Archivo por días: 24 julio, 2005

Fiestas

Desde hoy al mediodía y hasta la medianoche del próximo sábado, la ciudad anda revolucionada. Son las fiestas. Llegan cada año con puntualidad como si fueran un eco de los sanfermines, cuyo epicentro está a 90 kilómetros. Hay quien aprovecha las vacaciones de verano para huir de aquí en plan exilio forzoso y hay quienes se visten de blanco y se ponen el pañuelico rojo al cuello y se lanzan de cabeza a vivir cada segundo de la fiesta.

Yo he pertenecido casi toda mi vida al primer grupo así que no siento el gusanillo de los del segundo. Sin embargo este año me he arriesgado a quedarme y afrontarlas con tranquilidad y cierta indiferencia o, al menos, lo voy a intentar porque vivo en una zona muy céntrica. Al anochecer puedes salir a cenar o a dar una vuelta por la feria y algún día vendrán a comer los sobrinos pero también he puesto encima de la mesa, por si acaso, la cuarta temporada de “Los Soprano”, que la guardo desde hace meses para cuando haya tiempo.

Vistas con una pequeña distancia uno descubre cosas muy pintorescas sobre nuestra condición aunque comprendo esa vibración especial que sacude a quien se mete en ese torbellino incesante. Han empezado las fiestas. Que Dios nos coja confesados. Al punto de la mañana te despiertas sobresaltado por un estruendo y lo que parecen gritos de alarma. Saltas de la cama y te asomas al balcón y en lugar de ver los habituales coches y camiones transitando la avenida te encuentras a una ola humana perseguida por una manada de toros. Es sólo el comienzo. Ahora mismo, vibran las paredes con el estruendo de charangas, tambores, trombones y trompetas que han confluído haciendo chocar sus respectivos latidos a contratiempo y un olor a vino agrio mezclado con el sudor del asfalto asciende a la altura del termómetro digital del escaparate de enfrente, que está al rojo. Temperatura al rojo de fiesta. Hay un estruendo tal que casi no puedo oir lo que escribo.

A ver si luego se me escucha mejor.