Archivo por días: 7 septiembre, 2005

Examen

Estaba en la librería mirando las novedades cuando ha sonado el móvil. Era un antiguo alumno de armonía. He dicho ¿sí? y entonces el auricular me ha preguntado si es normal que el Tema B de una Sonata de Beethoven esté en el tono de la mediante. Así, de sopetón. Me ha parecido un poco raro, sobre todo teniendo en cuenta que hace tres años que no habíamos vuelto a coincidir. Qué prisas. Se me ha ocurrido preguntarle si estaba en algún concurso de la tele usando el comodín de la llamada y él ha dicho que no, que estaba en un examen. Entrando al examen o saliendo del examen, he preguntado ingenuamente. Y él ha recalcado: no, no, que estoy en un examen. Como si temiera que me descubrieran cometiendo una fechoría, me he retirado hacia un rincón de la libreria donde por poco piso un quijote de bolsillo. Allí he sabido más detalles concretos: es que, como éramos pocos, el tío nos ha puesto a cada uno en un aula para que no nos copiemos. Ahí me ha dado la risa. Bueno, qué, es normal o no eso de la Sonata.

Alguien podrá pensar que vaya desfachatez la mía, que vaya ejemplo a los alumnos. Pero es que pocas cosas hay tan inútiles como un examen de análisis en un conservatorio. De verdad. No sirven para nada. Te dan un par de horas para cifrar uno por uno los acordes de una partitura larguísima -con lo cansado que es- y ya está. Analizada. Y eso es un disparate, porque el análisis musical es algo lo suficientemente serio e importante como para que estemos así. Y en un conservatorio. Luego pasa lo que pasa, claro. Hay un texto muy lúcido de Clemens Kühn que intento inculcar desde hace muchos años a mis alumnos. Ya me lo sé de memoria, mira:

“Si coloco bajo un fragmento de música las cifras que indican la función armónica o el grado de la escala, no realizo con ello ningún análisis -contrariamente a lo que se supone en la práctica general, incluso en escuelas superiores-. Seguir el curso armónico no es todavía una exégesis, sino el requisito para la exégesis. Todo esquema demanda una interpretación correcta para que podamos comenzar a hablar. Por sí mismo, el esquema no es aún comprensión: posibilita la comprensión.

Cuando viene algún músico para preparar una oposición o movido por propia inquietud para ahondar en su formación, cuando la vocación está claramente definida, es fácil hacerles comprender la idea que se desprende del texto anterior. “Podemos comenzar a hablar”, dice Kühn. Esa es la clave. Tiras del hilo, interrelacionas, un descubrimiento te lleva a otro… Eso es apasionante, y así lo viven. Pero cuando te viene un alumno de conservatorio que sólo tiene en mente aprobar su examen de una asignatura que se llama “Análisis”, es muy dífícil conseguir que se adentre por esa senda. Y lo comprendo, aunque me duela.

Mi alumno, que sigue al móvil, no lo olvidemos, que a ver si entra el ínclito catedrático y nos da un disgusto, toca la trompeta. Quiere su título de trompeta para tocar jazz los jueves en un pub y para hacer bolos en verano en las fiestas de los pueblos. Me parece perfecto: él lo tiene muy claro, es lo que le gusta y lo que quiere. Así que vamos a ver, ¿estás seguro que el Tema B está en el tono de la mediante? ¿Qué Sonata es?

Hemos hablado 4 veces a lo largo de la mañana, nos ha dado tiempo hasta para hablar de las vacaciones, que él no ha tenido, pues yo tampoco, oye pues eso no puede ser. A la tarde ha mandado un mensaje de texto que decía: “He aprobado. Muchas gracias y perdona por haber sido tan plomo. Y vete de vacaciones, anda”.