jump to navigation

Roles 2 July, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

Ayer operaron a mi madre de una mano. Nada importante, pero yo siempre me inquieto ante estas cosas. Sobre todo por el hospital. El hospital es un sitio que me mantiene en guardia, es un lugar que tengo bajo sospecha, y eso a veces me hace sentir un poco culpable porque ese hospital siempre ha hecho cosas buenas (pongamos entre paréntesis las excepciones, que hasta el hospital es humano porque congrega a una serie de muchos seres humanos con bata blanca que en su afán de hacerlo bien a veces no se ponen de acuerdo, y cuando uno dice digo y el otro Diego, y recetan una cosa que no pega con la otra, pasa lo que pasa).

Pero estábamos en el hospital.

Me sorprendió gratamente la presencia de aire acondicionado en los pasillos, casi se me ponen los pelos de punta porque imborrable es el recuerdo de otras estancias veraniegas a saber a cuántos grados, tantos que los sueros se echaban a perder, fijo, y las habitaciones emanaban un sopor horneado a fuego lento.

Pero no, mira.

Aire acondicionado. En los pasillos y hasta en las habitaciones. Por Dios, léase eso poniendo tono de sorpresa e incredulidad. Qué político y a cambio de qué habrá hecho posible ese gesto que,  por otra parte, y en el clima en el que vivimos, era un instrumental básico cuya carencia clamaba al cielo.

En fin, llamé con los nudillos en la puerta de la habitación saliendo de estos pensamientos y tras cruzarme con una enfermera que caminaba flotando dando pasos inaudibles. Sí, dijo la voz de mi hermano. Entré. Allí estaba mi madre, recién subida de quirófano, que me sonrió con una sonrisa de Nolotil y con restos de anestesia pesando todavía en los párpados.

Y estando allí de pie me di cuenta de una cosa curiosa: que por una vez se habían invertido los roles; que quien estaba allí siempre había estado aquí, cuidadora infatigable y sin un segundo de desaliento de quien siempre había estado allí. El único elemento común en ese escenario era la mano, cuyo vendaje aparatoso reposaba en una almohada paralela al cuerpo. Qué recuerdos esos vendajes, ese latido doloroso conectado al gota a gota del calmante. Pensando en esa inversión de roles, ambos fuera de nuestros habituales papeles, sentí que sabía qué hacer sin tener que aprender otro guión, y me dije por dentro que en eso debe consistir ser mayor. Y entonces, inexplicablemente, me sentí conforme con todo, con el entorno, con las cosas, conmigo mismo.

En la cama de al lado, una señora decía algo de las tetas de Yola Berrocal.

Visitas 29 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios

Hoy tocaba ir al banco y al médico.

Si lo piensas da mucha pereza; si lo tienes que hacer, ni te cuento. Pero siempre existe el factor sorpresa. Por ejemplo, sentado frente al director de la sucursal, en un despacho ajeno a los ruidos del exterior, me he dado cuenta de que el hombre debió elegir en su día alguna asignatura optativa de humanidades en su carrera de económicas porque le he escuchado unas reflexiones sobre medicina y enfermedad de un calado, de una sensibilidad y de una agudeza como no escuchaba a ningún médico sabio desde hace años. Quizá eso pasa porque ahora el concepto de médico sabio es diferente: ahora se entiende por médico sabio el que sabe todos los datos (a veces, el paciente se le traspapela entre tanto dato, pero es comprensible). Volviendo al despacho del director de la sucursal, ajeno como estaba este hombre a la cosa de la economía de su negociado y entregado a la charla improvisada pero larga y profunda, no he podido evitar pensar que igual dos horas después, que era cuando me tocaba visitar al médico de verdad, podía probar a pedirle un préstamo o algo.

Hay que reconocer que ir a la consulta a las 15:15 y con 40 grados en el ambiente merecería, si no un crédito, al menos un granizado de limón. Para mi alivio, el médico no se ha puesto a hablar de economía pero se encogía de hombros y sonreía, que es un gesto muy de director de sucursal bancaria, creo. El médico y yo andamos un poco moscas porque algo se está moviendo en la cadera aunque él dice que va a ser la espalda porque tu columna, recordémoslo, ha dicho textualmente, es una columna catastrófica. He recordado el día lejano que el cirujano que operó mis manos rellenó la casilla de diagnóstico con un contundente Manos catastróficas, escrito con letra de médico, lo cual no atenúa precisamente el impacto.

Me he preguntado qué parte de mí no será todavía catastrófica.

En realidad lo he preguntado en voz alta. Hombre, ha dicho el médico. Hombre, he respondido yo. El jueves, la última dosis de elixir me sentó fatal por enésima vez, eso quiere decir que el viernes y el sábado todo se tambaleó, y unas ansiedades y unas angustias y unos catastrofismos que para qué (en una crisis de angustia sólo piensas en desastres aunque seas consciente del disparate que eso supone). Y eso quiere decir que también dejó de funcionar mi capacidad para escribir, trabajar, dialogar y todas esas cosas que requieren cierta concentración o esfuerzo, por grato que sea.

Lo que venía a decirle hoy al médico es que eso también es un poco catastrófico y ha sido cuando el médico se ha encogido de hombros, como los directores de los bancos cuando se les pide un préstamo, igual. Un lunes de verano a las 15:15 hace que el cuerpo se autoregule para hacer las cosas con el menor gasto de energía y por eso el médico ha utilizado el lenguaje gestual de encogerse de hombros para decir que sí, que eso es muy chungo, como diría una que conozco yo, pero que el elixir no lo podemos quitar porque entonces la cosa sería más chunga y luego, simplemente, no sería y punto. Y eso sí que es chungo y bastante catastrófico y no está previsto en el guión.

Así que ajo y agua. De momento, hoy estoy mejor, mucho mejor, aunque todavía arrastro el cansancio mental de haber intentado hacer la reseña que me pidieron de una editorial acerca de una partitura. Imposible, oye. Lo tenía (lo tengo) claro en la cabeza pero entre el viernes y el sábado sólo conseguí escribir seis malas, malísimas, líneas. Hoy creo que me saldría mejor pero es como cuando te empachas de comer flan o similar: que no tienes ganas de flan ni de similar. Lo dejaré descansar y mañana será otro día.

Visto lo visto, voy notando que de manera involuntaria estoy adaptando mi vida a la dosis quincenal de elixir, más concretamente a los días posteriores. Me he dado cuenta también de que el microblogging ayuda a expresarse cuando uno encuentra pocas palabras:

La Idea del Norte en versión abreviada

Breviario 28 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , Añade un comentario

Demasiada verdad tergiversa los hechos”

(Patrick Rothfuss)

Jackson 26 June, 2009

Escrito por emejota en : Música , 7 comentarios

Michael JacksonHa muerto Michael Jackson o, al menos, el espectro que quedaba del rey que murió al conquistar el trono de “Thriller” en los sofisticados, inocentes y analógicos ochenta. Jackson ha muerto en internet y eso impacta por partida doble, por la noticia en sí y por el apabullante poder de la red para propagar como la pólvora las informaciones, tender al aire en un clic toneladas de material de archivo y poner a disposición de los afligidos infinitos libros de condolencia en el tanatorio global que en los momentos en que redacto estas palabras colapsa Twitter, la página central de CNN y ralentiza los motores de búsqueda, mientras en YouTube la gente escribe lágrimas mientras suena la reproducción 12.198.290 de “Billie Jean”, esa obra maestra que enriqueció sustanciosamente la materia sensible de la que estamos hechos.

Justo hoy que el Imperio Prisa ha enseñado las grietas que afectan gravemente las paredes maestras de su faraónico tinglado podemos ver desde esta pantalla en tiempo real a la muchedumbre que se agolpa en las soleadas puertas de un hospital de Los Ángeles y escuchamos con una nostalgia punzante este Billie Jean al que hemos contribuído pasando a formar parte de la reproducción 12.198.291, como el que enciende un cirio en memoria de alguien, y sin que a Teddy Bautista y a la SGAE les hayan dado vela en este entierro imponente, global, universal, porque escuchamos Billie Jean desde la página oficial de Jackson. Así podremos rendir personal tributo al rey del pop de los ochenta sin que este recaudador de impuestos venga exigiendo miserablemente parte de la herencia en el momento más inoportuno.

Estamos hablando de varias cosas a la vez. De la muerte de Jackson, o de su espectro, convertido desde esta madrugada y para la eternidad en una figura inmortal como lo fue y lo es Elvis, y Marilyn y no muchos más, todos ellos figuras espectrales porque murieron entre luces antes de morir definitivamente en una sombra terrible, a veces demasiado alargada en el tiempo del eclipse. Y estamos hablando de la nostalgia de Billie Jean y de que es una obra maestra que siempre conjurará otros veranos añorados, más seguros y divertidos en el recuerdo de lo que seguramente fueron. Y hablamos de que algo está pasando pero que en realidad ya ha pasado, y lo que ha pasado es que la historia ahora se propaga a la velocidad de la luz y no se escribe con tinta. Y el que lo quiera asumir, bienvenido y enhorabuena. Hubo un tiempo que Billie Jean giraba en discos de vinilo y sonaba en los programas de radio de canciones dedicadas a Marta y a Elisa porque han aprobado los exámenes y para Roberto para que se recupere pronto de su operación de tobillo mientras veíamos en la tele del verano El Coche Fantástico o se nos ponía la lengua roja de Frigodedo o la garganta del azul clorado de las aguadillas de la piscina.

Ahora, sin embargo, Billie Jean suena como un regalo del propio Jackson desde su santuario personal en la red, o te la puedes comprar en iTunes por cuatro perras para que quede para siempre en tu iPod con una calidad impoluta y todo sin que ningún recaudador de impuestos, exprimidor de talentos sin entender nada que no sea la expresión mayor beneficio posible te haga sentirte sistemáticamente un delincuente. Llevo días pensando darme de baja de la SGAE por una cuestión estrictamente moral que hasta les eximiría de otra: el incumplimiento flagrante y chapucero de su supuesta razón de ser. Hay otras formas de gestionar los lícitos derechos de los artistas que no te hagan sentir vergüenza ajena. Esta noche de luto y Billie Jean, la gente está comprando esta y otras canciones geniales y eternas en iTunes porque la muerte reaviva nostalgias.

Jackson ya es inmortal.

Solsticio 23 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Es bonito que en la Noche de San Juan se haya cumplido el sueño de otra noche.

Life 22 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

Abajo, hay una algarabía notable, olor a paella y gente con visera sacando fotos a cualquier cosa; arriba, le estoy diciendo Lindsay que ya han llegado los turistas para pasar los sanfermines. Es la penúltima clase con Lindsay y está muy contenta porque quiere darme buenas noticias.

-Que definitivamente vuelve en septiembre.

(alivio grande por mi parte)

-Que definitivamente seguirán en el mismo piso, así que lo podrán decorar y poner sus cosas.

(alivio grande porque en ese piso, allí en las alturas de la Plaza del Castillo, en invierno con rumor de batasunos abajo y en verano con rumor de paellas, me encuentro muy a gusto)

-… y que si voy a vivir a Pamplona y me ocurre cualquier cosa con un grifo o algo puedo llamar a cualquier hora a Bob, su marido.

(Bob debe ser muy apañao)

-Que el miércoles, último día, snif snif (Lindsay hace realmente snif snif y se lleva una mano a la mejilla en gesto de broma, pero ya verás el miércoles cómo hay snif snif sin broma) me espera una sorpresa.

(-Really?)

Dice que sí con la sonrisa y hace palmas con las manos y la sorpresa me hace salir del paréntesis, intrigado. Alguna pista?, preguntó. Ella responde que maybe tiene que ver con algo dulce o maybe con algo refrescante o maybe both.

Hay una noticia más: hoy me va a hacer una entrevista.

Anda, exclamo yo, más que nada por no repetir el really? de rigor. Sí, sí, como ejercicio de conversación me va a hacer una entrevista y yo pongo los ojos como platos y le cuento ese rollo mío con las entrevistas, ya se sabe, que a mí de mayor no me importaría ser alguien famoso un rato para que me hicieran una entrevista. Me chiflan. Adelante, adelante. Lindsay saca un folio con un cuestionario de preguntas bajo el epígrafe Life que me deja muerto porque enseguida me doy cuenta de que esa entrevista no me la podrían hacer en un programa de radio porque agotaría el magazine, no cabrían los anuncios y aún así me quedaría a puertas de la segunda respuesta. Es muy difícil participar en una entrevista que se titula Life porque las preguntas, concisas, traen al otro lado del signo de interrogación una ramificación infinita de posibles repuestas, matizaciones, dudas, dependes. Es cierto que hay algunas cuestiones que no admiten duda posible:

Pregunta: ¿Cuáles son a tu juicio los secretos para una larga vida?

Respuesta: sin duda, intentar mantenerse a distancia prudencial de casi toda la gente.

-Pregunta a la respuesta: Oh, really??

-Respuesta a la pregunta acerca de la respuesta: definitely, por los disgustos y la tensión arterial más que nada.

Pero es la excepción. Luego llega el cuánto te gustaría vivir y contesto que quizá al cuánto haya que añadir el cómo, o el en qué condiciones, pero vamos, yo es que tengo un terror fundamental en mi vida y ese terror es la idea de la muerte. Así que no pienso en cómo ni en cuánto, sino simplemente en vivir, el resto ya se verá, o se vivirá (espero, I hope). Calidad o cantidad, ese es el dilema sobre el que se habla frecuentemente pero todo es una maniobra para huir de la quema, que es la muerte; por cierto, tema tabú. La muerte se escucha: se ha muerto la abuela de emejota; la muerte se lee: anda, mira, la esquela de la abuela de emejota, viene en el periódico; pero la muerte no se puede ver, por lo menos no se quiere ver. Lidsay se sale momentáneamente del cuestionario interesándose por eso y pregunta si aquí cuando muere alguien no se le puede ver. En los tanatorios puedes ver al muerto pero para eso tienes que entrar en una salita aparte en la mayoría de los casos, i think. Lindsay pone cara de extrañeza porque en su país eso no pasa. Ya, I know, le respondo,  qué me vas a contar, que yo conozco a los Fisher: Nathaniel, Ruth. Qué sería de nosotros sin los Fisher y su funeraria catódica, que en paz descanse, por cierto.

El cuestionario no tiene pausas para los anuncios, mejor, pero pregunta si cuando te sientes enfermo a qué recurres: a la medicina natural, a la tradicional o a la herbal. Lo de herbal me hace gracia por el nombre pero me apresuro a responder:

-A todas.

Lindsay se ríe antes de que matice (porque siempre hay matizaciones en las entrevistas) que, bueno, ya no a todas porque a dos de ellas las mandé a tomar viento y a la otra porque no me queda otra, que si no, también. Una vez fuí a un médico que te miraba el iris y te prescribía unas cajas tamaño industrial de hierbas que eran las mismas que las prescritas para el iris de la persona anterior y para el de la de después. Lo ví con mi propio iris. Tantas hierbas eran que una vez en casa pensé que me iba a poner a pastar. Luego pasé por el rollo de la acupuntura. Lindsay me pregunta llevándose con aprensión la mano a la oreja si dolió y le respondo que no, que lo que dolía exactamente igual que antes de pinchar era todo el cuerpo cuando me decían ya te puedes levantar de la camilla. Así que fuera agujas. Y etc, que con el rabillo del ojo estoy viendo el cuestionario y creo que a este paso lo acabaremos con las uvas.

Última pregunta del día: ¿ha tenido tu vida un antes y un después? Toma, claro. Pero esa pregunta fijo que es de psicólogo de facultad. Hay una diferencia entre el psicólogo de facultad y el psicólogo innato, aunque de manera rarísima y excepcional pueden converger. Sólo un psicólogo de facultad tiende a levantar muros entre las cosas, aquí el blanco, aquí el negro (una que sé yo y que salió un día en la tele estaría tranquila porque no hay riesgo de mezclar las peras con las manzanas). Y sin embargo, en la vida real, cuando ha habido un antes y un después lo que no hay es separación alguna porque el después está siempre, always, condicionado por ese pasado.

Lindsay pone de repente cara de contrariedad y le pregunto si he dicho algo raro y ella dice que no, no, es que, oh, en el cuestionario pone que si creo que hay vida en Marte. Mi ceja por poco se descoyunta. Really pone eso? A ver?  Y lo pone! Lo pone junto a cuál ha sido el mayor gol de tu vida. Pero yo no juego al fútbol. Next question, please.

Aventuras 20 June, 2009

Escrito por emejota en : Cine , 5 comentarios

Errol FlynnErrol Flynn cumpliría ahora 100 años, como la mamá de película de Carlos Saura, si no fuera porque viviendo la mitad, vivió una vida al cuadrado. Eso por lo menos. En su tiempo, Errol Flynn era la estrella que hacía como pocos de héroe aventurero con un punto canalla. Hoy uno ve claramente que ese espadachín que brinca tanto en blanco y negro como en technicolor era un aventurero real, de carne y hueso, un tipo con un par de bemoles forjado en la calle que había salido adelante porque se comía la vida a bocados. Errol Flynn no iría a un festival de cine en clase preferente rodeado de representantes. Lo veríamos en el vagón de cola jugándose los cuartos a las cartas, cantando alguna canción irlandesa con 40 grados de alcohol en las venas y decidido a que si hay que bajar a empujar, se baja y se empuja.

Un día nos dijeron que Flynn se pinchaba la coca en la punta del mismísimo o de la mismísima, el género cambia según lo pensemos en fino o en bruto pero la aprensión que sentimos entonces fue la misma y colectiva. La de Flynn es una aventura que no cabía en las pantallas de la época y, sin embargo, no hubo otro aventurero como él. Sospecho que los cineastas de hoy en día le miran con cierta displicencia y es una pena porque orbitando en la esfera hueca de la trascendencia, que es lo que se estila, olvidan que Flynn sintetiza uno de los ejes fundacionales del cine: el movimiento incesante y la pura aventura, mezcla de los sueños de Mèlies y las acrobacias arábigas de Douglas Fairbanks.

No hubo ni habrá otro Robin Hood como el de Flynn porque Flynn marcó la pauta. El apabullante colorín del technicolor de la Warner, las hojas verdes, los salones de castillo de techos inalcanzables y los nobles con cara de carta número once de la baraja de Heraclio Fournier pusieron su parte. Recuerdo que una soporífera tarde de estudio en clase de ciencias de primero de BUP, otoñal afuera, invernal dentro, con la infinita clasificación de no sé qué bichos en el libro de texto, detecté un movimiento en los pupitres anteriores al mío, situado en la retaguardia: en intervalos regulares de tiempo, un diminuto librito de tapa blanda pasaba de mano en mano. Cuando llegó a mí me asomé a un relato de papel amarronado que hacía más lóbrega o aportaba su toque de acompañamiento, según se mire, la lisérgica historia en la que un tipo se lo montaba con una tipa con las mallas verdes del Robin Hood de Errol Flynn. A Laura las mallas verdes le pusieron colorada la cara, a David se le puso al rojo otra cosa, a Sandra no recuerdo qué color le iba y yo, que ya por entonces me fijaba en los detalles entre líneas, miré con el ansia secreta del voyeur los títulos de crédito de la primera página e imaginé al anónimo escritor llevando un sábado por la tarde las cuartillas mecanografiadas al despacho-cuchitril, como de detective de novela negra, de una pequeña editorial de Barcelona. Creo que esa tarde, en la clase de ciencias, las mallas verdes de Errol Flynn nos enseñaron de qué iba eso del fetichismo mientras el libro de texto que teníamos sobre el pupitre se empeñaba en clasificar a los artrópodos.

Flynn sigue resultando magnético en la pantalla de la Warner de los 30 y su Robin Hood está más vivo que muchos de los héroes que luego latieron a 24 fotogramas por segundo. Así era el tío.

Viaje 19 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios

A Esperanza Sur desde el Norte.

Allí viaja hoy mi mejor emisario. El mejor. Eso es lo que más cuenta.

Digitaciones 18 June, 2009

Escrito por emejota en : Música , 3 comentarios YouTube Preview Image YouTube Preview Image

Martha Argerich interpretando a Domenico Scarlatti. Quien tuvo, retuvo.

Espera 16 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 7 comentarios

Detesto este tiempo limeño, de rollo tropical, con calor agobiante y cielos cubiertos de los que cae de repente un chaparrón de categoría de cambio climático y que, lejos de refrescar el ambiente, lo deja todo aún más recocido, húmedo e irrespirable. Me inquieta un poco también ver las calles con escolares de vacaciones, porque eso quiere decir que el verano es irreversible, pero esto no lo digo en voz alta porque pareces lo menos mister Scrooge en versión Herodes. Y no es eso, es el verano. Mientras tanto, estoy de espera de varias cosas que me producen cierta ansiedad, la espera y las cosas en sí, lo primero por la incertidumbre y lo segundo porque a ver en qué aventuras me meto aunque reconozco que eso me pone un poco.

¿Qué hacer mientras uno tiene que esperar? Pues una cosa muy rara. Le he dejado al cuerpo que se dejara llevar y en lugar de ponerse a las obligaciones, que también, aunque creo que las ha dejado en un segundo plano, ha vuelto a ponerse en disciplina de estudiar piano. Lo más raro no es eso, lo más raro es que se ha puesto a estudiar a Haydn, dos sonatas, y eso sí que es inexplicable en mí, por eso he hablado durante unas líneas en tercera persona, como si la cosa no fuera conmigo. Pero va conmigo, claro, y es hasta placentera.

Un descubrimiento: las manos se acoplan del todo al teclado, el sonido queda mucho más balanceado y el resultado final es a todas luces mejor si estudio un día sí y un día no. El día no no hay que tocar ni una sola tecla. Cunden más los días no que los días ; sospecho, como afirmaba Gould sin sospechar sino con vehemencia, que los días que no toco tiene lugar un proceso interno en el cual la imagen sonora de las cosas queda fijada mientras que la imagen táctil hace apetito. Una cosa y la otra dan como resultado que los días hagan honor a su nombre.

Homenaje 10 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 18 comentarios

Ha muerto la abuela.

Un malestar, una pequeña mala gana ayer por la tarde, fue el aviso que dio su organismo para decir que ya había llegado el momento de apagarse, que ya había dado sobradas muestras de fortaleza y que todo tiene un límite. En cuestión de horas, la analítica avisó de que los riñones habían dejado de funcionar y que a punto estaban de hacerlo más cosas asi que los médicos decidieron dormirla para que no sufriera y poco a poco su respiración se volvió más lenta hasta que su semblante se relajó.

Esta tarde no he ido al tanatorio, he sentido en lo más hondo que mi despedida de la abuela la tenía que hacer a solas, y me he quedado sentado en el sofá mirando al sillón desde el que ella cosia y bordaba a la luz del sol en las tardes de invierno, y a veces detenía el bisbiseo de la cuenta de los puntos y miraba por encima de las gafas a la gente que pasaba por la calle, o me miraba a mí y decía pero cuánnnto lees, hijo mío, jo, y a continuación preguntaba con extrañeza y no te duele la cabeza? sal a darte una vuelta un rato, hijo mío, por mí no te quedes que yo estoy bien aquí calentica, y volvía a su labor y entonces era yo quien la miraba. No he ído al tanatorio porque la abuela me dijo hace unos años que ni se me ocurriera, y es que la abuela y yo éramos en el fondo tan iguales que cuando esta tarde lloraba su ausencia he creído comprender la razón de sus tardes, en su casa y en silencio, desconectada del exterior y centrada en sus labores, en sus estampitas, en sus exploraciones para limpiar los armarios o revisar los recuerdos de los cajones o esperando la hora de la cena para encontrarse con el hombre del tiempo, Maldonado, no el otro, que al otro no se le entendía nada, y mientras Maldonado hablaba del frente asociado a las bajas o altas presiones que asomaba por el Atlántico la abuela se fijaba en lo bien que hablaba este hombre, lo bien puesta que llevaba la corbata o la mala cara que parecía tener ese día, y después le daba un mordisco a la galleta TostaRica que fue su postre favorito para la tele durante años. Cuando Maldonado se giraba a la cámara, ponía media sonrisa y decía buenas noches la abuela le repondía buenas noches. Al día siguiente llovía o hacía lo que Maldonado había dispuesto.

Esta tarde me he dado cuenta de que, sin querer, este blog contiene una biografía precisa de la abuela, hecha a base de trocitos de aquí y de allá, y que las biografías de verdad no necesitan de fechas y datos concretos, sino de pequeños detalles reveladores, como evitar pisar las alfombras, la preocupación porque la luz de la cocina estuviera encendida sin nadie a quien alumbrar y su manera de bisbisear a los santos y a las santas, Santa Rita, San Antonio, la Virgen del Carmen, las peticiones por los Misioneros del África y otras oraciones de entretiempo. Todo queda aquí y hoy me parece un tesoro precioso porque ya no volverá a aparecer su número de teléfono en el chivato del aparato cada día después del parte meteorológico del mediodía y del parte meteorólogico de la noche, preguntando qué tal estás, hijo mío, y si pasas frío por las noches, y si tienes clases, pues mira qué suerte, hijo mio, tú trabaja, y si todavía te quedas estudiando hasta tan tarde, y si tu madre sigue fumando tanto, jo, y que mañana haré rosquillas. Con la abuela se pierden las mejores rosquillas del mundo, pérdida mayor que la de la propia abuela porque la esencia de la abuela queda, claro que queda, es imposible que se pierda, y si algún día se desdibuja siempre quedarán tantos posts en este blog.

A la abuela y a mí nos unían los genes de la ironía teñida de fatalismo, quizá por eso nos entendíamos tanto aunque nos habláramos poco. Cuando la abuela empezó a dejar de ser la abuela que ella era quiso que yo tomara distancia para que yo no sufriera. Hasta el final, antepuso su preocupación por mi sufrimiento al suyo propio. Anda con el chico, le decía a mi madre en el hospital cuando se rompió la primera cadera, anda que estará solo, le has dejado la cena hecha?, anda que se está haciendo de noche. Y de nada servía que mi madre le dijera que no se preocupase porque ella siempre se preocupaba por el chico que yo he sido para ella hasta que esta mañana le han inducido el sueño. Una tarde me preguntó cuántos años tenía ya. Le contesté que iba a cumplir cuarenta y puso cara de extrañeza, como si le hubiera contestado algo que no tenía que ver con lo que había preguntado. La última vez que vi a la abuela en la residencia no me riñó por ir a verla. Fue la única vez que no lo hizo. Sentada en su silla de ruedas frente a la ventana que da al jardín me dio la mano y con la otra señaló al fondo, ves qué rosales más hermosos hay al fondo, hijo? ves qué sombra más fresca hay allí? ves qué sol más hermoso da a toda esa parte?. Y después se quedó un rato en silencio ensimismada en algún recuerdo en blanco y negro y yo no rompí ese silencio porque entendí que la comunicación estaba pasando a través de esa mano que sostenía la mía con debilidad pero con firmeza.

Una noche de invierno estábamos cenando todos en la mesa cuando ella dejó la cuchara de la sopa y nos dijo seriamente que cuando se muriera no nos gastáramos un duro en tontadas y que la envolviéramos en una sábana y la dejáramos en una cuneta. A mi madre por poco le da un soponcio. A nosotros se nos salió la sopa por la nariz y en mitad de los gritos de mi madre por semejante disparate y de nuestras carcajadas ella me guiñó un ojo, como otras veces, como diciendo tú me entiendes. La abuela María, pongámosle ya el nombre que nunca le pusimos aquí, ha muerto hoy mientras dormía tras una noche larga y a pesar de las lágrimas no he olvidado la orden de que su esquela, esa esquela manuscrita y confeccionada al detalle por ella misma, debía salir en los periódicos de mañana después de poner un 10 en los puntos suspensivos del día y un Junio en los puntos suspensivos del mes y un cero y un nueve tras el dosmil y pico.

Después, todo ha quedado en paz.

Entrevista 7 June, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 10 comentarios

EMEJOTA: qué.
emejota: qué de qué.
M.J: pues, de momento y si le parece, qué hacemos aquí.
m.j: umm… ¿hablar?.
M.J: ya, pero por qué aquí y hoy precisamente.
m.j: eso no lo sé.
M.J: y ya puestos, qué le hace traerme de nuevo y qué pasó y qué…
m.j: oiga, ¿esto va a ser una entrevista o un interrogatorio?
M.J: ….espere que falta el golpe de efecto, hombre.
m.j: mientras no duela… Dispare.
M.J: qué le lleva a no hacerme el reproche que llevaba guardado tantos meses.
m.j: ¡Ah, el reproche, es verdad!
M.J: ¡Ajá! ¿Lo ve?
m.j: bueno, tampoco se me ponga chulo que siempre hay tiempo de reprochar…
M.J: pues quizá sería una buena forma de empezar a reconducir las cosas.
m.j: (eso suponiendo que haya algo que reconducir)
M.J: salga del paréntesis y dígame a la cara lo que tenía que decirme.
m.j: está bien, aunque el reproche se ha diluído con el tiempo y las circunstancias. Pensaba decirle si no le daba vergüenza no haber pasado por aquí desde el otro blog y usted tenía que poner cara de sorpresa y culpabilidad y decir algo como “oh, es verdad, santo cielo!”.
M.J: oh, es verdad (lo de santo cielo lo veo un recurso dramático que no me convence mucho, disculpe que lo apee de la frase)
m.j: ya le he avisado que la cosa está diluída. Se supone que usted iba a mirar a izquierda y derecha para decir…
M.J: …lo diferente que es ésto y fijarme en detalles como las letras. Tenía que decir (con asombro, se supone) que en este blog, a diferencia del otro, las letras no son negras del todo y usted…
m.j: …respondería que mejor porque así no lo vemos todo tan negro.
M.J:
m.j: ¿…?
M.J: es que ya he cumplido con esa fase pendiente del guión, a no ser que me haya dejado alguna línea.
m.j: si falta alguna línea no me acuerdo, pero la idea principal era su abandono.
M.J: ausencia, más bien. Abandonar no porque he estado leyendo en silencio ¿Puedo argumentar la razón de mi ausencia?
m.j: ¿ha traído justificante de casa?.
M.J: no, pero tengo un motivo que no requiere de justificante de casa. Reconozca que desde que empezó a visitar a su psicoanalista pasé a no ser necesario.
m.j: umm. ¿celos acaso?
M.J: no, no, sólo constato la evidencia.
m.j: mire, algo tiene de razón, para qué negarlo. Pero le confesaré, a sabiendas de que mi psicoanalista suele echar un ojo a esto, que este hombre no me da el juego que me daba usted.
M.J: ¿lo debo tomar como un elogio?
m.j: …y además usted me sale gratis.
M.J: pasaré por alto esa última parte de la frase. Pero es cierto que usted me llamaba cuando necesitaba un espejo de sí mismo o tenía dificultades para expresar algunas ideas que tenía que sacar fuera.
m.j: ehm… ¿no olvida que también para jugar un rato?
M.J: pero para usted el juego es el disfraz de las cosas serias.
m.j: y de las otras. El juego siempre es una mezcla.
M.J: mezcla desconcertante, si me permite la puntualización. Uno nunca sabe con usted dónde empieza el juego o, para ser más exactos, qué verdad se esconde tras la apariencia del juego.
m.j: ¿le apetece jugar?
M.J: me apetece preguntar, que para eso estoy aquí.
m.j: entonces usted pregunte y ya juego yo.
M.J: ¡eh, no vale! Si pregunto es porque quiero respuestas ciertas.
m.j: no creo haber dicho que no lo vayan a ser.
M.J: ¿por qué terminó este blog?
m.j: ¿porque ya no era lo mismo?
M.J: usted sabrá. Si le quita las interrogaciones a la respuesta y es más categórico quizá podríamos empezar a indagar.
m.j: vale, pues porque ya no era lo mismo.
M.J: tengo una teoría al respecto.
m.j: ¿ah, sí?
M.J: sí, verá. Leí su último post y creo que hay algo equivocado en él.
m.j: ¿ah, sí? (disculpe si copio y pego la respuesta anterior)
M.J: me explicaré. Habla usted sobre la pérdida del Norte personal… Y yo creo que ya se encontraba así cuando decidió abrir este blog.
m.j: (umm)
M.J: abrió este blog cuando percibió que se encontraba a la deriva. Y entonces tomó una determinación peterpanesca.
m.j: ¿salir volando por la ventana?
M.J: no, pero hizo lo que suele hacer en estos casos: buscar algo estimulante, lo que usted llama jugar, que nunca tiene una acepción peyorativa, sino vital. Para usted, jugar es crear, por ejemplo. Y el blog se le presentó ante las narices como una aventura, ya sabe, lanzar mensajes al inmenso e incierto ciberespacio, hacerlo adoptando numerosos registros, jugando a crear al mismo tiempo que se miraba en el espejo de las palabras y se reconocía en él y con la emoción añadida de pensar que, quizá, algún día alguien estaría al otro lado recibiendo uno de esos mensajes en una botella…
m.j: madre mía, acaba de pronunciar su párrafo más largo.
M.J: pues aún no he terminado. Le decía que tengo una teoría y la teoría dice que hubo un momento en que usted descubrió que el juego, simplemente, ya no era juego.
m.j: parece simple.
M.J: pero no lo es, al contrario: el juego dejó de ser una aventura estimulante para convertirse en algo serio.
m.j: ¿está sugiriendo que yo no soy serio?
M.J: No, estoy sugiriendo que necesita de un canal, sea la ironía, sea un estímulo creativo, sea lo que sea que yo denomino “juego” para ser serio. Pero cuando ese canal se agota usted mismo se agota.
m.j: (mi psicoanalista no habla tanto).
M.J: (es que no le da opción tampoco; usted habla mucho)
m.j: (hombre, es que si se queda tan callado mirándome tan fijamente…)
M.J: en resumen, estamos aquí porque después de un mes usted echa de menos esto.
m.j: pues mire, no.
M.J: ¿no?
m.j: no, siento decepcionarle. Vuelvo aquí precisamente porque no he echado de menos este lugar y reconozco que eso me preocupa un poco, aunque no sé bien por qué. Aclaro: echo de menos este lugar, lo que no he echado de menos es escribir de nuevo.
M.J: esto se sale de mi teoría…
m.j: no pretenda ser más listo que el psicoanalista…
M.J: es que… me reconocerá que no ha sido por falta de motivos para escribir porque precisamente en este mes mire que le han pasado cosas que son, todas ellas, carne de blog.
m.j: ahí le doy toda la razón. Y sin embargo, ni se me ha pasado por la cabeza ponerme a la tecla.
M.J: ¿le agobiaron los comentarios de despedida?
m.j: no, no; me abrumaron, que es distinto. Recuerdo que empezaron a llegar al móvil al punto de la mañana cuando estaba en el tren, ya sabe que el blog me envía una copia de cada comentario por correo electrónico.
M.J: qué detalle…
m.j: ya ve… y cuando empezaron a llegar casi me sentí culpable, como si hubiera hecho algo malo a alguien.
M.J: la culpa.
m.j: no lo diga con ese tono freudiano que ni usted ni yo hemos hecho la Selectividad…
M.J: pero siempre le afecta mucho el sentimiento de culpa, aunque no tenga culpa. ¿Por qué?
m.j: eso mismo dice mi psicoanalista.
M.J: ¿dice que siempre le afecta mucho el sentimiento de culpa, aunque no tenga culpa?
m.j: no. Bueno, sí, eso lo dijo antes. Lo que dice es ¿por qué?
M.J: ¿su psicoanalista le pregunta a usted que por qué tiene ese sentimiento de culpa??
m.j: sí, aunque parezca extraño, me lo pregunta a mí. Pero yo no sé responderle porque estoy al otro lado de la mesa donde se supone que uno busca respuestas…
M.J: (curioso…)
m.j: Reconduciento el asunto (tal y como le gusta a usted) le diré que el blog… pues sí, empezó a consumir demasiados recursos, demasiadas energías. Y eso ya no es tan divertido, aunque haya sido un blog que contiene cosas muy serias. Todo es una paradoja. Lo divertido y lo serio, la importancia personal y el cariño que para mí sigue inspirándome este lugar y el vacío anestesiado que queda tras la decisión de que hay muchas horas por emplear sin tener que teclear. Y luego la sensación de que todo estaba dicho mil veces (vale, sí, luego han pasado cosas nuevas pero qué se yo). Y ya puestos, soy un ser peterpanesco, es verdad. Soy como ese personaje de la novela de Nick Hornby
M.J: …¿cuál de ellas?.
m.j: pues, modestia aparte, “Un gran chico”.
M.J: ja!
m.j: ja no, que se titula así. El personaje dice en una página a la izquierda que cada vez que intenta afrontar el paso hacia un proyecto de vida adulta siempre al final se queda en eso, en un intento. Y pensé que sería bueno concentrar todas las energías en intentar vencer ese obstáculo antes de llegar a los 40, cosa que sucederá en pocos meses…
M.J: hombre, pues ya que hemos llegado hasta aquí, qué más dará unos meses antes que unos meses después de los 40…
m.j: pues da y mucho. Es como la barrera psicológica del Ibex, que no sé cuál es pero que, como las meigas, existe.
M.J: ¿y cree que se puede volver a sentir apetencia de un juego por el que se ha perdido el apetito?.
m.j: Maybe.
M.J: ¿Maybe? Oh, por cierto, qué tal Lindsay?
m.j: muy bien, con alergia la pobre, pero bien.
M.J: dele recuerdos.
m.j: sure.
M.J: intente reconquistar el juego, búsquele de nuevo la chispa.
m.j: permítame que me muestre escéptico aunque enormemente agradecido por la experiencia que ha supuesto esto y por la respuesta de la gente que poco a poco fue llegando hasta estas latitudes.
M.J: bueno, al menos piense en ello.
m.j: lo haré, ahora voy a tener más tiempo con el final del curso, la verdad es que hasta ahora no he tenido tiempo ni para mí, ha sido una época muy complicada.
M.J: de acuerdo entonces, descanse y piense en ello. ¿Algo que añadir?
m.j: ponga puntos suspensivos.

Epílogo 10 May, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 45 comentarios

Este es el último post de “La Idea del Norte”. O posiblemente lo sea. No lo sé realmente. Sólo sé que escribo al dictado del corazón y no movido por un impulso o un arrebato. Eso lo sé con claridad. Más allá de eso, ahora no encuentro luz y, como tal, así lo expreso, como he hecho siempre, con sinceridad.

Los que me rodean se preguntarán qué ha podido ocurrir, si es que ha ocurrido algo. No ha ocurrido nada desencadenante. En todo caso, viene ocurriendo todo poco a poco desde hace mucho tiempo, desde el instante en que se rompió mi infancia convirtiéndose en una infancia deshabitada en la que me sigo reconociendo con cierto desamparo. Un día te descubres como el caminante de Schubert en el viaje de invierno, vencido por el cansancio y perdido en el sendero en el que la nieve ha borrado todo rastro de huellas. Sé que tengo que encontrar el camino, pero no sé siquiera si es un camino de vuelta o de ida. Quiero vivir, por supuesto, es lo que más deseo, pero la verdad es que no sé cómo hacerlo. Después de tantos años, la enfermedad ya no está en los huesos, ni en las articulaciones, ni en este sistema inmunológico que un día lejano tuvo un cortocircuito. La enfermedad está ahora en el vacío. En el vacío hay una ausencia de dolor especialmente dolorosa. Sé que volverá la luz a los días pero también sé que la luz, por sí sola, no cicatriza estas heridas. Hay que emplearse en ellas, emplear las fuerzas y el tiempo necesario.

Este afán de voluntad es lo único que ahora me da un poco de sosiego y deja abierta la puerta a una posibilidad que me gustaría concretar en una última frase huérfana del punto final, por si un día necesito volver aquí, a este lugar de palabras que soy yo, y reencontrarme

Paternidad 8 May, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Toni, nuestro toni, porque este blog no sería el mismo sin la voz tempranera de toni, puntual desde la ventana de los comentarios, ha sido papá esta mañana. Nos lo ha dicho en un sms a las 12:38 de la mañana:

el corazoncito de lluis ha decidido que era el momento de salir, así que aquí está, latiendo alegre y tranquilo. 2´640 kg y una sonrisa de oreja a oreja”

Así que ya somos tíos. Al menos, nos sentimos así. También sentimos una emoción grande y así lo hemos transmitido a los felices papás. Curiosamente, casi a la misma hora y con motivo de otro alumbramiento arati tecleaba en Twitter esta frase de Hannah Arendt: “Con cada nuevo nacimiento nace en el mundo una nueva promesa, y un nuevo mundo entra en el reino del Ser”.

Señalamos este día con una marca azul mediterráneo.

Deshielo 6 May, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 4 comentarios

Queda la duda de saber si las huellas que un día dejamos impresas en la nieve terminarán por deshacerse en el zumo multicolor de la primavera o si permanecerán en la memoria de otros inviernos.

Requiem 5 May, 2009

Escrito por emejota en : Música , 3 comentarios

Requiem alemánTras el fallecimiento de Robert Schumann, en el verano de 1856, Johannes Brahms esbozó unos compases sobre el versículo de Mateo “Bienaventurados los que padecen pues ellos serán consolados”. Uno piensa en el trágico deterioro que sufrió Schumann a raíz de su enfermedad mental y en la inquebrantable firmeza de Brahms, fiel amigo hasta el último instante, y este versículo tallado en música (y qué música) cobra todo sentido y sentimiento y nos deja sobrecogidos. Años después, otro fallecimiento, esta vez el de la madre de Brahms, le llevará a retomar y culminar la composición de “Un Requiem Alemán”, obra imponente, sobria, podríamos utilizar el adjetivo “brahmsiana” y no sería una mera redundancia sino un ejercicio de economía, porque Brahms, todo lo que Brahms buscaba y encontraba en música, está ahí. O aquí, porque tengo reciente su revisión.

La composición consta de 7 movimientos que van tornando la gravedad y el dramatismo inicial predominante en serenidad y cuyos textos reflexionan sobre la muerte y se abren a la creencia consoladora y reconfortante de la resurrección. No es una misa de difuntos puesta en música. Ni siquiera es propiamente música religiosa. Es una obra de concierto de resonancias espirituales o una sinfonía vocal, como antes lo fue por unos instantes la novena de Beethoven y como después, y de qué manera, la octava de Mahler. Pero aquí hay un ay que surge de un atractivo entramado sonoro donde la pincelada épica, el susurro intimista, la característica melodía brahmsiana de amplios y líricos vuelos y las ocasionales reminiscencias arcaicas dan forma a una obra profunda y conmovedora.

Bajo la batuta de Herbert von Karajan, forjador de un sonido orquestal y coral muy particular, la obra encuentra especial acomodo. Y lo mismo se puede decir de él, que se encuentra muy cómodo recorriendo los pasillos de cada una de las estancias que componen este Requiem Alemán. Es fascinante lo de este hombre subido al podio en el Olimpo de ese dios único que es él mismo, primero para sí mismo, luego para los demás. Es fascinante porque es plenamente consciente de la capacidad de fascinación en los otros y se entrega a la labor de una manera asombrosa. No se puede decir que Karajan ponga la música a su servicio sin antes advertir que, previamente a que la cámara se ponga a grabar o que los asistentes a un concierto se sienten en sus butacas, ha sido él quien lo ha hecho. Momentáneamente. Es después cuando pasa a su servicio, tras haberle dado forma indefectiblemente hermosa y ponerle su sello de perfección y apasionamiento, arrebatado y contenido a un tiempo, marca de la casa.

Karajan es ante sus músicos en el ensayo lo que Chaplin en la pantalla tras la cámara: el hombre menudo de movimientos rápidos que todo lo controla y lo manipula. En las numerosas filmaciones que van saliendo de los archivos de Deutsche Grammophon leemos su nombre en los títulos de crédito hasta tres veces, las tres con rango de director aunque puntualizando tareas: director musical, director artístico y director sin más (director sin más puede que sea realizador y, de paso, una forma de reconocerse único director en todos los sentidos).

Cada plano, cada ángulo, cada inserto trucado, la estética en la disposición orquestal y, sobre todo, su propio gesto estudiado al milímetro, de una teatralidad épica, provoca una atracción poderosa. Tal es la pasión y la veracidad con la que Karajan interpreta el papel que se escribió a sí mismo, luego de rendir tributo a la música y, de paso, dejarnos en herencia semejantes regalos, como este Requiem Alemán de Brahms filmado en directo con público (cosa no muy habitual cuando de dejar un documento a la posteridad se trataba) en 1978. Karajan dirige principalmente a los Wiener Singverein, con Gundula Janowitz y José Van Dam como solistas de excepción, mientras que su Filarmónica de Berlín parece estar un poco a un lado de su atención: su boca musita la integridad del texto, sus manos mueven los dedos y se alzan por encima de los hombros al tiempo que los brazos se extienden hacia la masa coral, porque allí está el corazón palpitante de esta obra excepcional, cántico espiritual de Brahms.

Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

Preposiciones 5 May, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 3 comentarios

Estoy un poco preocupado ante (y antes),
con,
desde (ya lo he dicho en el otro paréntesis),
por,
según (se mire),
sin (motivo, espero),
y sobre (todo).

El resto de las preposiciones se preocupa de otros asuntos (parece).

Escuchar 4 May, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Al volver a la actividad normal , me doy cuenta de que si he hecho algo en este puente ha sido escuchar, la música, las cuitas y las confidencias

Empecé escuchando a Esther tocar una conmovedora cuarta Balada de Chopin cuyo comienzo decía: he aquí a una pianista con alma, sí señor. Fue una sorpresa muy agradable porque llevo varios años trabajando con Esther pero nunca le había escuchado tocar y la otra tarde, en su casa, donde nos había reunido para cenar con Amaia y Edu, accedió a tocar como ensayo de esa oposición que andamos preparando, creo que hago bien al incluirme, andamos preparando, porque aunque yo no me presento colaboro en la preparación de una pequeña parte. Cuanto toca, Esther adopta una postura introspectiva, se envuelve en sí misma; es curioso cómo el lenguaje corporal y gestual se complementa con la forma de interpretar y con el mismo sonido.

Las cuitas fueron los días siguientes. Una en vivo y otra, cosa curiosa e inesperada, on-line. Lo primero es mejor porque al mismo tiempo que escuchas las palabras escuchas también lo que dice la mirada y el silencio entre las frases. Y el tono, claro. Lo segundo está más acorde con los tiempos, por el canal de comunicación en el que se produce y por el tipo de penas, ahora que lo pienso. Es más difícil escuchar ahí porque te falta la información complementaria de los tonos y lo demás. Requiere mayor esfuerzo.

Para procesar lo escuchado y recuperar un poco la escucha de mí mismo, terminé como empecé el puente: escuchando música. Escuché, y ví, a Kathleen Battle cantando un emocionante Agnus Dei de la Misa de la Coronación de Mozart bajo la atenta mirada y la quironimia de un Karajan en los últimos compases de su existencia. Vibrante y conmovedora interpretación recupereda en dvd. Hoy no creo que me toque escuchar, porque ya no es puente y todo el mundo vuelve a lo suyo; a mí me toca examen. A la vejez, examen, qué cosas. Lindsay prefirió llamarlo “little quiz”, obsérvese el doble atenuante, por lo de little y lo de quiz, pero en realidad es la articulación de una treintena de usos del Get, que da mucho de sí. Me lo busco yo por pedir caña, pero ha sido curioso eso de buscar ratos para get esto, get lo otro, mientras escuchaba y pensaba en lo escuchado.

Pereza 3 May, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Umm, no es correcto el título del post. No es pereza de escribir, es que se me ha hecho tardísimo. En unas horas retomo el cuaderno; ahora a descansar que mañana (luego) hay cole.

Haiku 1 May, 2009

Escrito por emejota en : Varios , 6 comentarios

Los gansos salvajes
se comieron las hojas tiernas de mi cebada.
Pero míralos partir.”

(Yasui)

Directo 30 April, 2009

Escrito por emejota en : Música, Varios , 7 comentarios

Corey VidalEs Corey Vidal, a quien estoy viendo jugar en directo con su nuevo artilugio electrónico (no es una pajita para beber un mega refresco, sino un distorsionador de voz) mientras tecleo este post. Pulso las teclas del ordenador mientras él pulsa las del piano digital. Se ha levantado a las 7:30 de la tarde, ha enviado un mail avisando que empezaba una de sus emisiones desde su apartamento de Canadá (“tenía una casita pequeñita en Canadáaa, la la la”). Ejem. Bien, dónde estaba. Sí, en lo del aviso por mail. Ha conectado su cámara y se ha hecho un desayuno nocturno batiendo en uno de esos aparatos de teletienda un plátano, varias fresas, leche, y helado de vainilla.

(Un inciso: me produce una cierta desazón comprobar cómo allí (quien dice allí es Norteamérica y Canadá) hay una estética culinaria que prima sobre cualquier otra cosa de tal manera que el plátano no tenía una sola sombra ni siquiera en la piel, su contenido parecía diseñado a conciencia y las fresas tenían todas el mismo tamaño y ni pizca de gradación en su color). Cómo sabrá eso, me pregunto. Fin del inciso)

Tras el desayuno, y dada la hora, ha decidido cenar de postre. Pero ha querido hacerlo de manera práctica. Así, aprovechando el mismo recipiente donde la máquina de la teletienda había convertido en batido los ingredientes anteriores, ha procedido a colocar en su interior unas salchichas troceadas, ketchup y mostaza. Cuando le he visto las intenciones y antes de sentir un no se qué en el estómago he desconectado por unos segundos la señal de vídeo. Si él quiere revolver todo eso para hacer un zumo de salchicha a mí que no me revuelva el estómago.

En la tarjeta de visita de Vidal pone bailarín-cantante-actor. Lo ponía antes de hacerse mundialmente conocido, exactamente 4.646.571 de veces conocido (en el momento de redactar este párrafo) con su genial vídeo “Star Wars, un tributo a capella a John Williams a 4 voces”. Genial, asombroso y apabullante en su realización, su interpretación, en la hábil combinación de temas de Williams (en los tiempos clásicos eso sería un Quodlibet; en los tiempos de las cintas de cassette en las gasolineras sería un Popourrí), la armonización y, ojo al dato, en su capacidad para contar cantando una síntesis de la saga galáctica casi a la velocidad de la luz: 4 minutos y 10 segundos. Mira:

YouTube Preview Image

Lo que decía, asombroso. Un talentazo.

Lo que no sabía Vidal es que su vida no sólo iba a verse transformada por estos cuatro minutos diez sino que la pataleta del gigante Warner exigiendo la retirada del vídeo a YouTube por la infracción de los respectivos copyrights iba a marcar un antes y un después en el quién manda aquí a partir de ahora, y si lo quieres entender bien y si no, también. Qué poca sensibilidad la de estos señores ejecutivos ante un sentido homenaje a Williams. Es que lo irritante ya no es que no aprecien el talentazo de Vidal sino que le chafen la ilusión por homenajear al maestro y, de paso, a la saga que marcó nuestras alucinadas infancias de espadas de luz y halcones milenarios.

En fin.

Lo que sucedió es que YouTube acató la orden, Vidal se fue a hacer unos batidos de algo muy cabizbajo y Warner se fue a celebrarlo a un restaurante de esos en el que los tiburones de despacho afilan los colmillos con menús de cinco limas sin sospechar que había prendido la mecha de la dinamita. En cuestión de minutos, decenas de miles de usuarios de todo el mundo clonaron y distribuyeron masivamente el vídeo de Vidal dejando en evidencia lo evidente: que el viejo modelo de las discográficas ya no sirve, murió sin que sus vísceras se den por enteradas y se atrincheren en el formol confiando en una resurrección que nunca vendrá. Renovarse o morir. Pues aún se dejarán morir del todo antes de renovarse, seguro, porque siempre han hecho lo que les ha dado la gana menos una cosa: discurrir más allá de un slogan para la canción del verano o no pensar en un horizonte de futuro de más allá de la lista de éxitos de la semana.

La saga, digo, el culebrón, terminó devolviendo la genialidad de Vidal a la red y certificando el enorme poder de esa astronómica masa de personas que le apoyaron espontáneamente y que entendieron que el tributo de Vidal a Williams era eso: un tributo y además una gozada. Y creo que digo bien: certificando su poder porque el poder ya estaba en ellos. Por si fuera poco, el vídeo de la discordia consiguió un espaldarazo definitivo al ser nominado en la pasada edición de los CBS Peoples Choice Awards. Un vídeo de un ciudadano anónimo colgado en YouTube en la alfombra roja de los grandes. Toma ya.

Corey Vidal hizo el anuncio del retorno del vídeo (que no del Jedi) desde la norteña y gélida casa de sus padres donde había ido a refugiarse de la tormenta de querellas, abogados y amenzas que le desbordó. Ese vídeo es muy interesante por varios motivos: el primero porque muestra que Vidal le gusta a la cámara. La cámara ve en él un caballero Jedi, digámoslo así, y la Fuerza le acompaña. Mira:

YouTube Preview Image

El segundo motivo es que, para entonces, Vidal ya había hecho de aquello un prometedor negocio que empezó en las camisetas y siguió en conversaciones sobre posibles contratos para hacer algo en la tele sobre lo sucedido. Es decir, de alguna manera, Vidal se convertía así en otra industria que explotaba comercialmente el éxito de un producto que había nacido sin esas pretensiones. Pero a mi no me preocupa tanto esa posible contradicción como el hecho de que por un tiempo pareció volverse un poco pesadito y tontorrón. Por eso el echarle un ojo de vez en cuando, cuando son las 8 de la tarde allí y las 2 de la madrugada aquí y sigue hablando y cantando y ensayando mientras yo tecleo este post.

Aniversario 29 April, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios, Varios , 1 comentario

Para Adrián, un año después.

“…Creo que para su evasión aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres…”

Antoine de Saint-Exupéry, “El Principito”

Himno 28 April, 2009

Escrito por emejota en : Música , 4 comentarios

Y de pronto descubres esto:

Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

Y ya no te lo puedes quitar de la cabeza.

Empieza a ser raro encontrar música coral nueva que, además de acariciar los oídos, se moleste en trazar una cuidada conducción de las líneas melódicas que termina por acariciarte por entero. Hay obras, muchas, que consiguen lo primero pero cuando miras la partitura, que es la radiografía del cuerpo sonoro, haces un así con el gesto porque tienen algún esguince o rotura de ligamentos.

Tengo alma de contrapuntista, es cierto; veo lo horizontal antes que lo vertical, le doy una importancia esencial a la proyección de las líneas sonoras en la horizontalidad del papel, del espacio acústico y hasta las imagino así en el pensamiento. Busco eso siempre que eso esté subordinado al interés musical, claro; no se trata de hacer música escolástica que cumpla con los rigores de a saber qué matemática que, al final, da como resultado un silencio sin decimales. Hay quien hace un crucigrama perfecto con un enjambre de líneas y se cree contrapuntista y, por extensión, músico sabio, cuando en realidad lo que hace es un virtuoso ejercicio de ganchillo con las líneas contando los puntos en bisbiseo, como hacía la abuela. Yo me conformo con ser músico contrapuntista aunque sea sin la peluca de la sapiencia.

Si el contrapunto se sirve de la música como pretexto para hacer matemáticas, mala cosa. El contrapunto es otra cosa. Pero aún hay algo peor: el músico que acaricia el oído despreocupándose de la caligrafía que tanto tiene que decir en el poema musical. Después de un tiempo viendo partituras llenas de la palabra alma escrita con hache o con algún que otro cruce de cables melódico donde tropieza el fluir individual del conjunto, es una gozada encontrarse con lo de arriba, y reencontrárselo cada vez que le das al play.

De justicia es señalar que es una miniatura de Erhard Mauersberger (1903-1982), que fue niño cantor en el Coro de Santo Tomás de Leipzig, el coro que dirigió Bach, luego fue organista en la iglesia donde Bach fue bautizado y ya, de mayor, volvió a Santo Tomás para ser Kantor y dirigir al coro, como lo hizo Bach al final de sus días. La de Mauersberger fue una existencia a la estela de la de Bach. Cuando se jubiló, en 1971, no se resignó a dar paseos por el parque dando de comer migas a las palomas sino que lo hizo al mismo tiempo que se dedicó a componer unos motetes para el coro. Cuál? Pues cuál va a ser, el de toda la vida, el de toda su vida, el de Santo Tomás. Es el mismo coro y desde la misma iglesia donde escuchamos este precioso himno para los oídos y para la vista y desde ahí se bifurca hasta el último rincón del espíritu.

Chocolatina 28 April, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 2 comentarios

Le he llevado a Lindsay una chocolatina.

Sí.

Pero tiene una explicación.

Hay chocolatinas y chocolatinas y luego está Bounty, el último (y casual) descubrimiento del paladar ahíto de su chute de azúcar. Iba escaso de azúcar un día cuando entré en la tienda de chucherías de la estación de autobuses y cogí una barra al azar y deprisa porque casi me quedo en tierra. Y una vez en el autobús abrí el envoltorio y había una barrita blanda recubierta de chocolate, ñam ñam; le hinqué el diente y me encontré con un manjar de coco dentro. Mucho coco. Todo coco. No soy muy de cocos yo pero es que lo que lleva dentro la Bounty (la chocolatina, no el barco del motín) es puro coco con un frescor como de islas paradisiacas. Casi alcanzo un orgasmo de azúcar en el autobús. Fue el ruído del motor el que evitó que se escucharan mis ummmm y mis ahhhh de placer indecible. Desde entonces no hay día que pase sin pasar por la tienda de chucherías de la estación de autobuses a por una Bounty que degusto muy a gusto en secreto.

El otro día salió en un diálogo de la clase algo acerca de dulces y chocolatinas. Hay alguna chocolatina en especial que te guste?, preguntó Lindsay. Y me lo puso en bandeja. Ella esperaba una descripción de la chocolatina que pusiera a prueba mi inglés pero la descripción se basó en onomatopeyas, miradas en blanco y las manos en gesto de contener el babeo de la boca. Se rió. Sobre todo cuando le dije que en el autobús había un tipo serio que de pronto abría el maletín de los documentos y el portátil y en vez de un dossier de algo extraía, para desconcierto de la mirada del viajero de al lado, una Bounty y hacía ñam ñam.

El tipo era y soy yo los lunes y los miércoles.

Dijo Lindsay que se le estaba despertando la curiosidad aunque ella no es muy de coco. Yo le dije que tampoco era, en pasado, past, porque ahora soy todo coco (y no precisamente intelectual). Oh, exclamó ella aunque, como sabemos, hay que escucharlo Ou. Yes, yes, insistí yo.

Y por eso le he llevado una Bounty. Igual igual (again) que cuando Kevin Arnold le llevaba una flor a Miss White, la dulce profesora de lengua que sonreía al tiempo que ladeaba la cabeza suavemente. Lo hizo hasta el capítulo 68. Luego lo seguiría haciendo, seguro, pero nosotros ya no lo vimos.

Pero eso (lo de la Bounty) ha sido después. Antes he tenido una cita con mi psicoanalista. Ambos nos teníamos un poco olvidados y eso es buena señal. O no. Porque creo que nos tenemos mutuo afecto, aunque hoy le he dicho que me impone un poco. Él: yo? y Yo: sí, yo diría que sí, pero tiene su punto eso.

También ha tenido su punto que haya venido a coincidir esta cita con la crisis de ansiedad del pasado sábado. Si no, la consulta habría sido como la visita a un conocido, qué tal, bien, tirando, tú, pues estresado, pero es que también vosotros os estresáis?, pues claro, hombre.

Habría sido una conversación así pero pasando por caja. Al menos hoy había motivo para invertir, otra cosa es que sacáramos algo en claro.

-Por la razón que sea, hay gente que ve en tí algo parecido a un terapeuta.

-¿En serio?

-Sí -y se ha atusado el bigote mirándome fijamente (tiene bigote? ah si, tiene barba y bigote pero de pocos días, recortada)

- …

- …

-Sí, y creo que hay gente que encuentra en tí afecto, aunque apenas te conozca.

-Vaya.

-…

-…

-¿Por qué crees que se da eso?

Si me lo hubiera preguntado un par de horas después habría dicho: ¿Porque saco del maletín una Bounty de regalo mientras digo tacháaaan? Pero todavía no se me había ocurrido lo de la Bounty y, además, uno no cambia afectos por chocolatinas. En todo caso, uno tiene un detalle simpático con alguien a quien tiene en estima.

El psicoanalista ha dicho que habrá que pensar en ello. Bien. Pero mientras tanto, él piensa que es bueno que pasen crisis como la del sábado, a pesar del mal rato. ¿Y eso? Porque descargan la atmósfera emocional. Lo que habrá que encontrar es la razón de la carga emocional.

-O sea, la X.

-La X, sí.

-Ahm. Interesante entonces.

Dos horas después, Lindsay degustaba una barrita de Bounty mientras yo le leía en voz alta “El fantasma de Canterville” de Oscar Wilde. Me corregía algunas palabras (de eso se trataba) al mismo tiempo que el pobre fantasma agitaba inútilmente sus cadenas oxidadas, y me hacía continuar diciendo a little more, a little more, interesada como estaba en ese cuento ácido y divertido que no conocía. El miércoles, el desenlace.

Mail 27 April, 2009

Escrito por emejota en : Asuntos propios , 6 comentarios

Hasta ahora, este blog se había hecho eco de que mi amigo Pello tiene unos horarios monacales. Desde mucho tiempo antes, este blog sabe que mis horarios son otros, y que ambos tenemos un concepto algo distinto acerca de lo que se considera “primera hora de la mañana”.

Lo que el blog todavía no sabía es que Pello tiene un ordenador que envía los mails a tamaño de letra gigantesco, cosa que me divierte mucho, porque es como si las palabras te llegaran en voz alta sin que él se de cuenta y siga hablando con el tono moderado y cordial que le caracteriza. Esto es lo que leí la otra mañana todavía con la legaña puesta:

Pero, efectivamente, Pello cayó en la cuenta in extremis de que a ciertas horas de la mañana (o debería decir madrugada), los noctámbulos todavía no funcionamos en el mundo, y se puso a esperar pacientemente…

…para comunicarme una buena noticia sobre un proyecto profesional que me sorprendió un poco primero y me alegró un mucho después. Habrá tiempo de hablar de ello.