Premio 14 agosto, 2005
Escrito por emejota en : Música , 10 comentarios , trackbackSe acaba de celebrar la XV edición del Concurso Internacional de Piano “Paloma O´Shea” de Santander. Lo ha ganado el italiano Alberto Nose, de 25 años de edad. La tarde que le dieron el premio tocó “Quejas o La Maja y el Ruiseñor”, una de las Goyescas de Enrique Granados y fue comentario general que la elección de dicha obra fue “inadecuada” para un momento asÃ. Me sorprendió muchÃsimo ese comentario, como si no bastara con la absurda gymkana en que consisten por lo general estos concursos y en el momento del bis, de la breve coda al certamen, en la velada Ãntima de la despedida, el vencedor de la olimpiada tuviera que sacarse de la manga otra brillante pirotecnia de Liszt reforzada con la potente artillerÃa de un Tausig o un Busoni. Yo creo que lo que el italiano vino a decir al elegir la preciosa pieza de Granados fue que vale, que muy bien, que ya habÃa hecho los deberes que le habÃan pedido pero que a él, lo que de verdad le salÃa de dentro es ésto, y entonces empezaba a sonar esa belleza de las Quejas, que mira que es una preciosidad.
Nadie pone en duda a estas alturas el importante papel de Paloma O´Shea al poner su enorme capacidad de influencia a nivel internacional al servicio de la promoción de sus “ahijados”, a fin de cuentas, principal objetivo de un concurso como éste. Pero también es cierto que O´Shea representa un tipo de mecenazgo anacrónico y algo ñoño en las formas, dicho sea con todos los respetos: entre los obsequios del primer premio te da un Rolex de oro, de la misma manera que la emperatriz MarÃa Teresa de Austria le regalaba al pequeño Mozart un traje de gala por haber tocado tan divinamente a la hora de la merienda, y en la ceremonia final, la O´Shea se distingue del resto del jurado que te estrecha la mano dándote una rosa acompañada de una lánguida caÃda de ojos que te pone la carne de gallina. A mà lo del Rolex me parece de mal gusto, sinceramente, aunque debe valer un pastón y siempre lo puedes vender. Me sentirÃa muy violento recibiéndolo, en serio. SÃ, ya, seguro. Que sÃ, ya sabes cómo soy para estas cosas.
Por cierto, ¿alguien se acuerda después de los ganadores? ¿Qué es de ellos? A Paloma O´Shea una vez le salió un Primer Premio con duende encarnado en la persona del sudafricano Marc Raubenheimer. Desde el primer instante en que puso sus manos en el teclado se supo, y asà corrió como la pólvora, que su nombre iba a proyectarse más allá de la publicación del palmarés en los periódicos, breve y único momento de gloria de muchos de los vencedores antes de que su nombre se olvide. Pero Marc Raubenheimer se mató en accidente de avión en la misma pista del Aeropuerto de Santander cuando venÃa a dar el último de los recitales de la larga gira mundial de conciertos que constituÃa el principal activo de su premio. Que ya es mala suerte.
Lo de Raubenheimer nos lo contó la misma tarde del accidente el profesor de Solfeo cuando terminamos de dar golpecitos con el lápiz en el pupitre en el repaso diario de las lecciones del “Adiestramiento elemental para músicos” de Paul Hindemith, conocido familiarmente como “el Hindemith”. Me acuerdo del instante porque aquéllo fue para mà la revelación, por primera vez, de la existencia de un lado fatÃdico de la vida, lo cual me impresionó muchÃsimo. Tanto que la triste historia del desdichado Marc Raubenheimer quedó para siempre asociada a la lección 103 c del Hindemith, tal y como pude comprobar años después, ya como profesor, no sin una cierta sensación difusa -y absurda- de culpa por lo que me parecÃa una frivolidad.
Estos dÃas he puesto en el atril del piano “Quejas o La Maja y el Ruiseñor” de Granados y ayer la vecina de arriba me dijo al salir del ascensor que la pieza nueva sonaba muy bien. El Hindemith hace años que no lo encuentro.