Excepción 6 octubre, 2005
Escrito por emejota en : Asuntos propios, Libros , 22 comentarios , trackback
James Barrie y Michael Llewelyn Davies, Peter Pan, en los Jardines de Kensington (1906)
A finales del año pasado, y coincidiendo con el centenario del estreno teatral de “Peter Pan”, decidà proponerle al director del Museo de Arte Moderno de mi ciudad una conferencia sobre el autor y su criatura, a ver si colaba. Debo reconocer que la idea no fue recibida, en principio, con el recelo que yo me esperaba, pero se me pidió un pequeño informe explicativo. Nada, unas cuantas lÃneas serán suficientes, se me dijo. Me puse a ello y todo lo que se me ocurrió fue lo que sigue, que entregué puntualmente a la mañana siguiente:
Hay varias razones que llevan a un músico a evocar, en una tarde de Navidad, la imagen en sepia de un escritor y su más célebre personaje. He aquà algunas:
-Una estatua en un jardÃn
-Una ventana cerrada
-Una función de teatro (no quedan entradas)
-Un niño que se muere
-Un viejo álbum de fotografÃas
-Una isla y algunos piratas
-El 1 de agosto de 1901, por ejemplo.
-Un par de cartas escritas al revés.
HabÃa alguna cosa más en la lista pero no importa porque la propuesta fue aceptada de inmediato y yo me puse muy contento. Que un trabajo sea una suerte y un placer es un lujo que se da muy pocas veces. Soy un entusiasta del tema.La conferencia se programó el mismo dÃa y a la misma hora en que, 100 años atrás, se habÃa levantado el telón en un teatro londinense para mostrar, por vez primera, al niño que no querÃa crecer. Como le doy mucha importancia a las atmósferas, decidà dejar la sala en penumbra, iluminada tan sólo por una lamparita de luz cálida alumbrando mi mesa, que estaba colocada a un lado del escenario, y por el reflejo en sepia de las fotografÃas de la colección Barrie que se materializaban, fantasmales, en la pantalla emplazada en el centro.
Era una tarde gélida de navidad, factor que aumentó mi inquietud ante el posible resultado de una convocatoria tan arriesgada. Se llenó. Recuerdo aquella velada como algo especialmente hermoso, como si a la luz de la lumbre hubiera contado un cuento ante el silencio expectante de unos oyentes absortos. Empecé la charla de la única manera que se puede comenzar una charla sobre “Peter Pan”, diciendo que “Todos los niños crecen excepto uno”. Y lo hice porque esa frase es el elemento fundacional del mito, porque es la frase que encabeza el relato y porque me encanta la sorpresa que, inesperadamente, aguarda justo a su terminación. Pero sobre todo lo hice porque sé (porque lo he visto, porque me lo encontré un dÃa de repente) que esa frase es cierta. Todos los niños crecen. Excepto uno.