? Follia ha estado un poco floja pero me lo he pasado muy bien. Es lo importante. Mañana estudiaré pero cuando tocas hay que disfrutar si no ¿para qué?”
Tiene toda la razón del mundo. A veces nos comemos tanto la cabeza pensando en que vamos a desafinar, fallar… que nos olvidamos de que hacemos algo que no entusiasma.
Asà que, yo poco vi pero disfruté la verdad de esa energÃa.
Luego más.
Corrección de la anterior jajajaja que torpe soy
“que nos olvidamos de que hacemos algo que NOS entusiasma”
Qué increÃble, Mariano! Me hubiera encantado estar ahÃ, cuánto lo hubiera disfrutado!!!
Un fuerte abrazo!
=)
Muchas gracias Gabriela! Vaya madrugón. Me ha hecho mucha ilusión saber que estábais ahÃ, de alguna forma.
Un beso!
Diana, tú lo has dicho: lo de esta gente fue de las cosas que rara vez se ven. Una auténtica delicia, de principio a fin.
Otro fuerte abrazo para tÃ!