Variaciones Gould

Anotaciones de Gould en la partitura de las Variaciones GoldbergQue yo sepa, nadie ha reparado en que estos días se cumplen 50 años de la primera grabación de las “Variaciones Goldberg” por Glenn Gould. Y mira que es raro, porque hoy en día se buscan con lupa los aniversarios por los rincones, los baúles y los estantes, se reseñan aniversarios hasta de las cosas más tontas. Los aniversarios venden. Y digo que es raro también porque esa grabación tiene a gala precisamente ser best-seller fulgurante en el discreto universo de las grabaciones de clásica y está impregnada por un barniz mítico que hoy en día permanece intacto. Por eso sorprende mucho comprobar que se cumplen 50 años, pero así es: Junio de 1955, New York.

He releído el comunicado de prensa que la CBS distribuyó por aquellos días ofreciendo los primeros detalles sobre el pianista. Habla de estupefacción entre los ingenieros y los técnicos, a pesar de ser “almas curtidas como pocas”. Habla de un joven largirucho y desgarbado que desembarcó en el estudio con bufanda, guantes y abrigo (el habitual atuendo de Gould en verano) llevando consigo un equipamiento de lo más pintoresco: una silla plegable que apenas se elevaba unos centímetros del suelo, una carpeta con partituras plagadas de anotaciones de trazo anguloso y espasmódico, toallas, 2 botellas grandes de agua mineral (Gould sentía terror al agua del grifo de New York) y una colección de frascos con pastillas de colores, todas ellas con su correspondiente indicación: para bajar la tensión, para subirla, para el dolor de cabeza, para la circulación, para relajar los nervios. Estoy seguro de que aquella nota debió ser regocijante para Gould porque partiendo de datos reales establecía de golpe la imaginería que forjaría y acompañaría de por vida su leyenda y, de paso, creaba una armadura tras la cual podía ocultar su verdadera condición.

Que Gould fue alguien controvertido y contradictorio, capaz de lo mejor y lo peor (de lo mejor y lo peor a su manera) nadie lo pone en duda. Pero se tiende a hablar de la manera de tocar de Gould utilizando peyorativamente términos como “mecánico” o “máquina de tocar” y me parece que eso denota una visión muy simplista, muy epidérmica. También se dice que “eso” no es Bach. Y es verdad. Gould no interpreta a Bach, sino que se vale de la obra de Bach para mostrarse a sí mismo. Quizá Gould no fue un intérprete sino un creador que se sentaba en su diminuta silla de pianista como quien se sienta a la mesa para modelar el barro o esculpir el marmol. Quién sabe.

5 pensamientos en “Variaciones Gould

  1. Jeremy Fox

    Creo que se edita un disco especial y creo que es este.

    Si alguien lo tiene podía comentarlo a ver qué tal está.

  2. emejota

    Gracias por la información, Jeremy. Ya me extrañaba que no se hiciera ruido con la noticia…

  3. Antonio Bricio-Hernández

    Creo que en el espíritu abstracto de la música de Bach, Gould ha sido quien mejor se ha apropiado de dicho espíritu.

    Gould esculpe un paisaje muy propio con la música de Bach. Creo que pocas experiencias tan personales hay como escuchar las Variaciones Goldberg con Gould a lo largo de su carrera.

    Tengo un disco con las sonatas para violín y teclado, con Jaime Laredo, y también es una experiencia sensacional.

  4. emejota

    Coincido en lo de la grabación con Laredo. Para el violinista fue una experiencia singular, quiso hacer la réplica con el violín a las libertades que se tomaba Gould con el piano y descubrió que había que ser Gould para hacer lo que, en principio, parecían simples ornamentaciones arbitrarias. Así que se abstuvo de hacerlo en las tomas finales.

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