Archivo por días: 11 octubre, 2005

Travelling

Últimamente, el cartero no para de darme alegrías con esos sobrecitos que me trae conteniendo los dvds que pido por Internet a los USA (mi vicio secreto). Yo los recojo como quien recibe una documentación secreta, mirando de reojo hacia la puerta del vecino. Me acaba de entregar en mano el pack “The Hammer Horror Series”, que recoge algunas de las joyas de la etapa dorada de la mítica productora inglesa.

Sé que es arriesgado abrir la caja a plena luz del día, teniendo en cuenta que lo primero que te encuentras es la espléndida “Brides of Dracula”, pero es que estaba impaciente por comprobar que lo que decían las reseñas era cierto: que los técnicos han conseguido meter 8 (8!) películas en dos discos de doble cara en un alarde de compresión porque la calidad de imagen es soberbia (nota: la comprensión de lo de la compresión es una de mis asignaturas pendientes). Una vez hecha la comprobación he vuelto a meter los discos en la caja y la he cerrado a cal y canto.

Hasta la noche.

Mi mayor interés por el pack reside en que contiene varios trabajos importantes de Terence Fisher, director por el que profeso un gran cariño. Hay quien colecciona sellos, yo colecciono Fishers. Fisher fue un caballero que conocía a fondo su oficio y lo ejercía con elegancia y habilidad. De Fisher me gusta cómo utiliza su talento para sortear las deficiencias de la producción, cómo aprovecha los decorados, su utilización del fuera de campo, en fin, muchas cosas, entre las que no hay que olvidar su papel de padrino oficial de esa pareja genial, Christopher Lee y Peter Cushing, persiguiéndose crucifijo en mano por los corredores y salones del castillo de Drácula.

Hay una secuencia de “Horror of Dracula” que suelo utilizar en clase. Me interesa hacer comprender a mis alumnos que están aprendiendo un lenguaje (el musical) y que su meta no debe ser únicamente la adquisición de sus fundamentos sino que deben aspirar a descubrir las posibilidades expresivas que pueden derivarse de su utilización. Les animo a que busquen. En la secuencia a la que me refiero, Fisher nos alecciona sobre ello haciendo recaer el peso dramático de la escena en un simple travelling de la cámara. Un travelling es un desplazamiento de la cámara en el espacio, así que como este blog no se mueve se va a perder la mayor parte del efecto. Pero la cosa va más o menos así:

Jonathan Harker llega al castillo de Drácula. La verdad es que, más que un castillo de Drácula parece un Mesón manchego, pero ya he dicho antes que Fisher está a costumbrado a lidiar con ese tipo de limitaciones en la producción. Si observamos bien, veremos que la cámara recibe a Harker en el lado opuesto de la estancia:

Esto es llamativo: en lugar de acompañar al personaje en su recorrido por la estancia, es decir, avanzando con él de izquierda a derecha, el movimiento de la cámara va a ocurrir en sentido contrario, desplazándose de derecha a izquierda:

Las razones de este procedimiento son dos: por una parte, Fisher consigue con una sola (y elegante) toma mostrarnos la totalidad del escenario que se abre ante los desconfiados ojos de Harker y que, en manos de otro director, habría requerido de varias tomas en diferentes angulaciones.

Pero lo más importante de todo, el matiz que me interesa hacer ver a mis alumnos, es que con un simple movimiento de cámara, procedimiento básico en el vocabulario fílmico, Fisher consigue imprimir a la escena su fuerza dramática: lejos de acompañar a su personaje en estos momentos de tensión, opta por distanciarse de él (obsérvese la importancia de la columna que se interpone entre el personaje y la cámara y que acentúa precisamente la idea de distancia). Fisher sabe que el espectador sabe (porque conoce de sobra la novela sobre la que se basa la película), que Harker no va a salir vivo de allí. Y Fisher opta por abandonarlo a su suerte.

Esta noche, una de vampiros.