Archivo por días: 8 septiembre, 2005

Antoine Doinel

Antoine Doinel/Jean-Pierre LéaudHace unos meses, estaba buscando unos dvds en la FNAC cuando una voz femenina al otro lado de la estantería dijo: “Mira, el actor de Truffaut. Me asomé discretamente para poner rostro a la voz y vi a una señora mayor señalando una carátula a su pareja con cierto entusiasmo. Se refería a Jean-Pierre Léaud, claro, a quién si no, y a mí me hizo hasta ilusión porque me parece una frase preciosa para dirigirse a quien fue en la pantalla el alter ego de Truffaut y porque su personaje de Antoine Doinel es una de mis debilidades. Me he acordado hoy, de repente, y yo creo que es porque llueve. Cuando llueve puede que me acuerde de Antoine Doinel.

Decía Truffaut que cuando convocó el casting para “Los 400 golpes” (1959) y apareció Jean-Pierre Léaud, con 14 años, se llevó de él una impresión de ansiedad e intensidad, que es la misma impresión que nos hace quererlo tanto mientras le vemos hacerse mayor en las sucesivas películas en las que interpreta a Doinel. Doinel no es un dechado de virtudes, miente mucho para poder sobrevivir, no es especialmente brillante, ni mucho menos, está algo chapado a la antigua y vive en cierta manera al margen de la sociedad porque tiene miedo de que le hagan daño. Léaud le pone un cuerpo que no es precisamente de atleta, pelo lacio y movimientos de cabeza rápidos y bruscos como de pájaro que está siempre asustado. No posee una técnica interpretativa poderosa, quizá ni siquiera técnica, y sus maneras no son glamurosas. Es un tipo normalito. Pero a pesar de eso y por todo eso se te mete en el bolsillo y no sabes si lo que sientes por él es cierta admiración o un poco de pena. O de todo un poco. O quizá otra cosa.

Truffaut dijo que Léaud puso algo de él en el Doinel que era Truffaut. El colmo de crear un alter-ego es que, con los años, empiece a parecerse a tí físicamente, o tú a él. A Truffaut le paraban por la calle y le decían: “Ayer le ví en la tele en una película cuando era joven” o “La semana pasada salió su hijo en la tele” y cosas así. Léaud rodó con 14 años “Los 400 golpes” sin dejar de reirse pero cuando se vio por primera vez en un pase se puso a llorar desconsoladamente y no hubo manera de pararlo. Luego Truffaut necesitó volver a verlo en la pantalla, contemplar su cotidianidad algo gris y disparatada, y rodó “Antoine y Colette” (1965) para contar su primer historia de amor. Luego vino “Besos robados” (1968) para convertirlo en adulto, “Domicilio conyugal” (1970) para casarlo y “El amor en fuga” (1979) para divorciarlo. (Hubo otras con Léaud -inolvidable “La noche americana”– pero sin encarnar a Doinel).

Cuando a Truffaut le llamaban del laboratorio para pedirle autorización para destruir los descartes de sus películas, el director no dudaba en darla. Con las películas de Doinel no se decidía, sabedor del valor atesorado en metros de celuloide que muestran a Jean-Pierre Léaud/Antoine Doinel en diversas etapas de su desarrollo físico, algo que muestra muy bien la foto que acompaña a este post y que me gusta mucho.

Antoine Doinel es François Truffaut mirándose en los ojos de Jean-Pierre Léaud una tarde que llueve.