Archivo por días: 13 septiembre, 2005

Liquidación

He recibido por carta la liquidación de derechos de autor correspondientes a una composición mía para coro a 6 voces que, hace unos años, resultó premiada en un certamen de composición de ámbito estatal. El premio consistía en la publicación de la obra y los consiguientes beneficios económicos que generara en concepto de derechos de autor. Lo que he recibido hoy corresponde al primer semestre del año.

Dice el balance adjunto que en este periodo de tiempo se ha vendido 1 ejemplar. Es un dato a todas luces positivo, tal y como están las cosas en el panorama editorial musical. Me pregunto con curiosidad morbosa quién habrá comprado ese ejemplar pero también es cierto que sospecho que alguna fotocopiadora debe estar echando humo porque Google me confesó una noche que la obra fue interpretada en Abril del año pasado en una Iglesia de Pittsburgh y sé que fue de interpretación obligatoria en algún certamen coral no muy lejos de aquí.

Sigamos las cuentas. Como en su día se decidió “por interés editorial” incluir la obra en un volumen conjunto con otros 9 autores (cosa que no me pareció mal, porque soy muy tímido), hay que partir la tarta en 10 partes lo que reduce drásticamente la esperanza de beneficios. Según la nota que me ha llegado, los 12,50 euros que el anónimo comprador desembolsó por el único ejemplar vendido se transforman, en lo que a mí respecta, en 1,25 euros para empezar a hablar.

De este euro con veinticinco me corresponde, según la editorial, un 4%, lo que me deja un total de 0,05 euros. Todavía tengo que contener la emoción un poco más porque a esa cantidad hay que descontarle el 15 % de IRPF, lo cual me parece muy bien porque todo ciudadano tiene que cumplir puntualmente con sus obligaciones tributarias. En definitiva, que una vez aplicadas todas las operaciones correspondientes, la cifra resultante da:

0.04 euros.

La editorial añade una nota en la que dice, muy atentamente, que no va a emitir un talón porque los gastos bancarios y de gestión derivados de la emisión del mismo superarían con creces el importe que contiene, así que me lo dejan anotado para que cuando tenga un rato haga los 350 kilómetros que me separan de Madrid y lo recoja.

Viva la música.

Vuelta

Los chavales vuelven al colegio, así que este post me parece que me va a salir negro. Me he asomado a la ventana al mediodía para verlos pasar con sus uniformes, mochilas y libros nuevos y me ha dado mucha tristeza, la verdad. Yo tengo una pesadilla recurrente en la que vivo con pavorosa angustia la inevitabilidad de que mañana hay colegio. Entonces me despierto y me incorporo de golpe empapado por el sudor, con el corazón a toda máquina y un bolo de angustia en la garganta y tras comprobar que ha sido un mal sueño me dejo caer de espaldas sobre la almohada. Es horroroso. Yo pasé la mayor parte de mi vida escolar en un colegio de monjas donde lo único que aprendí fue la existencia del mal reflejado en las actitudes de algunos y algunas profesoras. Es una desgracia, lo sé. Lo peor es que algunos de ellos todavía siguen al pie del cañón, que ya se sabe que hierba mala nunca muere, y mañana por la mañana recibirán a estos niños que estrenan ilusionados tantas cosas sin saber que pueden perder, de golpe, algo tan valioso como es la inocencia. Al menos que no sea de golpe, por favor.