Archivo por días: 10 octubre, 2005

Desayuno

Desayuno de trabajo con Eva y Cola-Cao para empezar la semana.

Tenemos muchos compromisos a la vuelta de la esquina. El primero de todos, la nueva edición del Ciclo de Música de Cámara. Organizarlo es complejo (coordinar agendas de los músicos, contactar con patrocinadores, organizar rueda de prensa), pero es un formato en el que me siento muy cómodo: dispongo a los músicos en un entorno poco convencional y me siento a dialogar con ellos con el público de testigo. Lo que pasa es que en vez de estar sentados ante un café lo hacemos ante el atril y con los intrumentos en las manos. Ejerzo de mediador entre los músicos y el público, que tiene oportunidad de asistir a momentos que, por lo general, pasan desapercibidos, como, por ejemplo,la afinación de los instrumentos mientras explicamos el proceso y su importancia y atendemos a la scordatura del cello barroco por exigencias del guión o mimamos a la tiorba colocando las piezas del programa de manera que su voz no se resienta demasiado.

Luego tocamos una melodía con un violín barroco y después la misma con uno moderno y casi que sobran las palabras. Y entonces hablamos de lo que se va a tocar. Dado que los músicos suelen ser parcos en palabras, me interesa sonsacarles cosas acerca de cómo han abordado su trabajo, sobre la estrategia para afrontar las obras, que de dar las pinceladas al argumento de las piezas ya me encargo yo. Y finalmente suena la música: no más de 30 minutos. Para cuando eso ocurre, el público ha establecido una conexión y una complicidad tanto con los músicos como con las obras. Y funciona.

Este año, el hilo conductor es la idea del contraste: de las delicadezas del XVII italiano a la “Historia de un soldado” de Stravinsky, con su sonoridad de cáctus y de fábrica de metal, que va ser “historia” de verdad porque la vamos a representar. En algún lugar de este blog de cuyo nombre no me acuerdo en este momento ya dije que me toca hacer de soldado. Estos días estoy ensayando ante el espejo. Me transformo. De verdad.

El caso es que una vez terminados los asuntos de trabajo nos hemos ido hacia lo doméstico, que el cola-cao quemaba mucho y todavía quedaba la mitad. Al hilo del post Peter Pan de este blog le he confesado a Eva que yo escribí un libro sobre el Peter Pan que conocí. ¿De verdad? De verdad. Lo tengo en el cajón y ocupa 182 páginas. Lo más difícil de todo fue escribir el capítulo 9, que es el que habla de su silencio. Escribí páginas y páginas que, sistemáticamente, terminaban en la papelera, y todavía estaría ahí estancado si no me hubiera dado cuenta de que, escribiera lo que escribiera, cualquier palabra iba a ser demasiado ruido para describir un silencio tan hermético como el que, en ocasiones, se apoderaba de él (el silencio era la sombra de mi Peter Pan).

Al final se me ocurrió una idea que no aceptaría ninguna editorial. Pero como el libro no iba a publicarse, podía hacer lo que me diera la gana. Así que si abres el cajón y coges el libro y llegas al capítulo 9, leerás su título: “Su silencio”. Y te encontraras con 8 páginas en blanco, una tras otra, la primera, le segunda, la tercera, que vienen a querer transmitir, la cuarta, la quinta, la sexta, lo impenetrable de ese silencio. Luego viene el capítulo 10, donde aparece lo de la montaña que a veces está y a veces no. Creo.

Cuando nos hemos levantado de la mesa, me he dado cuenta de que a mis espaldas tenía a los Flexos con mi amiga Patricia, que es confidente de mis amores hacia la tipografía Rotis. Que yo sepa, les unen tres cosas: los tres son diseñadores gráficos, los tres son muy buenos en su trabajo y los tres son lectores de este blog. Como soy un poco cotilla, para qué negarlo, me he quedado con la mosca tras la oreja. ¿Qué estarían tramando en aquella reunión vectorial?

Por cierto, el cola-cao me ha sentado fatal al estómago.