Archivo por días: 30 agosto, 2005

Nocturno

Un taxi es un lugar muy interesante desde el punto de vista literario. Cada vez que un cliente abre la puerta hace su entrada un mundo insospechado encarnado en ese ciudadano que tiene serias posibilidades de contar su historia en el tiempo que dura la carrera. Usted dirá dónde le llevo. A veces ocurre que el pasajero permanece en silencio y mira pasar vertiginoso el mundo de fuera con expresión de estar viviendo una revelación trascendental. El taxista lo observa a través del espejo retrovisor. Si le parece, le paro aquí.

La Filmoteca FNAC ha sacado en dvd, para regocijo de incondicionales, Noche en la tierra (Night on Earth, 1991), de Jim Jarmusch, que es una película con alma, preciosa, un nocturno poético a ritmo de taxímetro. La película cuenta 5 historias que transcurren simultáneamente en 5 trayectos de taxi en 5 ciudades diferentes del mundo: Los Angeles, New York, París, Roma y Helsinki. En todas ellas es de noche aunque con las lógicas diferencias horarias. El plano de los relojes en la pared sirve de eje a la historia:

La convivencia forzosa de dos extraños -taxista y cliente- en un espacio reducido genera situaciones que no tienen desperdicio en cada uno de los cinco trayectos, empezando por la ejecutiva agresiva que llega la noche anterior a Los Angeles para tener tiempo suficiente para afilar el colmillo antes de internarse en la jungla matinal de los negocios para dar la dentellada, y pasando por esa invidente genial que surje de las oscuras calles parisinas o el fatigado sacerdote romano que soporta, atónito, la verborrea hilarante de un Roberto Benigni antes de ser más Roberto Benigni.

Lo que cautiva de esta película es que todas esas historias son lo que son por el hecho de transcurrir al amparo cómplice de la madrugada, envueltas en una atmósfera móvil de destellos de luces naranjas sobre el vaivén incesante de la carrera. Almas solitarias al calor de las palabras de sus propias historias que atraviesan escenarios fantasmales (cosa inquietante es una gran ciudad inmóvil y desierta en la oscuridad profunda de la noche). A mí, personalmente, me gusta mucho la manera con la que Jarmusch le toma el pulso al universo nocturno: unos breves planos estáticos -y muy estéticos-, al principio de cada historia, son más que suficientes para atrapar la compleja atmósfera nocturna en todos sus matices: la intermitencia de un semáforo proyectada en el brillo líquido del asfalto negro; dos camiones solitarios aparcados en una explanada; la verja oxidada ante la puerta de un establecimiento; sombras furtivas en la pared desconchada. Y luego está la música de un saxo de voz ronca que pone melodía imprescindible a este nocturno poético que se desliza lentamente por el minutero en el que palpita la madrugada.