Archivo por días: 19 septiembre, 2005

Cosmos

Carl SaganRecuerdo que hace unos años, bajo la constelación de estrellas eléctricas del firmamento navideño, la noticia de la muerte de Carl Sagan salió del informativo nocturno y nos sorprendió con el mazapán en la boca. Si nacemos del polvo de las estrellas yo no sé por qué tenemos que apagarnos tan pronto.

De entre la galaxia de fascículos coleccionables que trae Septiembre a los quioscos he visto esta mañana el semblante sonriente del doctor Sagan. Editan su inolvidable “Cosmos” en dvd. Tengo desde hace unos años la edición americana, pero he comprado esta primera entrega confiando en volver a oir un rato la voz de su maravilloso doblaje. No ha habido suerte: está redoblada. Tendré que extremar los cuidados con mis viejos vhs para que duren. La edición ha sido supervisada por Ann Druyan, que fue esposa de Sagan y a quien la serie está dedicada. Ella ha llevado a cabo una tarea de actualización del material teniendo en cuenta la luz arrojada por los avances científicos habidos desde que se rodó el proyecto, hace ya la friolera de 25 años.

La primera vez que pasaron “Cosmos” por la tele -los lunes, después de cenar, en la primera de TVE, lo reseño porque ese horario hoy sería impensable para una serie documental- yo era muy pequeño como para enterarme algo de la fiesta. Tuve que esperar a su edición por entregas en vhs por la editorial RBA para vivir, años después, una experiencia que me marcaría profundamente. Cada quince días, ahí estaba yo antes de que abrieran para recoger el capítulo correspondiente, que devoraba con absoluta devoción.

A Sagan le agradeceremos de por vida muchas cosas. Por ejemplo, que iluminara nuestra conciencia, haciéndonos sentir protagonistas de un misterio trascendental. De la Biblioteca de Alejandría al viaje épico de las sondas Voyager, del latido de la célula al eco lejano del Big Bang, Sagan aparecía con su chaqueta de pana y su jersey de cuello alto, nos decía cosas como que en la orilla del océano cósmico está el hombre, con esas maneras tan suyas, y te llevaba de la mano, hipnotizado, para contarte historias de viajeros: Huygens, Tycho Brahe, Kepler (con qué intensidad vivimos la angustia existencial de Kepler!)

Yo aprendí de Sagan que la astronomía es una ciencia poética, que la música de las esferas existe, que el universo es lo que cabe en 13 horas de vídeo y que la respuesta a todas las preguntas da siempre infinito. No es poco.