Serial

Yo, como soy muy raro, de mayor quiero ser productor ejecutivo de una serie de televisión. De una serie buena, claro. Puestos a pedir, una serie de culto. Fantaseo secretamente con esa idea desde los tiempos del bachillerato y siento una mezcla de envidia y admiración cuando aparecen en la pantalla los nombres solitarios de James Burrows, Bob Brush, Brad Grey o Allan Ball, que los productores ejecutivos se reservan la pantalla para ellos solos, faltaría más.

Siento debilidad por el formato serial en cualquier manifestación, literaria o cinematográfica. Me gusta la ficción por entregas: historias dosificadas a razón de 13 (o 26) capítulos de 23 (o 46) minutos. Que Tony Soprano tenga 53 minutos para él no nos extraña nada, conociéndole, cualquiera le dice que no, y hasta lo agradecemos. Ahora bien, que una de sus entregas tenga 42, como ha pasado ya en un par de ocasiones, es un efecto expresivo de eficacia garantizada. Conocer el engranaje del serial es importante (y si además lo disfrutas, mejor). Me gusta la intermitencia con la que avanza la narración, el espacio emocional en blanco que surje durante la suspensión temporal de la acción. Allí vives en vilo mientras el ánimo se prepara para una nueva inmersión. También me seduce mucho la capacidad del formato para hacer evolucionar, progresivamente, a los personajes, la relación de familiaridad y cierta complicidad que se establece entre ellos y el espectador. Y, por supuesto, me gusta la posibilidad que ofrece de jugar con el tiempo, hacer avanzar el mundo de ficción a través de una escala temporal paralela a la real (los guiones de una temporada de “Aquellos maravillosos años” abarcaban los acontecimientos transcurridos desde el final de un verano al principio del siguiente, espacio de tiempo prácticamente similar al de su emisión).

Decía Juan Cueto ayer en El País que al cabo de medio siglo de pantalla de cristal, “las ficciones de la tele empiezan a ser muy superiores a las de la centenaria pantalla de tela” y animaba a los cinéfilos a visitarlas sin prejuicios. Tiene razón. Acabo de revisar por enésima vez el piloto de la legendaria “Twin Peaks” y, entre sobresalto y sobresalto, te encuentras al mejor David Lynch. Desde que mataron a Laura Palmer (“¿Quién mató a Laura Palmer?”) y apareció metida en aquella bolsa de plástico han pasado unos añitos, pero no se nota nada. Ahora, buena parte de la culpa de lo que dice Juan Cueto la tienen los señores de la cadena por cable HBO, responsables de maravillas como “Los Soprano”, “A dos metros bajo tierra”, “Oz” y la esotérica “Carnivale”, entre otras.

Yo disfruto mucho con lo serial, pero no me conformo con cualquier cosa: soy bastante exigente. Lo tengo que ser si de mayor quiero ser productor ejecutivo de una serie de culto. Yo no pido sólo calidad a una serie, también pido que las posibilidades que brinda el serial estén bien explotadas. Luego me fastidia mucho que los programadores alteren el orden de los capítulos o te metan 3 seguidos, haciendo saltar por los aires el imprescindible ritual de saborear el emocionante vacío entre entregas. Hay quien se harta de la insensibilidad de los programadores y se compra la serie en dvd pero luego se traga la temporada completa en dos noches. No sé qué es peor.

7 pensamientos en “Serial

  1. Jeremy Fox

    Totalmente de acuerdo. Odio esta manía moderna de poner dos o tres capítulos seguidos de una serie. Las series necesitan espacio entre capítulos para poder saborearlas. Temo que es uno de los (muchos) males de la televisión en este país.

  2. Ferre

    Yo esto ya lo sufría en la universidad: las asignaturas se daban en bloques de dos horas, en vez de una, que es lo ortodoxo. ¿Sería un entrenamiento incluido en algún tipo de programa secreto gubernamental para alterar nuestras mentes? ¿Alguien tiene el teléfono de Scully? Precisamente, ella y su colega Mulder fueron las primeras víctimas de ese sistema gracias a Tele 5.

    En cuanto a series, de las de la última hornada, mi favorita es El Ala Oeste, con sus diálogos acelerados y sus travellings por los pasillos. Eso sí, en DVD, que esta va en la 2 de TVE y de madrugada. Pero nada de darse panzadas y verla en dos días: ese tiempo es lo mínimo que debe pasar entre un capítulo y el siguiente.

  3. emejota

    Jeremy: y qué me dices de la imposición de las cadenas de aquí a las productoras para doblar el tiempo de cada capítulo? Es una forma de cargarse el producto que funciona, a ver qué serie aguanta tiempos de largometraje (hay episodios de algunas series que están alcanzando los 83 minutos, que se lo digan a Globomedia con “Los Serrano”)

    Ferre: tienes más razón que un santo, pero me reconocerás que todavía es peor lo contrario. Hay asignaturas (sobre todo en disciplinas artísticas) que han reducido drásticamente su tiempo cuando no han desaparecido.

    (qué pareja la de Mulder y Scully!)

    Saludos!

  4. Ferre

    A mí me da la impresión de que cojas la asignatura que cojas, se ha reducido el tiempo lectivo. Claro que como aquí tenemos un padazo período de vacaciones escolares que debe ser de los más largos del mundo. Quizás si se redujera y se dividiera en varias partes (navidad, verano, semana santa,…), cabría la posibilidad de enderezar algo el asunto.

    Eso y dejarse de tonterías eufemísticas del tipo sustituir los nombres de forma que “Ciencias Naturales” se convierte en “Conocimiento del medio”, que da la sensación de que importa más la forma que el contenido.

  5. Anita Loos

    Si alcanzaran los 83 minutos de serie sin necesidad de recurrir a la publicidad, aun bueno, pero de esa duración, seguramente 30 minutos no pertenezcan a la serie sino a un coche, un detergente, una bebida, o ensaladas que ya vienen lavadas…

    Un saludo y enhorabuena por el blog y por los artículos (los de música en especial), que me parecen estupendos.

  6. Jeremy Fox

    Los capítulos de las series españolas la verdad es que cada día se me hacen más largos y cansinos.

    Hay que reconocer que en los USA, en los últimos años, se están haciendo algunas series buenísimas.

  7. emejota

    Gracias y bienvenida, Anita. Me temo que los 83 minutos son sin contar la publicidad. La segunda temporada de “Los Serrano” presenta unos minutajes de espanto. La consigna de las cadenas es clara: estirar el prime time con un producto de éxito. Así se ocupa la noche de manera fácil y segura aunque luego pasa lo que apunta Jeremy, que se hacen eternas (y se desgastan)

    Un saludo!

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