Archivo por días: 17 julio, 2005

Santuario

Paul, Kevin y Winnie
Toda infancia tiene su santuario, territorio de aventuras y refugio secreto, y un día desaparece. Para Kevin, Winnie y Paul ese lugar era el Bosque de Harper, un puñado de árboles en la frontera de un suburbio urbano. Las excavadoras los derribaban en el capítulo 22 para preparar el terreno al nuevo Centro Comercial pero la noche anterior los tres chicos acudían allí a jugar por última vez al escondite en un gesto que tenía algo de ceremonia ritual en la que quedaban sellados muchos vínculos para siempre.

“Aquellos maravillosos años” es algo más que mi serie favorita; es un poemario: 115 preciosos poemas de 23 minutos cada uno. Esos guiones impecables, con su mezcla de ironía y nostalgia; aquel chaval capaz de interpretar con la mirada las palabras dichas por la voz en off (o aquella voz en off capaz de interpretar con las palabras las miradas del niño Fred Savage, en cualquier caso, extraordinario doblaje el de Armando Carreras). Tantas cosas. Me acordé ayer porque ocurrió algo que me llevó a visitar el que fue el santuario de mi infancia. Al llegar comprobé que ya no existe, que ni siquiera se puede pisar. Donde un día estuvo aquel lugar se levantan hoy 3 edificios altos y blancos. Ví también que había una boca de metal que lleva a un párking privado y un supermercado que sacaba a la calle olor a detergente y tenía en el suelo de la entrada una hoja de lechuga podrida. Miré un rato el entorno y quise observarme a mí mismo. No es la primera vez que me siento extraño al recorrer algunas zonas en mi propia ciudad, como si fuera un forastero que retorna después de mucho tiempo, curiosa sensación cuando jamás he salido de aquí más de 15 días seguidos. Lo que me produjo desazón fue que estando allí buscándome en el pasado me costó reconocerme en el presente así que, buscando la escasa sombra que el sol debía haber dejado olvidada, decidí volver a casa.

Kevin Arnold y Winnie Cooper se dieron su primer beso una tarde a los pies del gran árbol en el Bosque de Harper, santuario de todas las infancias. Lo vio la cámara antes de iniciar discretamente su retirada mientras la voz de Judy Collins sacaba magia de una canción de John Lennon: “Hay lugares que recordaré toda mi vida, aunque hayan cambiado (…) Aunque sé que nunca perderé el afecto por las gentes y las cosas que un día sucedieron y sé que a menudo me pararé a pensar en ellos, en mi vida, a ti te he querido más”.