Necrológica

Yo tengo una abuela de 92 años cuya mayor ilusión es saber que su esquela aparecerá en el periódico a la mañana siguiente a su muerte. Le hace tanta ilusión que desde hace años la tiene escrita de su puño y letra en un trocito de papel, para escándalo de la familia. “Así os ahorro trabajo”, dice mi abuela, pero yo sé que la traducción correcta de esa frase es “Prefiero dejarla escrita a mi gusto porque no me fío de vosotros”. Como si no conociera yo a mi abuela. El asunto, como podrá imaginarse, suscita una gran controversia en mi familia, dividida entre los que lo consideran una chifladura de anciana de muy mal gusto y quienes lo afrontan de manera más relajada y lo ven como una excentricidad inofensiva no exenta de cierto humor (negro). Como yo.

Mi abuela forma parte de esa generación que ha vivido marcada por una religión terrible bombardeada con imágenes de mártires sangrantes, espinas clavadas en la frente blanca de una virgen y amenazas vertidas desde el púlpito por un cura desconsiderado en misas solitarias de tarde de labor, que, para colmo, deben ser muy tristes. Esas cosas algo le tienen que marcar a uno, digo yo. A mí lo que me sorprende es que, a pesar de todo, mi abuela conserve un sutil sentido del humor, aunque su sentido de la austeridad le haga poner el televisor únicamente a la hora que dan las noticias del tiempo.

A veces mi abuela llama por teléfono y dice que cuando venga a comer el domingo traerá la esquela para que se la pasemos a limpio, porque hay que tachar a alguno que se ha muerto antes (genial ironía macabra, que tengas que tachar a los otros de tu propia esquela porque se van muriendo antes que tú, que ya son 92 años y reúma en la pierna y poco más). De paso, aprovechar para añadir a los bisnietos que han llegado. Y entonces mi madre pone el grito en el cielo, y que si estás de la cabeza, y que ni se te ocurra traer eso porque lo voy a tirar a la basura, y que cualquiera que te oiga va a pensar que estás de la cabeza. Pero una vez en medio del griterío mi abuela me miró y me guiñó el ojo y me dejó de piedra.

Mi abuela se conserva muy bien a pesar de sus achaques. Ayer hizo tres docenas de rosquillas, la masa a mano, que le salen riquísimas, y mañana se va a la peluquería porque, según dice, le han salido unas canas y se quiere teñir. Lee los periódicos y nos subraya lo que considera interesante en las columnas de opinión. Luego lo leéis, dice, que ahora voy a ver quién se ha muerto. Y se pone a buscar la página de las necrológicas. Últimamente nos ha dado algún que otro susto perdiendo el conocimiento unos minutos. Cuando vuelve en sí mira extrañada alrededor y dice: “¿No tenéis nada mejor que hacer que perder el tiempo aquí?” Y así sabemos que todo va bien. El médico dice que son pequeñas ausencias, como micro infartos cerebrales, y que de alguno no volverá.

Por si acaso, la esquela está hecha. Para mandarla al periódico. Es su ilusión. El 1 de Enero del 2000, cuando todavía quedaban en la acera restos de serpentina y confeti de la noche de fin de año, yo mismo me encargué de contentarla actualizando el borrador de la necrológica. Donde decía: “Falleció el … de …. de 19…” puse, por indicación suya, “20…”. Lo hicimos a escondidas mientras el resto de la familia brindaba con champán a los postres de la comida de Año Nuevo.

El otro día nos dio un susto un poco más gordo. Después de dos días en el hospital fui a verla a casa y me la encontré mirándose a sí misma en una foto de 1932 en la que ya aparece mayor. La gente aparece mayor en las fotos de entonces, da igual los años que tuviera. El caso es que se estaba mirando a sí misma mientras decía por lo bajo Dios mío, Dios mío, quién me ha visto y quién me ve (!) y yo sonreí y lo primero que pensé es que mi abuela ya era mayor cuando todavía no se había hecho “Lo que el viento se llevó” y eso me parece de alguna manera admirable. Me ofreció unas rosquillas para merendar y me senté con ella junto a la ventana donde cose mientras ve pasar a la gente. Dice que eso le distrae. A su lado estaba el periódico abierto por la página de las esquelas y una nota a mano donde ponía que hay que comprar patatas y yogures. El televisor estaba apagado. Ha dicho el hombre del tiempo que mañana va a haber tormenta y yo había pedido hora para teñirme…

10 pensamientos en “Necrológica

  1. LuisCarlos

    ¡Me encantó! Le has regalado un trozo de alegría de tu abuela al mundo con este post. Dile de mi parte, desde Venezuela, que me encanta su sentido del humor.
    Mándale un beso…

  2. Magda

    MJ, tienes una abuelita no solamente inteligente, sino con sentido del humor y un corazón enorme. Felicidades, eres sumamente afortunado.

    Ella sabe que tiene 92 años, que a esa edad la muerte está cerca, y se la toma como deberíamos de verla todos, y no lo hacemos, al menos yo no.

    Me gustaría nhacerle llegar MILES de besos. Bellisima mujer.

  3. Gabriela Zayas

    Querido emejota, este escrito me ha recordado esa preciosa película de Truffaut que se llama “La habitación verde”, en la que un marido enamorado dedica primero una habitación a su esposa muerta, y luego va incorporando en ella los recuerdos, las fotos de los amigos, y después la de la gente en general que no tiene a nadie que les recuerde excepto a él, y va construyendo así, paradójicamente, memoria de vida de todos esos muertos. Pues no hay muerte mientras un recuerdo nuestro sobrevive en otros. Seguramente tu abuelita sabe que ella no se va a morir mientras alguien la recuerde. Ella se está haciendo recuerdo compartido, con este escrito tuyo, en quienes lo leemos. De modo que su cuota de memoria ha crecido, y aun cuando algún dia leamos su necrológica aquí, vivirá en nosotros su alegría, su sabiduría y su “savoir vivre” gracias a ti.
    Besos.

  4. emejota

    Muchas gracias, luiscarlos, y bienvenido. He hablado con ella a las 10 de la mañana. Tenía la voz tomada y decía que había dormido fatal. a las 10 y 10 le ha llamado mi madre y tenía la voz normal y había dormido como una reina. Hacia las 5 y media le daré tu beso.
    :)

  5. emejota

    Querida Magda: me pasa como a tí, yo tampoco afronto el tema de la muerte como quizá deberíamos y admiro que alguien se lo tome de la otra manera. No sé si será cuestión de un cierto talento especial, o de madurez, o de experiencia tras un alarga trayectoria (casi un siglo), o quien sabe si de inconsciencia. Sea lo que sea, yo carezco de ello.

    Recojo tus besos para ella y luego se los doy. Un abrazo fuerte.

  6. emejota

    Querida Gabriela, me has conmovido con tus palabras. Es muy cierto lo que dices: no morimos del todo mientras estemos vivos en el recuerdo de alguien.

    Tengo que recuperar la película de Truffaut, que me has abierto el apetito sobre ella.

    Un abrazo fuerte.

  7. Oscar Pita-Grandi

    Mi nonna es tan bella que me recuerda a la tuya, además, también es bastante ocurrente y una gran bebedora de vinos dominicales. Buena la crónica. Voy a llamar por teléfono a mi nonna.

  8. Joel Regalado

    El relato esta escrito con una gran maestria. Hay en todo lo descrito algo de sutil ironia, de nostalgia acompasada, de tristeza contenida, emotividad sin cursilerismo chabacano. He llorado con tu abuela y su obsesion con la esquela, que en el fondo es una manera de disimular que se estremece al verse cercana a adentrarse en el misterio de la muerte. Que tu seas el unico quien le entiende y la consuele dice mucho de tu buena sensibilidad. Para quien la musica es el lenguaje sublime por antonomasia, dicha sensibilidad es perfectamente entendible. Gracias por tu relato.

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