Planeta

Hoy me ha tocado ir a ver a un hombre de negocios, como al Principito. Su planeta era una mole de cemento y metal y cuando he abierto la puerta el olor húmedo del otoño ha dado lugar a un olor a ambientador que se esforzaba por tapar el olor de la nada. Una señorita muy amable me ha pedido que esperara en una salita donde sonaba una música tenue de sala de espera, con la tristeza que me da esa música a mí, que ha nacido condenada a no ser escuchada, y por la puerta entreabierta he empezado a ver cosas inquietantes: un señor se paseaba arriba y abajo gesticulando con sendos teléfonos en los dos oídos y otro señor tenía la cara congestionada por el nudo de una corbata carísima. La fauna de ese planeta era muy extraña.

Al poco ha sonado un timbre, que en el lenguaje de ese planeta significa que ya puedes pasar, que subas al 5º y que el ascensor está allí. Gracias. Cuando la puerta metálica del ascensor se cerraba he visto de refilón las hojas doradas de los árboles adornando la acera y cuando se han vuelto a abrir me he encontrado en una estancia enmoquetada llena de cuero, figuritas de cuarzo y otros diseños de metacrilato. El hombre de negocios esperaba sentado a su mesa. Buenos días. Buenos días. Escrito suena igual pero escuchado cambia mucho. El apretón de manos casi me la descoyunta pero he intentado que la sonrisa no se me descolgara del lado derecho del labio. No ha ayudado mucho ver que la pared de enfrente era en realidad de cristal y que la ultramoderna persiana de tiras de plástico horizontales dejaba entrever a otro hombre de negocios afilarse el colmillo con una lima.

Como estaba muy nervioso en aquel planeta tan extraño, me he acomodado en un sillón carísimo y he cruzado las manos sobre una mesa igual que la de los telediarios intentando aparentar normalidad, respirando profundamente y pidiéndole a la ceja que ayudara a poner interés. El hombre de negocios tenía delante de él un papel en el que un rato antes había estado sumando números muy largos. Yo habría dibujado un cordero pero es que no sé dibujar. Lo de la boa que se traga al elefante no te digo que no; total, parece un sombrero. El hombre de negocios me hablaba de usted y por eso al principio me costaba creer que se dirigía a mí y lo hacía con una voz tan fuerte que ha conseguido intimidarme de tal forma que a lo largo de la conversación no he podido evitar cometer el desliz de pronunciar dos veces la palabra “corazón” y una la palabra “sendero” y él, a cambio, ha empleado tres veces con severidad la palabra “presionar” y algún que otro “sin contemplaciones”. Y entonces le ha sonado el móvil por décimo cuarta vez. Yo me he preguntado si sería el hombre de los dós móviles el que llamaba y si estaría utilizando el de la oreja derecha o el de la izquierda.

Un timbre muy dulce ha sonado en alguna parte (era un re, seguro, que lo traía fresco de casa) y al parecer eso significaba que ya había que terminar la conversación para poder seguir sumando números y, levantándose apresuradamente, el hombre de negocios ha vuelto a darme un apretón excesivo acompañado de una mirada de hielo. Yo me he puesto la cazadora algo intimidado mientras observaba, de refilón, los triunfos de caza colgados en la pared. Por un instante he pensado en volverme de la puerta y preguntarle si el precio de tantos millones vale perderse la luz de las 6 y 20 en septiembre, decubrir que todos los niños crecen (excepto uno), saborear un verso llenos de uves y eses o darte el gusto de hablar del tiempo con la vecina en la puerta del ascensor. Pero para entonces ya estaba de espaldas con una mano en el bolsillo hablando con el tipo de los dos móviles y empleando una retórica de plástico del todo incomprensible.

Así que me he dirigido apresuradamente al ascensor con la esperanza puesta en que la puerta de metal se abriera pronto para mostrarme de nuevo las hojas doradas de la acera con su promesa de aire y olor. Le he dicho adios a la señorita amable al tiempo que he descubierto que mantenía la misma posición amable que cuando me ha recibido amablemente. No me ha quedado otro remedio que volverme corriendo a mi asteroide a cuidar a mi rosa, sentarme en mi silla a ver la puesta de sol y a intentar recuperarme del espanto, que todavía me dura. Hay mundos muy raros por ahí.

11 pensamientos en “Planeta

  1. Nadia

    Caray. Espero que el hombre de negocios no lea el post de tu blog, porque si no, adios negocio con él :D. Has tenido suerte de no haber estado demasiado tiempo en ese planeta y regresar rápido de nuevo a la vida sencilla del tuyo. (Los demás también hemos tenido suerte de que hayas regresado de nuevo con nosotros sano y salvo de ese lugar :)). Lo peligroso hubiese sido que tu nave se hubiese estrellado alli, y te hubieses tenido que quedar en ese sitio tan frio para siempre. He oído que a mucha gente le ha pasado y se ha terminado convirtiendo en uno de ellos… ;). ¡Uf! Voy corriendo a tomarme la pastilla azul…¿o era la roja? :D

  2. Antonio Bricio-Hernández

    Es interesante visitar los mundos de otros, mi estimado emejota. Tu post me lo ha hecho ver más claro que nunca.

    Espero tener la suficiente inspiración para contarte el mundo tan rar que frecuento.

    Saludos.

  3. emejota

    Querida Nadia: creo que los hombres de negocios no pierden el tiempo leyendo textos que no generan beneficios. El tiempo es oro, ya sabes. Y para algunos lo que importa es el oro, y no el tiempo…

    Saludos!

  4. emejota

    Querido Antonio: tienes razón, es interesante hacer incursiones en otros mundos, aunque sea para constatar que no son los que uno habitaría.

    Como eres un hombre con sensibilidad, estoy convencido de que sabrás contar muy bien los mundos que frecuentas.

    Un saludo!

  5. Diana Carolina

    Parece que esos extraños e impersonales planetas de los que hablas se están reproduciendo. Me desconcierta ver cómo la gente presta atención a otros intereses mientras que las relaciones humanas se van perdiendo. Qué comunicación ni qué nada, ya no hay tacto.

    Será que mientras la tecnología se ‘sensibiliza’ y crece, los humanos se estén robotizando?

    Qué miedo!

    Comparto lo que dices de la música ambiental, vaya forma de vivir en el olvido. Sin embargo, lejos de la tristeza me daría coraje que tuvieran de fondo a mi amado Mozart, por ejemplo. Tal vez sea mi neurosis, pero confieso que me enfurece que la gente menos debida (a mi parecer) escuche tan apreciada música o digan ‘nombres’ cometiendo un sacrilegio. Insisto, es mi neurosis.

    Mientras tanto, querido Mariano, espero que esos fríos artificiales no nos congelen el corazón =)
    Un caluroso abrazo!

  6. Gabriela

    Querido emejota, hay que ver lo que tienen que perseverar los corazones… Yo solamente te digo ¡cuánto me alegro de que hayas vuelto a tu minúsculo planeta a cuidar de tu rosa!
    Muchos besos.

  7. emejota

    Querida Diana:

    Has planteado una cuestión clave: mientras la tecnología se “sensibiliza” los humanos nos estamos robotizando. Es verdad: qué miedo.

    La música ambiental vive en el olvido. Con tu permiso, voy a apuntar esa frase para usarla, porque me ha gustado mucho. Hubo un ilustre periodista excéntrico que cuando salía de casa dejaba puesta música y al llegar la quitaba. Decía que así se la encontraba ambientada. Lo curioso es que la gente lo oía y se lo tomaba en serio cuando yo siempre quise ver en ese gesto suyo una ironía mordaz sobre el uso de la “música ambiental” (al menos eso espero de un tipo inteligente como era él!)

    Gracias por la comunicación entre bambalinas de ayer :)

    Un abrazo

  8. emejota

    Querida Gabriela:

    es que si no perseveran los corazones ya me dirás… Cada vez me dan menos ganas de salir de mi pequeño planeta. Me pasa como a Gould, por eso le puse este nombre al blog. Lo que pasa es que Gould era mucho Gould y yo sólo soy un observador de puestas de sol y alguna otra cosa más.

    Un abrazo

  9. Anonima

    Hola Chicos:

    Soy algo más positiva que vosotros,tengo la suerte de conocer personas que se mueven por sentimientos y no por el oro ¿ no os parece que aqui estamos unas cuantas ?Besazos a todos

  10. emejota

    Hola anónima (aunque tu voz, mira por dónde, me suena):

    No, si no es que no seamos positivos; en realidad, los sentimientos son de oro. Los negativos son ellos que no le ven el sentimiento al oro, no crees?

    Saludos.

  11. Diana Carolina

    Mira qué buena puntada la de este periodista, seguro que era ironía, me ha hecho reír =)

    Y hablando de ambientes mi estimado Mariano, me gustaría mucho conocer tu opinión sobre la música de Eric Satie, la que él mismo definía como ‘música mobiliaria’. Sus Gymnopédies y Gnossiennes son de mi agrado.

    Saludos y un fuerte abrazo!
    =D

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