Archivo por días: 19 agosto, 2005

Música callada

La ermita de MompouMe he sentado al piano y he vuelto a tocar a Mompou, el autor de la Música Callada, las Impresiones Intimas y las Canciones y Danzas, de la música discreta, las notas justas en el eco de la ermita (soledad sonora), música mínima que alcanza la máxima hondura poética; una de las voces más personales del piano, voz a media voz. Pere Gimferrer le hizo el retrato preciso:
“No habla mucho; o, para ser exactos, habla, más que con las palabras, con unos cuantos gestos mínimos de la mano, con una sonrisa, con una mirada rápida y precisa de soslayo, a la vez enormemente concreta y del todo como fuera del mundo. Pero, aún más que con todo esto, habla con las pausas, el silencio, la lejanía atenta y frágil.”

La música de Mompou no se expande en desarrollos ni ambiciona contrapuntos que operan con melodías en plural porque no lo necesita. Aquí la emoción es concreta y extrae su fuerza de lo breve. A Mompou le tocó vivir su infancia con unos abuelos que tenían una fábrica de campanas y enseguida cayó bajo el hechizo de las caleidoscópicas irisaciones metálicas de los armónicos que deja el residuo del tañido (detalle significativo: a Mompou no le interesa el tañido, sino su sombra sonora) y esta impresión auditiva de la infancia se filtra en sus obras e impregna sus acordes (salpicaduras de notas de resonancias metálicas entre paréntesis):

Salpicaduras entre paréntesis

Mompou suena a silueta al contraluz de visillos en la tarde de Barcelona, risa de niños en la plaza con fuente rumorosa a la sombra y recuerdo azul del mar en un rincón del pasillo.