Ritual 8 octubre, 2005
Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios , trackbackUna vez me hicieron una encuesta telefónica que trataba sobre hábitos de lectura de prensa y me preguntaron qué es lo primero que buscaba en el periódico del dÃa. Yo dije que el olor. La encuestadora me dijo si le podÃa repetir la respuesta y le dije que sÃ, claro, cómo no, que el olor. El olor del papel y la tinta del periódico es un placer exquisito y es lo primero que hago cuando tengo el ejemplar en las manos. La encuestadora dijo que habÃa un pequeño problema. ¿Con el olor? le pregunté sorprendido. No, no, dijo ella, es que eso no viene en el ordenador y no lo puedo computar. Digo yo que lo lógico hubiera sido dejar en blanco la casilla correspondiente y pasar a las siguientes preguntas pero ella se deshizo de mà en cuestión de segundos con una cordialidad ejemplar. Por lo visto, si no hay casilla para lo tuyo no vales. Qué se le va a hacer.
Me dio rabia porque me quedé con las ganas de saber si habÃa casillas para el resto de las preguntas, más que nada por saber si el ritual que realizo diariamente al leer el periódico es algo raro o no. Lo primero olerlo, ya digo. Y, por supuesto, leerlo de atrás hacia delante, como creo que hace mucha gente.
Empiezo por la columna de la última página, que es la que sostiene en pie al periódico por la retaguardia, pero siempre que los arquitectos sean Juan José Millás o Manuel Vicent. Los otros según me de. Luego paso por alto la programación de la tele pero me detengo a leer con minuciosidad, es curioso ahora que lo pienso, esa página tan pintoresca que dedican todos los periódicos a hablar sobre chismes catódicos. Las páginas de economÃa me las salto de golpe porque, además parecerme de muy mal gusto, me resultan obscenas. Y luego vienen los deportes. No siento ningún interés por las actividades deportivas, ni sigo ninguna competición desde los tiempos de Gary Lineker en el Barcelona, pero confieso que de un tiempo a esta parte me entrego a un experimento que consiste en buscar, todos los dÃas, a ver si sale una fotografÃa de un futbolista que se llama Fernando Torres para mirarle a los ojos y ver cuánto tardan los millones en cambiarle la cara. TodavÃa parece que no.
Los pasatiempos, el pronóstico del tiempo, los anuncios por palabras (que tan jugosa literatura esconden), todas esas cosas son, permÃtaseme el sÃmil musical, un pasaje episódico en la estructura general de la obra. La siguiente parada de interés es la sección de necrológicas de fiambres ilustres, porque en el fondo todos esperamos encontrar la oportunidad de soltar eso de “anda, si se ha muerto fulanito”, que suele reportar una extraña satisfacción, como bien estudió en su momento el inolvidable Luis Carandell. Yo me suelo fijar mucho en el autor de la necrológica, cuyo prestigio suele ser proporcional a la fama del finado aunque a veces terminas de leer la necrológica y te das cuenta de que el firmante está más muerto que el otro.
Ahora llega la parte más interesante, sin duda. Ese contenedor agrupado bajo el nombre “Cultura y Sociedad” en el que siempre aparece alguna sorpresa inesperada y donde yo espero todos los dÃas noticias de la Voyager 2 desde que abandonó el sistema solar, allá por el 89. De vez en cuando, su débil latido (bip-bip) suele recalar en algún breve encargado a un becario y yo lo recorto, que guardo en un álbum las fotos de su viaje al infinito desde que Rosa MarÃa Mateo anunció su salida en un agosto en blanco y negro de finales de los 70.
Lo que llega ahora son las cartas al director, que suelen ser la parte más sensata del periódico. Y, finalmente, la viñeta de Forges pone punto final al recorrido por el periódico. A fin de cuentas, sólo quedan 12 páginas de noticias nacionales e internacionales que, además de estar pasadas para entonces, no me interesan para nada.
A ver si vuelven a llamar y me acuerdo de todo.