Archivo por días: 24 agosto, 2005

Serial

Yo, como soy muy raro, de mayor quiero ser productor ejecutivo de una serie de televisión. De una serie buena, claro. Puestos a pedir, una serie de culto. Fantaseo secretamente con esa idea desde los tiempos del bachillerato y siento una mezcla de envidia y admiración cuando aparecen en la pantalla los nombres solitarios de James Burrows, Bob Brush, Brad Grey o Allan Ball, que los productores ejecutivos se reservan la pantalla para ellos solos, faltaría más.

Siento debilidad por el formato serial en cualquier manifestación, literaria o cinematográfica. Me gusta la ficción por entregas: historias dosificadas a razón de 13 (o 26) capítulos de 23 (o 46) minutos. Que Tony Soprano tenga 53 minutos para él no nos extraña nada, conociéndole, cualquiera le dice que no, y hasta lo agradecemos. Ahora bien, que una de sus entregas tenga 42, como ha pasado ya en un par de ocasiones, es un efecto expresivo de eficacia garantizada. Conocer el engranaje del serial es importante (y si además lo disfrutas, mejor). Me gusta la intermitencia con la que avanza la narración, el espacio emocional en blanco que surje durante la suspensión temporal de la acción. Allí vives en vilo mientras el ánimo se prepara para una nueva inmersión. También me seduce mucho la capacidad del formato para hacer evolucionar, progresivamente, a los personajes, la relación de familiaridad y cierta complicidad que se establece entre ellos y el espectador. Y, por supuesto, me gusta la posibilidad que ofrece de jugar con el tiempo, hacer avanzar el mundo de ficción a través de una escala temporal paralela a la real (los guiones de una temporada de “Aquellos maravillosos años” abarcaban los acontecimientos transcurridos desde el final de un verano al principio del siguiente, espacio de tiempo prácticamente similar al de su emisión).

Decía Juan Cueto ayer en El País que al cabo de medio siglo de pantalla de cristal, “las ficciones de la tele empiezan a ser muy superiores a las de la centenaria pantalla de tela” y animaba a los cinéfilos a visitarlas sin prejuicios. Tiene razón. Acabo de revisar por enésima vez el piloto de la legendaria “Twin Peaks” y, entre sobresalto y sobresalto, te encuentras al mejor David Lynch. Desde que mataron a Laura Palmer (“¿Quién mató a Laura Palmer?”) y apareció metida en aquella bolsa de plástico han pasado unos añitos, pero no se nota nada. Ahora, buena parte de la culpa de lo que dice Juan Cueto la tienen los señores de la cadena por cable HBO, responsables de maravillas como “Los Soprano”, “A dos metros bajo tierra”, “Oz” y la esotérica “Carnivale”, entre otras.

Yo disfruto mucho con lo serial, pero no me conformo con cualquier cosa: soy bastante exigente. Lo tengo que ser si de mayor quiero ser productor ejecutivo de una serie de culto. Yo no pido sólo calidad a una serie, también pido que las posibilidades que brinda el serial estén bien explotadas. Luego me fastidia mucho que los programadores alteren el orden de los capítulos o te metan 3 seguidos, haciendo saltar por los aires el imprescindible ritual de saborear el emocionante vacío entre entregas. Hay quien se harta de la insensibilidad de los programadores y se compra la serie en dvd pero luego se traga la temporada completa en dos noches. No sé qué es peor.